Resumen: El secretario de Seguridad de Medellín, Manuel Villa, anunció que la Policía ya puede cerrar establecimientos por ruido sin necesidad de usar sonómetros.
El exceso de decibeles en la capital antioqueña ha dejado de ser un simple problema de convivencia para convertirse en una prioridad de orden público.
Manuel Villa Mejía, secretario de Seguridad y Convivencia de Medellín, lanzó una fuerte advertencia contra la inconsciencia del vecino y de los comerciantes que afectan la tranquilidad de la ciudadanía.
Según el funcionario, el ruido es hoy uno de los motivos principales por los que los paisas marcan a la línea 123, saturando en ocasiones la capacidad de respuesta de las autoridades. Por ello, la alcaldía ha decidido simplificar los procesos para sancionar a quienes creen que «viven solos en este mundo» y no respetan el descanso de adultos mayores y niños.
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Uno de los cambios más drásticos en la operatividad tiene que ver con la eliminación de barreras técnicas que antes impedían actuar con rapidez.
Villa Mejía explicó que, anteriormente, la Policía dependía de un sonómetro y de mediciones que tardaban hasta 40 minutos para poder proceder con un cierre. Hoy, gracias a las nuevas facultades de la ley del ruido, los uniformados tienen mayor autonomía.
«Ya no; ya hay más capacidades. Con las quejas y simplemente con un registro en el celular del policía se pueden hacer esos cerramientos», enfatizó el secretario, señalando que la inconsciencia del vecino ya no será protegida por la falta de equipos técnicos sofisticados en el momento del operativo.
A pesar de estos avances, el secretario reconoció que el pie de fuerza sigue siendo insuficiente para la magnitud del problema, por lo que la estrategia no es solo represiva sino también educativa.
Actualmente, un «Escuadrón contra el Ruido» compuesto por psicólogos, ingenieros de sonido y mediadores, recorre los puntos críticos de la ciudad basándose en el mapa de calor de las llamadas al 123.
Este equipo llega hasta las puertas de casas y locales para enseñar a insonorizar espacios y ubicar parlantes de forma técnica. No obstante, el mensaje de la administración es claro: si la sensibilización no funciona, la autoridad está lista para aplicar cierres inmediatos y devolverle el silencio a los barrios residenciales de Medellín.
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