Resumen: Colombia no está condenada al fracaso. Está llamada a levantarse. Y levantarse significa volver a creer: creer en el trabajo, en la familia, en la libertad y en un Estado que sirva en lugar de estorbar
Colombia no está condenada al fracaso. Está llamada a levantarse. Y levantarse significa volver a creer: creer en el trabajo, en la familia, en la libertad y en un Estado que sirva en lugar de estorbar.
Por eso hoy quiero hablarles con el corazón y con la tranquilidad de quien ha trabajado con resultados: votar por mí es votar por una mujer comprometida con Colombia, trabajadora, estudiosa y con las manos limpias.
He dedicado mi vida al servicio público y he recorrido este país escuchando a la gente. En el Congreso he defendido principios con firmeza, pero también he demostrado que sé construir consensos cuando se trata de sacar adelante lo que Colombia necesita. No creo en la política del grito ni del odio; creo en la política que resuelve problemas y construye futuro. Soy firme en mis convicciones y jamás negocio mis principios. Pero también tengo el corazón grande para ayudar a quien lo necesita. Por eso hoy quiero proponerle al país un camino claro.
El primer compromiso es que los colombianos vuelvan a sentir que el esfuerzo vale la pena. El que trabaja no puede ser tratado como sospechoso. Vamos a quitarle el pie de encima a los emprendedores y a devolverle la dignidad al que produce.
Por eso vamos a reducir drásticamente los impuestos para quienes producen, vamos a darle más oportunidades a los trabajadores y crédito popular para los emprendedores, los tenderos, los campesinos y los pequeños empresarios que hoy se ven obligados a recurrir al gota a gota. Queremos que millones de colombianos puedan formalizarse sin miedo, sin trámites imposibles y sin cargas que los ahoguen.
Vamos a reactivar la inversión privada, porque sin inversión no hay empleo, y sin empleo no hay progreso. El campo colombiano también debe ser protagonista: con crédito barato, transformación productiva y alianzas entre pequeños y grandes productores, podemos convertirlo en una verdadera potencia de oportunidades.
El miedo no puede gobernar a los colombianos. La ley no puede ser opcional. Sabemos que sin seguridad no hay libertad ni desarrollo. Pero hoy, con la mal llamada “Paz Total”, millones de colombianos sienten que el país se volvió más inseguro, por eso traeremos la “seguridad total”. Vamos a recuperar la autoridad del Estado golpeando las finanzas del crimen, fortaleciendo nuestras Fuerzas Militares y de Policía con tecnología e inteligencia, y llevando seguridad a cada barrio, cada municipio y cada región del país. Al mismo tiempo vamos a trabajar con las comunidades para generar alternativas productivas reales que permitan reemplazar economías ilegales por oportunidades dignas. Y una regla será clara: en Colombia se respeta la ley. Los criminales y los corruptos deben responder ante la justicia. Nuestro objetivo es sencillo y profundo: que los colombianos vuelvan a vivir sin miedo.
La salud no puede depender de la suerte ni de una fila interminable. Vamos a devolverle humanidad al sistema. Vamos a ordenar las finanzas del sistema, resolver la deuda que hoy lo tiene en crisis y garantizar que la atención vuelva a centrarse en el paciente. Necesitamos más médicos, más hospitales funcionando, más medicamentos disponibles y menos trámites interminables. Los médicos y enfermeras deben recibir ingresos justos y pagos a tiempo, porque ellos son el corazón del sistema. Y vamos a impulsar hospitales padrinos que acompañen con tecnología, especialistas y conocimiento a los hospitales de las regiones más apartadas del país. La salud debe ser un servicio digno, con libertad para que los colombianos puedan elegir su asegurador y recibir una atención oportuna.
Colombia no solo necesita orden y crecimiento. Necesita un corazón grande. Que los jóvenes tengan oportunidades reales de estudiar, emprender y construir su futuro. Donde la educación de calidad llegue a todos, especialmente a los más pobres, con deporte, cultura y atención integral desde la primera infancia. Donde los adultos mayores tengan protección, salud y compañía. Donde las madres cabeza de hogar reciban apoyo para sacar adelante a sus familias. Porque cuando fortalecemos a las familias, fortalecemos a Colombia.
Todo esto requiere también un Estado diferente. Un Estado que deje de crecer en burocracia y empiece a crecer en resultados. Un Estado austero, que cuide cada peso de los colombianos, que reduzca trámites, que facilite el desarrollo y que esté conectado con todas las regiones del país. Y, sobre todo, un Estado implacable contra la corrupción: los corruptos deben ir a la cárcel, porque en la cárcel dan buen ejemplo.
Colombianos:
Sé que atravesamos momentos difíciles, pero Colombia no necesita más excusas. Necesita carácter. No necesita improvisación. Necesita experiencia. No necesita discursos. Necesita resultados. Estoy lista para dar el siguiente paso.
Su lucha también es la mía. Este domingo les pido que me acompañen. Pidamos la consulta. Votemos una sola vez.
Votemos por el orden, la firmeza y el corazón.
Votemos por Paloma Valencia.
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