Entre las mejores sensaciones que albergo de los primeros años de mi travesía están, sin dudarlo, aquellos mano a mano de Dominguín y Ordoñez en el albero de Manizales. Para entonces los toros fueron toros de verdad, trapío y acometida huracanada y los toreros eran diestros artistas y valientes. No volví a las corridas, no porque esté en la moda anti taurina, sino porque el espectáculo decayó a extremos que no soporto comparar.Farc,
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