Percepción de peligro, real o supuesto; aversión natural al riesgo o amenaza; tomar decisiones pensando en el que dirán y en el resto de la sociedad sujetas a estereotipos; carecer de confianza, no pueden ser características de la mujer de hoy, de la mujer moderna.
Jóvenes, adultas, mayores, todas mujeres, sin distingo de color de piel, estrato socio-económico, orientación sexual, tenemos derechos, merecemos una vida digna, libre de cualquier tipo de violencias.
Hace ocho días atrás, las mujeres de Antioquia marcharon sin miedo, con autonomía y seguridad, inundando las calles de los barrios de cada uno de nuestros municipios, en conmemoración al día internacional de acción por la salud de la mujer.
Derechos sexuales, derechos reproductivos, derechos de ciudadanía, se hicieron presentes en esta jornada impulsada por la Secretaría de Equidad de Género del departamento. Derechos exigibles y defendibles, los cuales las mismas mujeres son quienes deben apropiarse de ellos en todo su potencial, considerando, además, que también el derecho a la educación, al trabajo y la vivienda son indispensables para que los derechos del cuerpo tomen forma concreta.
Tristemente tras el emblemático caso de Rosa Elvira Cely, resulta paradójico ver como no sólo en Antioquia, sino en el resto del país y el mundo se impulsan acciones primordialmente para reducir las violencias contra las mujeres y días después ocurre un hecho tan deplorable en la sociedad colombiana.
Un acto de barbarie, desproporcional al contexto social, histórico y político de nuestra actualidad, necesariamente hace que nos preguntemos si estamos inmersos en una sociedad enferma. Como el caso de Rosa Cely, podrán coexistir muchos, quizá no denunciados, mujeres nunca encontradas o simplemente no difundidos por los medios de comunicación.
Pero no hay que quedarse sólo en la tortura y en la violencia sexual, hay que ver como cientos de mujeres mueren o padecen a causa de la violencia intrafamiliar, incesto, maltrato en la relación de pareja, amenazas e insultos, acoso y coerción sexual, violencia psicológica, violencia económica, violencias propias de situaciones de conflicto y la propia pornografía.
Son loables las acciones afirmativas que se han desarrollado en el caso colombiano, suscribiendo convenios internacionales, adoptando leyes de la república en el desarrollo de políticas públicas, y demás, pero aún falta.
Falta compromiso de una ciudadanía envuelta en la paquidermia y la indiferencia, una sociedad que poco le afecta lo que suceda con el prójimo siempre y cuando no se tenga impacto directo, inmersa en la intolerancia y el conformismo.
Cuál es el verdadero sentido de las marchas? quienes son los que salen a las calles a acompañar agobiantes tragedias y manifestaciones de reproche?, comparado con la población es ínfima la participación societaria de este tipo de encuentros activistas en pro de la reivindicación, protesta, rechazo.
Colombia requiere una sociedad sin indiferencia y libre de violencias, que coadyuve en la construcción de una identidad e ideario de mujer sin miedo, autónoma y segura. elianagomez14@gmail.com
*Analista Política | Asesora en Juventud y Género
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