'Impacto Polìtico'

2019: un año para ganar en cultura ciudadana

Por: Beatriz Eugenia Campillo Vélez

Este año 2019 tendremos elecciones locales, esto significa que según el calendario fijado por la Registraduría Nacional del Estado Civil mediante resolución 14778 del 11 de octubre de 2018, el 27 de octubre del presente año estaremos eligiendo a nuestros alcaldes, gobernadores, concejales, diputados y ediles, quienes se posesionaran el 1 de enero del año 2020. En todo el país se elegirán 1.101 alcaldes y el mismo número de concejos municipales, 32 gobernadores y el mismo número de asambleas departamentales y más de 6 mil juntas administradoras locales.
Adicional a este dato es importante tener en cuenta que el Consejo Nacional Electoral mediante la resolución 3077 del 5 de diciembre de 2018 ha fijado la fecha del 26 de mayo del presente año para realizar consultas populares, internas o interpartidistas para la escogencia de los candidatos con miras a la elección antes mencionada. Los partidos o movimientos tienen hasta el 26 de febrero la posibilidad de decidir si hacen uso de este mecanismo y hasta el 26 de abril para retractarse.

Si lo han notado ya en las noticias y en general en las redes sociales se empieza a sentir la puja entre quienes aspiran. Algunos consultores ya vienen trabajando con algunos políticos y otros apenas van a comenzar su labor. Curiosamente nuestros políticos han aprendido que es bueno contar en su equipo con personas expertas y cada vez vemos mejor organizadas las campañas en Colombia. En otras palabras, la cultura de prepararse para ganar es algo que se ha ido interiorizando y que cada vez se tecnifica más: la imagen, la relación con los votantes, el discurso, la marca, las piezas de campaña, los nichos, el manejo de voluntarios, personal en general y por supuesto las necesidades comunitarias y las propuestas son materia de análisis por estos días. Ojalá que tanto asesores como asesorados tengan una preocupación profunda por los contenidos y por aportar verdaderas soluciones a las regiones, pues como es bien conocido uno de los problemas de ejercer el marketing político sin contenido es el riesgo de engañar al elector, hacerle comprar un producto cuyo contenido es falso o literalmente dañino -corrupto- (mutatis mutandis caer en una “publicidad engañosa”).

Valga aclarar que no me refiero a la diversidad de ideas, como tampoco a una responsabilidad de resultados (aunque si de medios), la democracia tiene que ser la fiesta del pluralismo por excelencia y es apenas lógico que la política no solo tiene diversos enfoques, sino que las realidades son cambiantes y complejas, las soluciones deben ser probadas bajo criterios de objetividad y buena fe; pero también sabemos que hay algunos que literalmente son expertos en demagogia y hay que estar atentos a esos que pintan pajaritos y prometen lo irrealizable.

A lo que voy es que es importante que rescatemos el sentido serio de la democracia como gobierno del pueblo, aquel componente racional que nos aleja de caer en la oclocracia (gobierno de la muchedumbre, de la masa, del que no piensa). Sé que en época de campañas lo emocional pesa más que lo racional, sé que el interés de un consultor es ayudar a ganar elecciones y que su producto de alguna forma es el candidato; pero si a eso le aunamos un sentido de responsabilidad social, es decir, pensar en los efectos más allá del “día D”, nos encontraremos trabajando por ese bien común. En resumen, desde la ética, ojalá que los consultores también estén pensando, asesorando y evaluando qué tipo de propuestas se le están ofreciendo a la ciudadanía antes de comprometerse a impulsar una campaña política y llevarla al poder, también ellos son responsables de saber a favor de quien ponen su trabajo y su conocimiento a disposición. Ojalá que tengamos opciones buenas, y en la medida de lo posible no tengamos que estar tomando decisiones pensando en “el mal menor”, como tristemente y con frecuencia nos ha ocurrido.

Pero es cierto que la responsabilidad no es solo de ellos. He titulado este texto “ganemos en cultura ciudadana” porque esa es la invitación que quiero hacer. Ya los políticos de acción han comprendido que necesitan asesores, pero ¿será que nos estamos olvidando de asesorar al protagonista de la democracia?, cada vez se hace más imperioso formar al ciudadano y esto tiene que ser trabajo de la academia, pero no de aquella fría que en materia de la ciencia política a veces peca al encerrarse en libros costos, revistas exclusivas y rankings. Aclaro, no es que esa actividad científica este mal, la verdad es muy necesaria, pero si la política tiene que ver con la polis, con el ciudadano y predicamos que la democracia es en medio de sus dificultades un buen sistema donde el pueblo es el soberano, pues hay que hacer todo lo posible por hacer accesible y asequible ese conocimiento para que el soberano este bien informado, tenga buenas herramientas que le ayuden a discernir y por supuesto tenga criterio para no dejarse engañar.

Es cierto que uno esperaría que esa labor en una democracia madura también fuera asumida tanto por los medios de comunicación en general como por los partidos y movimientos políticos, en su caso al menos frente a sus bases. Algunos lo han hecho, pero todavía de manera muy tímida.

Ahora, hay que aclarar que formar no es adoctrinar, no es decir vote por uno o por el otro, esa labor proselitista que es válida en ciertos ambientes es relativamente sencilla en comparación con lo que implica formar a alguien. Lastimosamente a nuestros partidos suele gustarles más los “comités de aplausos”, en muchas ocasiones las reuniones con la ciudadanía no pasan de ser un grito de arengas con poco sentido de la crítica y la construcción colectiva. Yo aquí quiero llamar la atención frente a otro ejercicio que nos obligue a ser mayores de edad, no por portar una cédula sino por pensar por nosotros mismos como diría Kant, con el ejemplo que voy a ofrecerle usted mismo verá que aquí en Colombia los mayores problemas son de cultura política. Empezando por que no son pocos los que no diferencian eso que acabo de separar: la actividad formativa de la actividad proselitista. Me atrevería a decir que incluso algunos lugares académicos sienten temor de hacer lo primero, e incluso abandonan su misión, por creer que caerán necesariamente en lo segundo, cosa que no es cierta y que puede mantenerse distanciada si se maneja con rigor.

Para que me comprenda mejor amable lector, le dejo unas preguntas sueltas, autoevalúese y si no sabe algo o no lo recuerda, no se sienta mal. Ah y si las sabe tampoco haga sentir mal a otros que no la sepan, el conocimiento debe servir para ser compartido y animarnos mutuamente a aprender, no debe convertirse en dardos que nos lanzamos con el ánimo de herir. Y no olvide que “la ignorancia no es carencia sino llenura”, es peor creer que nos las sabemos todas, como diría mi madre “uno no sabe cuándo la ignorancia se va a hacer presente”, hay gente experta en unos temas y en otros no lo son, aunque parezcan simples. Ahora bien, una vez reconocida la ignorancia trate de no quedarse con ella, solo por curiosidad busque las respuestas y aprovechemos estos meses para aprender juntos con quienes están en nuestro entorno, esa es la mejor forma de fortalecer la democracia. Como en el colegio, no se le olvide que no hay preguntas bobas, sino bobos que no preguntan… y recuerde que este no es un tema más, es que aquí lo que decidamos nos afecta a todos y a usted como ciudadano le están consultando porque creen que usted tiene una buena respuesta (eso es ir a votar, sugerirle algo a la sociedad).

Aunque se me salga la vena docente, con la venia de ustedes hagamos el ejercicio, recuerda por ejemplo: ¿qué son las listas abiertas o cerradas?, ¿qué diferencia hay entre un movimiento político y un partido político?, ¿cómo se hace una consulta popular?, ¿cuándo hay reposición de votos?, ¿qué es el censo electoral?, ¿cómo se maneja el tema de financiación en las campañas?, ¿cuándo se puede hacer campaña en sitios públicos y en medios?, ¿dónde debe denunciar si ve que se está cometiendo algún delito?, ¿cuáles son los delitos electorales?, ¿qué hace un edil?, ¿qué diferencia hay entre una JAL y una JAC?, ¿qué hace el Concejo?, ¿cuántos concejales tiene su municipio?, ¿qué diferencia existe entre un Concejo y una Asamblea?, ¿cada cuanto sesionan?, ¿qué temas se tratan allí?, ¿qué relación existe por ejemplo entre la Asamblea y el Gobernador, o entre el Concejo y el Alcalde?, ¿qué relación existe entre estas autoridades locales y el gobierno nacional?, ¿qué diferencia hay entre un programa de gobierno y un plan de desarrollo?, ¿cómo se define el tema presupuestal?, ¿qué es una política pública?, ¿cuántas secretarías hay en su municipio y departamento?, ¿qué es una rendición de cuentas?, ¿cómo funciona la revocatoria del mandato?, ¿cuáles son las necesidades más apremiantes en su municipio?, ¿qué se necesita para aspirar a los cargos que vamos a elegir?, etc.

Hay muchas preguntas más que podríamos enumerar, y como usted amable lector puede ver en ningún momento he hecho alusión a un candidato particular o a un grupo, el tipo de preguntas que he lanzado son meramente de funcionamiento estatal y todos deberíamos conocer sus respuestas antes de votar, incluso antes de escuchar a los candidatos, justamente para tener elementos y como se dice popularmente “para que no nos metan los dedos a la boca”. Hay algunas que pueden ser algo técnicas, allí es donde aparece esa labor del formador y del consultor de cara a la ciudadanía, estos ejercicios suelen ser más ricos cuando se puede contar con alguien que acompañe y oriente, mejor aún si es un grupo interdisciplinar de personas que le ayudan a uno a ver de forma más amplia el panorama. La invitación es pues a formarse y sacar un rato para leer, así mismo escuchar a tantos que saben un poco más que nosotros en algún tópico, seguramente este año se abrirán espacios de foros, debates, programas radiales o de televisión que pueden ser una buena oportunidad para aprender más y asumir con seriedad la ciudadanía, que cada vez que portemos la cédula comprendamos que ser mayor de edad es ser responsables, es decir que podemos responder por las decisiones que tomamos frente a lo que sucede en nuestra sociedad y que no se convierta simplemente en un pase para comprar licor, entrar a discotecas o recibir un beneficio por haber votado.



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