'El Cirirí'

¿Tropezar de nuevo con la misma piedra?

Por: Francisco Javier Saldarriaga

Se inician las campañas para las elecciones regionales y estamos ante un panorama que puede ser el punto de quiebre entre un país democrático y respetuoso del ordenamiento definido desde siempre o elegir un cambio radical (no el partido pues este es sinónimo de clientelismo y oportunismo) en cuanto a la estructura de país que queremos.

Aparecen unos actores que nunca debieron estar ya que el reparto fue conformado por una serie de circunstancias desafortunadas originadas en el 2010, cuando engañados elegimos al peor exponente de la nacionalidad colombiana pues en él se encarnan todos los defectos y ninguna cualidad del ser humano. Este individuo que se hizo reelegir de manera fraudulenta llevó al país a un estado de postración tal que ahora y con mucho esfuerzo, estamos renaciendo nuevamente y retomando una ruta que nunca debimos abandonar.

Esos nuevos actores son variopintos y es así como unos posan de demócratas mientras otros no abandonan su calaña delincuencial y regresan al monte para continuar con sus fechorías puesto que nacieron, se formaron y morirán como elementos que ninguna sociedad quisiera tener dentro de sus asociados.

Este acuerdo de impunidad para los malhechores consuetudinarios ha propiciado un ambiente muy pesado y la intolerancia se ha entronizado dentro de los sentimientos del pueblo de manera que la polarización resultante se acreciente y se radicalicen las posiciones. Los grises desaparecen y el blanco y el negro se intensifican.

Hay regiones más ordenadas y menos proclives a las aventuras del socialismo del siglo XXI que han logrado mantener, a pesar de los odios de algunos connacionales, su ritmo de progreso que los diferencia de otras muy densas en población que han caído durante mucho tiempo en veleidades populistas y mentirosas que han acabado con las posibilidades de progreso en el mediano plazo, retrasando en el tiempo la ejecución de obras prioritarias para la movilidad de sus habitantes.

Y eso sin tener en cuenta todas las demás inversiones de orden social que tienen a esas ciudades a la zaga de otras que han invertido de manera más racional sus recursos. Los carteles de la contratación exprimieron al erario de esas capitales y las dejaron en la inopia.

Pero sus habitantes parece que no aprendieron de sus equivocaciones y se han tropezado más de una vez con la misma piedra pues siguen eligiendo a los que les roban sus impuestos. Ahora en las encuestas anda de primera una representante del hijo del M-19 que degeneró en partido del color de la esperanza con ínfulas de ecologista y que agrupa dentro de sus huestes a corruptos contratistas del gobierno del espurio, que han llegado al congreso a sabiendas de sus inhabilidades mentales, emocionales y lo peor, prohibidas en la ley por la realización de contratos con el estado en el tiempo dee los inhabilitaban para acceder a esas “dignidades”.

Claro que no faltan los oportunistas o los ambiciosos que habiendo sido gobernantes de pésima gestión quieren repetir no se sabe si para continuar con su proceso de enriquecimiento extremos a costa de los impuestos de sus coterráneos o para satisfacer compromisos que adquirió durante sus primer mandatos y que no pudo cumplir ya sea porque no le alcanzó el tiempo o, por impedimentos políticos o, por el control ciudadano que le impidió concluir con sus acciones depredadoras de los ingresos del departamento. Este individuo tiene avales de todos los pelambres y no es raro que hasta el cebollero impulse su candidatura. Esperemos que el pueblo antioqueño no caiga en ese error y elija al menos indicado. Tiene recordación pero no es el idóneo.



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