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Y le rajaron la barriga, otra vez

Por: Carlos Mario Cortés Rincón

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Recuerdo que hace once años escribí un artículo con el título, “y la rajaron la barriga”, lo que nunca creí fue que la historia se repitiera. Frente a este horroroso caso de violencia en contra de una mujer, nada más oportuno que traer a colación la frase del poeta y filósofo español Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana y Borrás, frase que según algunos está a la entrada del bloque cuatro en el que otrora fue el campo de concentración nazi en Auschwitz; “pueblo que no conoce su historia, está condenado a repetirla, unas veces como comedia, otras como tragedia”.

Tan sonora expresión se la han atribuido a Cicerón, Napoleón Bonaparte, Carlos Marx, Winston Churchill y otros tantos ilustres personajes más, pero, lo importante en este caso no es quien la haya escrito sino la contundencia de su contenido. La historia se repitió con una crueldad inusitada, no sé, pero algo está pasando en esta sociedad, cada vez más violenta y arbitraria.

Resulta que hace once años como en las peores épocas de la barbarie, en la ciudad de Santa Marta, departamento del Magdalena, a una mujer de diecinueve años le robaron la bebé de su propio vientre, al salir de casa, Andrea Carolina Pallares Cabrera, con siete meses de gestación fue engañada, drogada y llevada a un potrero donde le rajaron la barriga, le sacaron la bebé y la rellenaron con arena y basura. 

Como responsable del hecho la policía capturó a una mujer de treinta y cuatro años, quien tenía la bebé escondida en el barrio “Once de noviembre” en la misma ciudad.  La victimaria había engañado a su familia fingiendo estar embarazada y anunciando que pronto tendría un bebé, lo que al parecer la motivó a robarle la criatura a esta madre gestante con el fin de hacerlo pasar como suyo.

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Y… la historia se repitió el sábado (abril 9 de 2022) antes de la semana santa. En Soacha, Cundinamarca, una mujer pagó quince millones de pesos a unos sicarios para que asesinaran a una joven madre, con nueve meses de gestación, y le sacaran el hijo para ella hacerlo pasar como suyo. La autora intelectual de tan horrendo crimen, dos meses atrás había perdido a su hijo y como no se atrevía a contarle a su esposo y, menos a la familia lo sucedido, decidió maquinar en su cerebro el peor de los crimines que conozca hoy la sociedad colombiana.

Datos oficiales dan cuenta que la madre asesinada fue encontrada desnuda y con una abertura vertical en su vientre, fue tanta la crueldad que los asesinos se habían ganado su confianza prometiéndole ayuda para su bebé. Según reportes periodísticos, el cargo de conciencia llevó a que la falsa madre se presentara al hospital y confesara el escabroso crimen. El bebé, quien está con vida, se encuentra bajo protección del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar -ICBF-. Mi pregunta es, ¿quién va a responder las inquietudes que haga el niño acerca de su madre?

Lo curioso es que un país enseñado a protestar por todo enmudezca cuando la mujer es maltratada, ¿dónde están las manifestaciones con carteles, rechazando lo sucedido en Soacha?, una vez más hicimos lo de siempre, eso no es conmigo… No era una persona famosa. Cuando leían los periódicos me preguntaba, ¿qué nos está pasando como sociedad?, porque las autoridades dirán que estos son casos aislados, pero, los feminicidios que tanto han aumentado nunca serán casos alisados, estos son síntomas de una sociedad muy enferma. Ya no solo el hombre es el maltratador, sino que entre las mismas mujeres hay brutalidad.

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Ante tanta violencia en contra de las mujeres, en todos los estratos socio económicos, pareciera como si algunos “hombres” sólo necesitasen de la figura femenina para los oficios domésticos, divertirse un poco y procrear. Lamentablemente el respeto, la armonía y la sana convivencia al interior de no pocos “hogares” es cosa del pasado, inaudito pensar que sin gritos, malas palabras y atropellos físicos la pareja no pudiese convivir.

Innegable que la violencia contra la mujer está cada vez más arraigada en nuestra sociedad, es triste saber que cuando creíamos haber superado la sumisión, la servidumbre y el sometimiento femenino, el machismo crece como esa maleza que no deja pelechar el jardín. Debemos erradicar de la sociedad toda violencia física, psíquica y verbal en contra de la mujer, es hora de enseñar a las futuras generaciones que las mujeres se respetan, se aman y sobre todo enseñarles que ni con el pétalo de una flor se maltrata una mujer.

Anonadado como estoy en estos días me preguntaba, de qué vale tanta algarabía un 8 de marzo, en colegios y universidades si no les enseñamos a niños y jóvenes que el día de la mujer son todos los días y que nunca tendremos con qué pagar tantas cosas lindas que ellas hacen por nosotros los hombres. No más retórica, el diálogo y la concertación en mesas de convivencia ya se agotó, lo que debemos hacer es cumplir lo pactado, el quinto mandamiento es claro, “no matarás”, cumplamos eso y punto, no más violencia.

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