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“Pollo peletas, donde no te llamen no te metas”

Por: Carlos Mario Cortés Rincón

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Tal vez habrá a quienes no les importe que el día de la madre sea uno de los más ásperos y crueles del año, donde la violencia en todas sus formas, hace parte del ambiente familiar, lo cierto es que en mi mente no cabe la idea que el día más violento del año sea el dedicado a las madres, me cuesta creer que bajo la sombra materna los hermanos se peleen y hasta se maten entre sí.

De mi parte alzo la voz para decir que me parece angustiante e incomprensible que en esa fecha tan especial y significativa, las riñas, los heridos y hasta muertos, entre los miembros de una misma familia, se hayan vuelto parte del paisaje. Inaudito saber que, reunidos en familia en medio de un delicioso almuerzo, por humilde que sea, la violencia empiece a rondar las mentes de algunos pervertidos.

Llevo años preguntándome y preguntando las razones de tanta crueldad generada en un día tan especial para el encuentro familiar, a pesar de los años admito no haber podido resolver tan enigmático asunto. Hace pocos días me invitaron a una Escuela de Padres, especie en vía de extinción, para hablar acerca de la familia y su futuro en la sociedad, fue ahí donde, con mucho respeto y cautela, invité a los asistentes a repensar la frase, “pollo peletas, donde no te llamen no te metas”.

De nuevo, traigo a mi memoria que, siendo niño, no por devoción sino por interés, asistía a varias novenas de navidad donde quedó grabada en mi mente la frase: “¡Oh, Divino Niño, ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios!”. Prudencia, prudencia y más prudencia es lo que hace falta en la mente de algunos que, creyéndose francos y certeros, dicen las cosas sin medir las consecuencias de sus palabras, tal vez ignoran que en ocasiones hiere más lo que se dice que un golpe certero.

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Cómo no evocar la frase, “las palabras son como las flechas, una vez lanzadas, no hay forma de hacerlas volver”, desde que la leí por primera vez me quedó grabada y hace parte de mi filosofía de vida, ah, ¡qué falta hace ser prudentes y sobre todo cautos al momento de hablar!

Retomando el tema de la escuela de padres, aquella tarde aduje que al estar la familia reunida no falta quien pueda preguntar; ¿tía, y mi primo todavía fuma mucha marihuana o ya se ajuició?, mientras que otra más imprudente se dirige a la prima que lleva tres años de casada; ¡oíste!, ¿y los hijos para cuándo?, ya llevan rato casados.

Alguien más, dirigiéndose al tío solterón le dice en tono maluco y burlón; tío vos siempre con la misma camisa y esos tenis viejitos, te los conozco hace años. Asimismo, como hoy es muy común tener mascotas, aparece el irreflexivo y metiche, quien después de preguntar afirma; y, ¿qué van a hacer ustedes con tantos perros?, ¡tres perros ya!, la casa les debe oler a pura chanda.

Y, como la envidia es prima hermana de la imprudencia, no falta quien le diga a la adolescente que reposa tranquila sentada en la sala; ¡cómo tenés el cabello de poquito y apestado!, yo siendo vos mejor me lo cortaba. Siguiendo con las voces disonantes que causan peleas, por allá en la cocina la tía reparona va diciendo duro, haciendo referencia a unos sobrinos, mi mamá que es boba manteniendo aquí ese montón de vagos. Entre más copas de licor menos prudencia.

A todo este montón de imprudencias y comentarios sueltos debe agregarse el que haya hermanos que no se hablan, poniendo en aprietos a la mamá, quien por momentos no sabe a quién atender, unos en una pieza y otros en la sala como dos bandos enfrentados, que duro es para una madre tener la familia fragmentada.

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Como si fuera poco, en plena celebración familiar, no falta quien critique la comida o el tamaño de la porción servida, otros critican a quién no le dio regalo a la mamá prometiendo hacerlo en días venideros. Tampoco falta quien llegue a la reunión familiar no solo con sus hijos sino con las novias de los hijos y algunos familiares de estas, en pocas palabras, una recua.

Sin lugar a dudas, los problemas familiares casi siempre resultan después de una imprudencia, de ahí que muchos eviten visitar parientes cercanos a quienes generalmente se les ocurren preguntas y comentarios bastante incómodos, es por esto que algunos prefieren estar más cerca de los amigos que de la familia. Pero, tristemente las imprudencias dadas en el día de las madres se repiten en las fiestas de Navidad y Año Nuevo, donde la violencia vuelve a florecer.

Para terminar, traigo a la memoria mi niñez, años setenta, cuando existía la cultura del ahorro, y, en un tarro viejo con una ranura en la mitad empezábamos a guardar monedas para el día de la madre, lo malo era que a la mamá le regalábamos cosas para la casa y no para ella, le dábamos ollas, peroles, cuadros, manteles, baldes, ¡pobre mamá, era feliz con un montón de cosas que no eran para ella!, pero, en mis recuerdos no hay riñas, y menos, homicidios entre hermanos.

Tal vez si dentro de doscientos o más años alguien lee esto que escribo pensará, tan rara esa gente, celebraban el día de la madre matándose entre hermanos, que rito tan raro. Como estamos en campaña electoral, no faltará el político oportunista que proponga la cátedra “de… como celebrar el día de la madre sin violencia”. Insisto, es cuestión de prudencia y cautela.

Pd; de qué sirve llevarle flores a una madre muerta, el mejor regalo es respetarla en vida y vivir en paz. ¡Feliz día de la madre!

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