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Opinión

Pinocho en la política

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natalia bedoya

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Érase una vez, un político llamado Petrosky, que decidió construir un mundo paralelo de fantasía, para no sentirse tan solo como se había sentido hasta aquel momento, después de ser derrotado en las urnas y que la paloma pusiera al descubierto su pasatiempo favorito.

—¡Qué bien me ha quedado! — exclamó Petrosky— ¡Cómo me gustaría que fuese real y que todos creyeran en él!
Así empezó su mundo paralelo, que pretendía traspasar las fronteras de lo real a lo imaginario. La paloma le advirtió:
—Cada vez que mientas te crecerá la nariz.
Con una lección de historia, Petrosky intentó desafiar la advertencia y su primera mentira fue puesta en la mesa.
—Esta es la realidad de las intervenciones militares que, con la ayuda del uribismo en el gobierno, se han producido en el mundo— dijo él, refiriéndose a Libia, Yemen y Siria.
La nariz de Petrosky empezó a crecer a un ritmo exagerado. Su amigo Matador exclamó:
—¡Uy! Petrosky, ¿cómo se le ocurre afirmar semejante idiotez? No nos crea tan pendejos.
Vladdo, su otro amigo, gritó a la distancia:
—Coja seriedad, Petrosky.

Petrosky solo pensaba en engañar y dividir, pero a medida que pasaban más y más horas, la nariz de Petrosky crecía sin parar. Cuando se dio cuenta de ello, se echó a llorar. Sin tardar, se percató que la guerra civil en Siria se desató en 2011, misma fecha en la que se llevó a cabo la intervención militar en Libia. Y la operación ‘Tormenta Decisiva’ en Yemen se inició en 2015.

Las fechas no le cuadraban a Petrosky, pues el gobierno del expresidente Uribe había terminado en 2010. Sin saber a quién echarle la culpa, Petrosky acudió a su viejo amigo Maduro. Sin manera de ocultar sus mentiras, una cortina de humo con fines politiqueros, no sirvieron de solución. Petrosky quedó al descubierto, su nariz siguió creciendo y su Colombia Humana sin personería terminó.

Entre Libia, Yemen y Siria, Petrosky exclamó:

—Otra oportunidad señor, que la paloma no revele mi transacción, que los colombianos crean mis mentiras, que Uribe tenga la culpa del temblor y como Pinocho en la carpintería, otra oportunidad en la politiquería.

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