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Opinión

¿Para cuándo la cátedra de historia?

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beatriz campillo

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Leía en las noticias que se anunciaba la candidatura presidencial de Humberto de la Calle para 2018 y curiosamente en todos los reportes que vi mencionaban su último cargo, es decir como jefe negociador del gobierno de Santos en los diálogos con las FARC, en ninguno de ellos mencionaron que fue el vicepresidente de uno de los gobiernos más cuestionados de la historia reciente en Colombia, el de Ernesto Samper Pizano (1994 – 1998) y su escándalo con los narcocasetes, el proceso 8.000, entre otros.

Historia reciente, que ya para las generaciones de ciudadanos que se estrenaran como votantes en unas presidenciales el año entrante les suena a historia remota, estamos hablando de las personas que nacieron en 1997, 1998, 1999 y 2000; jóvenes que por cierto en este momento los tenemos a varios de ellos iniciando su universidad, o en la mitad de sus carreras quienes van más avanzados. Aunque ya en nuestras aulas universitarias contamos con jóvenes que nacieron en 2002, 2003 y que están en sus 15 o 16 años, para ellos los que nacimos en la década de los 80’s, aun finalizando y que estamos ad portas de cumplir 30 años ya somos viejos. Pero, ¿por qué es importante ubicarnos en ese contexto?

Pues bien, resulta que mi generación y las siguientes no contamos con una cátedra importantísima en el colegio llamada “historia”, a duras penas lo sumaban con algo más amplio y general llamado “ciencias sociales”, donde quienes tuvimos buenos docentes nos lograban hablar algo de la historia colombiana, de américa latina, de geopolítica, economía, geografía, democracia, en fin… tantas cosas que era casi imposible profundizar. Adicional a ello tuvimos un sistema que hizo poco énfasis en la memoria, y no digo que todo tenga que estar enfocado en ella, pero desestimarlo también hace que hoy para nosotros sea un tanto más difícil recordar fechas, lugares, nombres… y quedemos de una pieza cuando al hablar con nuestros padres o abuelos nos recitan hasta discursos enteros de políticos, o cosas que todos deberíamos saber como la oración patria. Sin duda estas generaciones anteriores se ubican con mayor facilidad que nosotros, porque el hecho de tener la información tan a la mano también nos hizo dormir esa parte de recordación que es valiosa.

A mi me tocó si se quiere una transición, un modelo que retomaba algunos usos de ese estilo anclado en la memoria y los empezaba a combinar con metodologías más activas y analíticas, sin embargo, hoy como docente veo con preocupación que tengo estudiantes en clase que les cuesta tener como mínimo datos claros de una historia reciente. Me encuentro, por ejemplo, con jóvenes que no saben qué fue el proceso 8.000 (algunos incluso creen que fue un desarme o unas negociaciones de paz), no tienen idea qué pasó con el Cartel de Cali y el Cartel de Medellín y su vínculo con la política, personas que no saben por ejemplo qué es una “pesca milagrosa” porque no les tocó y les parece casi ciencia ficción hablar de carrobombas en las ciudades.

De hecho, hace unos semestres cuando mencioné en clase que Humberto de la Calle había sido el vicepresidente de Samper mis estudiantes quedaron fríos, ninguno sabía. Por eso no me extrañaría que en algunos años Timochenko sea visto como un héroe, finalmente con estos “lavados de imagen” sabrá Dios qué llegaran a conocer de las FARC, es mas, si seguimos igual no faltará quienes crean que se debe refundar la patria (sueño dorado de las FARC). Créanme que los vacíos históricos que tienen algunos son tan profundos que los podemos poner en aprietos si preguntamos que se conmemora un 20 de julio o un 7 de agosto, muchos no saben por qué se iza la bandera o ni siquiera en sus casas les enseñaron esta tradición ¿cómo defender algo que no se ama? y ¿cómo amar lo que no se conoce?… en otras palabras, no es culpa de ellos, la responsabilidad está en los adultos.

A nuestros jóvenes les han vendido la idea que la juventud debe estar en el poder, que ellos deciden libremente su futuro, que no se deben traer rencores viejos sino crear una historia nueva llena de amor y paz; esto lastimosamente se ha traducido en un desprecio por la historia, lo curioso es que quienes alaban ese discurso y lo impulsan son justamente los interesados en “lavar su imagen” y que no tengamos memoria para poder quedarse en el poder… porque de tenerla no saldrían bien librados. Ojalá algún día nos tomemos en serio esa frase que siempre nos dicen que “el que no conoce su historia está condenado a repetirla”, ojalá le aprendiéramos a las culturas orientales donde el sabio es el anciano.

Un pequeño paréntesis, a manera de reflexión, ¿quiénes reciben los cinturones más importantes en las artes marciales?, ¿acaso se le dan al joven porque guarda mayor energía o flexibilidad? No, por supuesto que no. Esos cinturones de máxima importancia se le da al más experimentado personas que suelen tener más de 80 años, porque más allá del tema del físico que en realidad es secundario, han aprendido la sabiduría de la vida. Incluso alguien de 40 o 50 años es bastante joven en cuanto apenas lleva recorrido la mitad del trayecto… cambia la perspectiva ¿verdad?

En nuestro contexto bastante haríamos con volver a escuchar historias de nuestros padres y abuelos, respetar a los mayores y desde la escuela tener cátedras de historia en todos los niveles, no solo “cátedras de la paz” coyunturales, y por supuesto utilizar los medios de comunicación para educar. Un joven que no pregunta, que no aprende por cabeza ajena vuelve a cometer los mismos errores que ya sus padres y abuelos habían cometido; envejecer trae la gran ventaja de que la historia no te la cuentan, sino que la vives… pero como nos dicen sabiamente, cuando ese joven se dé cuenta de las enseñanzas de la vida, ya será lo suficientemente adulto como para que otra generación diga que ya está viejo y que no hay que escucharlo.

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