'El Cirirí'

Ocho años de mugre

Por: Francisco Javier Saldarriaga A.

Mañana se cumplirá un mes de la posesión de Iván Duque y la salida del espurio, quien para eludir, como es su estilo, la andanada de descubrimientos a sus malos manejos; salió en volandas para el exterior sin solicitar el permiso requerido al congreso para quienes han ocupado la presidencia durante el primer año después de su retiro.
Está muy orondo y enviando fotos de sus paseos por los USA, incitando con su cinismo muy parecido al del 8.000 y demostrando que le importa un bledo lo que opinemos los colombianos sobre su persona y su gestión como gobernante.

Lo mejor que le ha pasado a Colombia hoy es que no tengamos a ese fantoche en el primer cargo público de la nación y hayamos podido iniciar el aseo sistemático, profundo y desinfectante de la mugre que acumuló en esos 8 años de corrupción, desatinos, agresiones, derroche, perversidad, ligereza, desconfianza y muchos otros adjetivos denigrantes que describen un desafortunado y largo período farándula en la administración pública de Colombia.
Además de la mugre acumulada en el ejecutivo, esta invadió como una avalancha demoledora las demás instituciones del estado y llegó arrasadora el legislativo, pasó por el judicial y alcanzó a muchas empresas privadas que entendieron que el camino para sobrevivir consistía en apoyar, sobornar y cohonestar con el comportamiento delictuoso que se entronizó en el poder central.

El ejecutivo derrochó a manos llenas una bonanza petrolera, dilapidó el presupuesto nacional en 8 años de anuncios rimbombantes sobre ejecutorias imaginarias y en fin, con sus acciones estrambóticas dejó a las finanzas del sector público con unos huecos fiscales de unos 25 billones de pesos y unos compromisos incumplibles con un acuerdo de paz, implementado en contra de la voluntad popular. En este corto párrafo se describen ocho años de permanencia en la presidencia de un individuo de calaña desastrosa.

El congreso se dedicó a bailar con el son que le tocó el espurio y aprobó sin medir consecuencias, cuanta solicitud venía del ejecutivo y esas velocidades se debían al grado de engrase que le enviaban desde palacio en cantidades abrumadoras para agilizar leyes beneficiosas para los narcoterroristas y altamente perjudiciales para la moralidad pública. El desastre es gigantesco y repararlo nos costará años de austeridad y un manejo muy juicioso y acertado de las finanzas públicas. De no hacerse eso, seremos en muy corto tiempo un país inviable con la tristeza de que entre el 2002 y el 2010 vislumbramos la posibilidad de llegar a las grandes ligas.

De la rama judicial ni hablar pues en esos 8 años su desprestigio se incrementó en proporción geométrica, la corrupción llegó a niveles incalculables, aparecieron los carteles de la toga 1 y 2 o será el 1 solo con más cantidad de integrantes dentro de las cortes y los diversos consejos, cuyos miembros se conocen como magistrados, aunque no merezcan esa distinción, que si ningún recato se lucran y venden sus fallos de culpabilidad o inocencia dependiendo de quién mejor demuestre su interé$ para el sentido de los mismos. Ese panorama convirtió en axioma el dicho de que la justicia en Colombia funciona para el que la pague.

Si por el sector público llueve a cántaros, por el privado no escampa y es que entre 2010 y 2018 se dieron unos hechos que avergonzarían al más versado en esto de las coimas y las mañas puesto que aparecieron los diversos chanchullos para ganarse las licitaciones con proponentes únicos, se conformaron grupos de empresarios que decidieron un acuerdo para subir los precios de sus productos, construyeron obras con muy bajas especificaciones ver puente Chirajara como la joya de la corona, aunque no sabemos cuántas otras obras públicas de esas que se llaman vías de la prosperidad y que suspendió cuatro años para cambiarles el nombre y los contratistas, presentarán este tipo de eventos catastróficos.

Toda esa mugre se identificará con el paso del tiempo y a medida que vayamos limpiando, pero el daño a la moralidad y las sanas costumbre es inmensurable y tardaremos más de una generación para superar la sensación de que ser pillo paga puesto que en estos últimos 8 años primó eso de que quien abusa de niños, viola mujeres, corrompe, trafica estupefacientes, hace terrorismo, extorsiona, secuestra y causa daños irreparables al ambiente es digno de ser encumbrado a los altares de la democracia como se supone debe de ser el congreso.

Al Presidente Duque le tocará una labor titánica y muy seguramente tendrá que soportar multitud de críticas por el estado de la nación, provenientes de quienes tienen la incoherencia y el descaro de haber disfrutado de los ríos de corrupción entre 2010 y 2018, pero que como camaleones que son, ahora se pondrán el traje de víctimas del desastre que ellos y solamente ellos propiciaron.

Postre: El pueblo colombiano deberá entender que se equivocó en el 2010 y le impusieron en el 2014 a un mandatario cuyo único propósito fue buscar notoriedad comprando un premio que nunca, pero nunca, se mereció.