En una de las mesas centrales del homenaje a Juan Manuel Santos el jueves pasado en Miami, un hombre alto con rasgos muy similares a los del presidente de Ecuador, Rafael Correa, aplaudía al mandatario electo de Colombia.

Para sorpresa de algunos de los asistentes, el entusiasta comensal era el hermano mayor de Correa, quien ha acusado a Santos de ser «un peligro para América Latina» por haber ordenado un ataque, siendo ministro de Defensa, a un campamento guerrillero en territorio ecuatoriano.

La presencia de Fabricio Correa Delgado en el homenaje a Santos estaba fríamente calculada: Fabricio se ha convertido en el principal crítico de su hermano y por esa vía está labrando el terreno para lanzar su propia candidatura presidencial.

El acaudalado empresario de 51 años, quien fue el gerente de la campaña que llevó a Rafael Correa a la presidencia en el 2006, está convencido de que el gobierno de su país funciona doblegado ante las órdenes de Venezuela y Cuba y bajo un grupo de asesores corruptos.

«Yo empecé a decir en voz alta lo que todos decían en voz baja con temor y la gente empezó a perder el miedo», explicó Fabricio. «Al Ecuador no lo gobierna el poder ejecutivo, no lo gobiernan los ministros. Al Ecuador lo gobierna un buró político de ultraizquierda».

Paradójicamente, Fabricio está bajo investigación en su país por haberse beneficiado de millonarios contratos con el Estado bajo el gobierno de su hermano, acusación que él niega argumentando que es parte de una persecución para acallar sus críticas.

Fabricio, ingeniero mecánico, dijo que ha ganado mucha popularidad acudiendo al humor y la sorna para desacreditar el círculo que rodea a su hermano, haciendo chistes de doble sentido que caracterizan a los funcionarios como un club de homosexuales.

«No es el círculo rojo, por su izquierdismo, sino el círculo rosa», explicó Fabricio.

Precisó que el actual gobierno concede una bonificación de dos puntos en la evaluación de ciertos cargos públicos a postulantes que certifiquen su homosexualidad ante un notario público o una organización de gays.

Fabricio considera que aún existen posibilidades de salidas democrática para su país, incluyendo una revocatoria del mandato de su hermano o una renuncia decorosa el próximo año.

Durante una reunión organizada por el Instituto Interamericano para la Democracia, de Miami, Fabricio aseguró que tiene las habilidades para reemplazar a su hermano.

Está además motivado, indicó, por una sensación de «chuchaqui», una especie de culpa no pagada por haber llevado al poder a un hombre que traicionó a los ecuatorianos.

«Yo metí al país en este berenjenal, debí haberme dado cuenta de esto porque varios amigos y [Andrés] Oppenheimer me lo dijeron: ‘Abre los ojos’. Pero en el amor filial y el engaño que me hizo Rafael a mí y a todo los ecuatorianos, yo dije ‘no’ », explicó Fabricio.

En esta decisión, agregó, su esposa Tatiana ha sido muy importante al hacerle ver la realidad.

«Ella me dio la bofetada y me dijo: ‘Tienes un loco en la presidencia y además te quiere matar a ti y a todos los ecuatorianos’ », agregó.

El presidente Correa ha dicho en diferentes oportunidades que Fabricio está resentido porque su gobierno dio la orden de no permitir que suscribiera contratos con el Estado.

A una pregunta de si el odio de Rafael hacia Estados Unidos podría estar marcado por una condena de tres años y medio que su padre cumplió en una cárcel de Atlanta por cargos de narcotráfico, Fabricio titubeó.

«Mi papá estuvo bien sancionado y [tras salir de la cárcel] vivió sus mejores épocas. Dejó de fumar, aprendió inglés, fue un mejor hombre», comentó Fabricio. «El se rehabilitó, yo digo, metió las de andar, pagó su culpa, y fue un mejor hombre. ¿Por qué me voy a resentir yo? Mi hermano, no sé».

Habla con desparpajo, usando expresiones populares y se precia de ser franco.

Con cierta frecuencia cita la doctrina social de la Iglesia Católica y no niega que en su plan de ser presidente hay un designio divino.

«Ante una demanda de los tiempos, yo siento en esto el mensaje de Dios, no porque se presente en una aparición sino porque los hechos te van guiando», dijo Fabricio.

El primer vaticinio de lo que sería el servilismo de su hermano hacia el gobierno de Hugo Chávez, explicó Fabricio, se produjo desde sus primeros días en el poder.

«Rafael es colérico y soberbio. Pero ese día, el 15 de enero del 2007, le dice Chávez: ‘Vengo a saludar a este muchachito. Todavía me recuerdo cuando fue de rodillas a Venezuela a pedirme que lo ayude’ » recordó Fabricio. «Eso era para que le meta un puñete y se lo mamó todito».

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Redacción Minuto30

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