Mujeres encadenadas

Por: Carlos Mario Cortés Rincón

Indignado al cien por ciento quedé, hace un par semanas, cuando leía los periódicos y me enteré que por las calles del barrio El Poblado, en Medellín, concretamente en Provenza hacia las nueve de la noche, apareció un hombre vestido de esmoquin llevando encadenada al cuello una mujer semidesnuda como si se tratara de un animal. Ambos aparecieron de la nada desfilando tranquilamente en presencia de propios y extraños mientras un tercero los filmaba, al instante, dicen los informes periodísticos, el enojo de transeúntes, comensales y dueños de los establecimientos comerciales fue de tal magnitud, que la policía debió intervenir en la acalorada discusión.

Por diferentes medios de comunicación algunos líderes del comercio organizado se pronunciaron aduciendo estar muy preocupados al ver que la prostitución se está saliendo de control en varias zonas de El Poblado, otrora conocido como un barrio exclusivo de la ciudad donde centros comerciales, turísticos y empresariales reciben gran cantidad de personas de diferentes países, y, también donde habitantes de Medellín quieren compartir de forma sana y amena un rato con amigos o familiares.

Lo preocupante del asunto es que no hace un mes que el periódico El Colombiano presentó a sus lectores dos informes serios y bien documentados acerca de la expansión de la prostitución en El Poblado, uno bajo el título, “El negocio del sexo se mudó del Centro al Parque Lleras”, con fecha del 26 de septiembre, y al día siguiente publicó “La prostitución se tomó la vida nocturna del parque Lleras”.

Es de público conocimiento que las autoridades cumplen una labor continua en la zona incrementando la vigilancia y los respectivos controles, pero, argumentan carecer de herramientas necesarias para hacerle frente a la problemática, ya que la prostitución no es catalogada un delito. Lo que sí está claro es que detrás del mercado sexual se esconden delitos como hurtos, micro tráfico, explotación sexual de niños y adolescentes y hasta muertes por uso de la burundanga, también conocida como escopolamina.

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Cuando creí haberlo visto todo, aparece una polémica más donde involucran la imagen de la mujer, esta vez por cuenta de una “canción” de J Balvin titulada “Perra”, en esta ocasión mi indignación se aceleró a mil revoluciones por minuto, no podía dar crédito a lo que leía, veía y escuchaba. Quienes me conocen saben que jamás hablo de aquello que desconozco, me gusta ser cauto y prudente en medio de mi ignorancia, pero, para poder escribir estas líneas debí leer la letra de la canción y disponerme a analizar el video.

¡Confieso públicamente que fui incapaz de ver todo el video!, los glóbulos rojos (eritrocitos) en mi torrente sanguíneo se llenaron de irritación, los glóbulos blancos (leucocitos) se tornaron negros del enfado, la verdad no soporté tanta bajeza con que se trata la mujer, mi sangre ardía y quedé sin palabras, mi reacción fue poner mis manos en la cabeza descansando los codos en mis rodillas, pensando en cuál sería la infancia, la adolescencia y la familia de estos mal llamados artistas. No puedo negar que las imágenes de mujeres encadenadas arrastrándolas como si fueran animales, revolvieron todos mis sentimientos.

En otras palabras, me pareció supremamente deshonrosa la forma como trata a la mujer cuando dice, “Ey, eres una perra en calor (ajá). Y estás buscando un perro pa’ quedarte pega’”. Decidí darme un paseíto por internet y pude constatar que la actitud de muchos es reprochable ante tanta afrenta, la cantidad de cuestionamientos en las redes sociales no se hizo esperar quedando claro que la letra de “eso que llaman canción” es sexista, machista, misógina y demasiado vulgar.

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No he podido entender desde cuando la mujer la cosificaron de esa forma tan inhumana y asquerosa, ahora, no cabe en mi cabeza como algunas mujeres bailan y aplauden estos atropellos y disfrutan de semejantes agravios. No se trata de censurar, sino de exigir respeto por las mujeres.

Lo he dicho hasta la saciedad en mis artículos, que no creo que todo tiempo pasado fue mejor, no, cada época tiene su encanto, lo que debe permanecer son los valores y las virtudes del ser humano. Otrora se bailaban cumbias, paseos, porros, baladas y otros ritmos más, pero la mujer se respetaba. Poetas como Mario Benedetti escribían versos a las mujeres como este “…sus labios eran una caricia necesaria, cómo podía haber vivido hasta ahora sin ellos” y Vicente Fernández cantaba, “Oh mujeres, oh mujeres tan divinas, no queda otro camino que adorarlas.” La intención no es armar trifulcas o polémicas insulsas, sino exigir respeto por ese ser tan lindo que engalana el mundo con su mera presencia, no debemos olvidar que algún se dijo que “la mujer es el taller natural donde se forja la vida”, de ahí que debemos amarlas y respetarlas por siempre, hoy más que nunca debemos hacer campañas serias en contra de tanta vulgaridad y malos tratos, ¡Eva se respeta carajo!

Coda: definición de canción, según el diccionario, “del latín cantio, cantionis; composición literaria, generalmente en verso, a la que se le pone música para ser cantada”. Triste, hoy cualquier cosa la llaman canción.

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