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Opinión

Mujer y elección popular: un reto que va más allá de exigir paridad

Publicado

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Miguel Jaramillo Lujan Plaza Publica tn

Hoy las cifras de elección popular de mujeres en Colombia a corporaciones públicas y poder ejecutivo es un triste reflejo y un llamado de atención a la sociedad, sobre la urgencia de lograr una mayor equidad en el papel de la mujer elegida por voto popular.

Las mujeres colombianas son más de la mitad de la población y hoy son las jefes del 40% de los hogares del país según el Dane.

La brecha salarial y las oportunidades en roles, antes muy masculinos, poco a poco se va acortando, sin embargo existen barreras culturales cimentadas en el machismo que impulsa hoy la política y donde pareciera hegemónico o más confiable en el imaginario, que un hombre pudiera generar confianza y credibilidad: pensamiento absurdo, pero que en la lectura de ciertas regiones y barrios de nuestras grandes ciudades, es una forma de pensar.

Además se convierte en sustento para múltiples violencias de esas que lastiman el cuerpo, pero también el alma y el autoestima de nuestras mujeres y les coartan su potencial para convertirse en grandes lideresas.

Hoy en Colombia solo un 20% de las mujeres son congresistas; un 6 % son gobernadoras y los alcaldes del país son el 88% mientras las mujeres solo son el 12%. En los 1122 municipios y 32 departamentos el panorama es similar.

Solo para el Congreso de la República habíamos tenido un incremento del 2010 al 2014 en un 6.7% pero en 2018 de nuevo la mujer descendió en su presencia en el legislativo. No hemos tenido la primera mujer presidenta y apenas hace 1 año Bogotá tuvo su primera alcaldesa por elección popular.

Todo partió de la total exclusión antes del 1º de diciembre de 1957, cuando la mujer colombiana por fin pudo ejercer el sufragio y en estos 63 años las herramientas normativas han ido evolucionado pero son insuficientes en relación con dos dificultades como son el grave problema cultural y el desequilibrio de los roles femeninos en la sociedad.

Es usual ver a muchos partidos y movimientos políticos en las etapas previas a la inscripción de sus listas a corporaciones públicas, buscar con desespero a mujeres que se les midan para cumplir con la cuota respectiva, convirtiendo a la mujer en un triste relleno.

Luego es común ver a mujeres sin la más mínima experiencia en campaña, tratando de hacer su mejor esfuerzo sin siquiera comprender lo qué deben hacer e incluso intimidadas frente a la posibilidad de ser elegidas.

¿Hoy tenemos suficiente cantidad de mujeres con el talante y talento para enfrentar una campaña o un rol de gobierno con toda la experiencia e idoneidad?

Recordemos que hoy en política se deben recorrer, no solo el camino de la academia, sino el de la calle en contacto con la realidad y las tensiones del territorio y además saber jugar el ajedrez político de los partidos, su forma de operar, sus dinámicas, incluidos todos los vicios y defectos del sistema electoral, que se deben conocer para no perecer en estos.

Es prioritario seguir fortaleciendo un marco legal que estimule a la mujer para una formación desde la niñez como potencial líder, entregándole herramientas técnicas para darle una mirada política a ese rol y encauzar así su vocación.

Es inútil cualquier esfuerzo de formación para la mujer en política por medio de cursitos breves más enfocados en lo emocional que en las habilidades duras y las competencias que requiere la política.

Mejor una formación de largo plazo para hacer campañas y ejercicios de gobierno competitivos y con vocación de triunfo pero adaptados a la realidad de la mujer.

Cómo ya viene ocurriendo en varios países, Colombia merece y necesita más mujeres en cargos de elección popular, que puedan brillar y darnos la oportunidad de ser un país más equitativo, con una nueva mirada del desarrollo integral y además con sexto sentido.

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