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En el mes de la mujer las comisarías se rajan

Por: Surany Arboleda Arias

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Los casos de violencia de género y abusos por parte de ex parejas sentimentales con las cuales se comparte la custodia y la patria potestad de los hijos, es una historia de nunca terminar. Hoy les narraré la historia de Alejandra, una mujer que padeció la violencia física a manos de su expareja, además de violencia emocional y del calvario que vive como consecuencia del abuso y las malas ideas que su excompañero infunde a su hija menor de edad, alejándola no solo de la madre, sino de su colegio, del entorno natural de vida de la menor. En el mundo jurídico a esto se le conoce como alienación parental.

Lo que groso modo les acabo de contar que vive Alejandra es la misma historia que protagonizan millones de mujeres en nuestro país; muchas de ellas no encuentran el respaldo necesario y menos con una atención ágil, humana y con el enfoque de género que deben tener las comisarías de familias. Cabe recordar que cuando existen casos de violencia en las familias o en contra de algún miembro de ellas, las llamadas a conocer de estos casos son estas, los abusos en contra de la mujer no tiene distingo de clase y nos puede ocurrir a todas por igual.

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A la Corporación Mujeres Valientes Colombia nos llegan cientos de historias y casos como el de Alejandra. A mí, como abogada y defensora de las mujeres; me sorprende la inoportunidad y la tardanza para tomar medidas de protección que protejan a las mujeres; estas son causa de revictimización y un factor de incidencia de la consolidación de los efectos y las consecuencias de los actos de violencia. Las comisarías no previenen oportunamente el maltrato y el abuso intrafamiliar en muchos casos, en los que, a veces, la tramitología pareciera ser más importante que la vida y la honra de las familias y las mujeres colombianas.

Que sea marzo un mes para recordarles a comisarios y comisarias de familia su compromiso y obligación de restablecer, reparar y garantizar los derechos de quienes hayan sido víctimas de violencia de género o en el contexto familiar. Por ello, por ese compromiso, uno esperaría que muchos comisarios y comisarias de familia tuvieran más celeridad en avanzar en estos procesos. Ojo, en muchos casos, por la falta de decisión y agilidad, ponen en peligro la vida y la integridad física y emocional de muchas mujeres y familias colombianas.

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Lo que les cuento de Alejandra no es una historia de oídas, es parte de todas las denuncias a las que la Corporación Mujeres Valientes hace seguimiento, con especial cuidado en la reacción de las entidades competentes con los procesos que ellas adelantan.

Reitero, así suene a cantaleta, pero es que es necesario: la no atención con eficiencia, eficacia y oportunidad de estos procesos, que involucran a mujeres, en gran medida, convierte al Estado en un actor revictimizante y un cómplice de la violencia tanto o igual como el agresor.

Por eso, empecemos ¡ya!, comisarios y comisarias, a atender sus despachos con agilidad, calidad, oportunidad y humanismo, de esta manera podrían prevenir el desarraigo de hijos y madres; mujeres y familias colombianas podrán sentirse respaldadas. Les recuerdo que las comisarías fueron creadas para coproteger a las mujeres y a las familias colombianas. Solo de esta forma podremos prevenir feminicidios y un tejido social cada día más roto. De no hacerlo, serán llamados al banquillo de los acusados por ser entidades obsoletas, ineficientes y cómplices.

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