Medellín, Colombia, gobernanza y democracia

Por: Daniel Salazar

Es curioso que en Medellín en una época sentimos que no éramos dueños de la ciudad, ni de las carreteras de Colombia, estábamos amedrentados sin poder desplazarnos entre municipios, en fin… Luego llegó Álvaro Uribe a poner orden y comprendimos que había una «paz» posible pero no para los violentos, para los violentos hubo persecución y así brindarle tranquilidad y seguridad a la ciudadanía.

Cuando Santos llegó a la presidencia esa «paz» se trasladó de las víctimas a los victimarios, de la sociedad civil a los guerrilleros y aumentaron las formas de violencia y la inseguridad en todos los territorios. Haciendo un paralelo pasó lo mismo con la llegada de Quintero a Medellín cuyo discurso de odio se le extendió a la ciudadanía diciéndoles que su ciudad ya no les pertenece porque llegó un emperador a despojarlos de su tierra, de sus logros y de sus costumbres, aumentó la inseguridad y creció la desesperanza en la tierra de la esperanza y la pujanza.

Definitivamente un mal gobernante con un mal plan de gobierno tiene el inmerecido poder de afectar las vidas, los destinos, el presupuesto para el desarrollo de un territorio y los proyectos de su gente, un mal gobernante como el que hoy tenemos ha sido capaz de afectar la moral de los paisas, sus empresas y empresarios, la estructura de gobierno corporativo y la estabilidad de directivos y sus juntas directivas u con ello creando inestabilidad reflejada en la baja de calificación de dichas entidades aumentando el descrédito internacional por el manto de dudas que tejen las declaraciones de quién prometió cuidar de la ciudad y en cuya cabeza casi todos los procesos han desmejorado.  Se ha dado a la tarea de señalar corrupción dentro de nuestra principal empresa de servicios públicos y ha traído inestabilidad y riesgos para la seguridad energética del país a futuro, como lo sugieren algunas figuras públicas y concejales del municipio de Medellín con válidos sustentos.

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Para quien pueda observar con calma esta forma de operar del aún alcalde de Medellín, cuyo cargo a la cabeza de la ciudad hoy se encuentra en trámite de Revocatoria por el descontento general de la ciudadanía y sus múltiples incumplimientos a su plan de gobierno, mirando sin mayores apasionamientos lo que hoy sucede, podemos concluir que nadie es tan torpe para gobernar tan mal, nadie se iba a equivocar maltratando a su gente, atacando la cultura, trayendo división mediante un discurso clasista, separatista, que sugiere o anima un enfrentamiento entre clases sociales, donde se descalifican los procesos y los logros de una comunidad y donde el mensaje es que todo estaba mal con nuestra tierra, nuestro municipio y la forma de administrarlo al punto de traer personal de otras ciudades, incluso de otro país, para asumir los cargos directivos. El mensaje o los mensajes con todos estos sucesos están bastante claros: Quintero no quiere a esta tierra ni a su gente y de igual forma esta tierra y su gente no lo quieren aquí.

Pero volviendo al hecho de que nadie medianamente inteligente no sería tan torpe como para comprar peleas con todos los sectores políticos, empresariales, colectivos ciudadanos, para insultar a quienes mal gobierna especialmente porque van a necesitar de nuevo el voto de los que en él confiaron y que se supone esperan que sigan siendo sus electores en las elecciones del 2022, y cuestiona y asombra como todo lo ha hecho tan mal que esto nos lleva a pensar, a muchos, que esto hace parte de un plan de rompimiento del arraigo cultural, del sistema de creencias, de gobierno corporativo, de regionalismo y proteccionismo de los medellinenses por su suelo y los diversos procesos, para implementar un nuevo esquema un tanto más progresista y bogotanizado, no solo por la cantidad de empleados bogotanos que ha traído a la administración municipal, sino porque en los momentos coyunturales y de mayor desestabilización de su gobierno, Quintero viajó a Bogotá a reunirse con César Gaviria a lo que en redes sociales se calificó como un viaje para pedir directrices a quien se presume es una de las varias cabezas detrás de la cabeza que aparenta ser Daniel Quintero.

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Se especula que detrás de su cabeza hay tantos intereses y responde a tantos jefes políticos que no solo no hay independencia sino que su estabilidad emocional, reflejada en sus trinos, aspecto y decisiones tomadas, está en tela de juicio ante la opinión pública.

Podríamos enumerar cantidad de datos estadísticos y cifras de incumplimientos durante su administración, pero basta con que la ciudadanía no le merezca respeto desde sus comunicaciones para presumir, como está denunciado, que sus desaciertos afectan también los recursos económicos, de gobernanza y la proyección de sus empresas dentro y fuera del país.

Es así que hoy los ciudadanos con o sin tinte político, representantes de todas las corrientes políticas, gremios, empresarios pequeños, grandes y medianos se pusieron la camiseta de defensores de Medellín y se abanderaron de la Revocatoria. No es un asunto menor que tres de los concejales que hacían parte de la coalición de esta administración se separaran de Daniel Quintero ante el evidente deterioro de la ciudad y lo turbias, inconvenientes e inexplicables que resultan sus decisiones para la ciudad y su gente.

Por esto y más los ciudadanos estamos seguros que Medellín merece un mejor alcalde.

Serán entonces los mismos ciudadanos quienes decidan con sus firmas y sus votos si la ciudad sí nos pertenece o si ya nos fue arrebatada.  Estamos también, a través de este proceso, poniendo a prueba nuestra democracia y la seriedad de nuestras instituciones, el respeto a nuestra constitución y al constituyente primario.

Por esto la Revocatoria en Medellín es una fiesta de la democracia.

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