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Opinión

No más explotación infantil. Por Olga Suárez Mira

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Hay un tema que congrega a todas las bancadas del Congreso, y sobre el cual no hay confrontación alguna: La infancia. El Estado colombiano viene dando los pasos en la dirección correcta en sus políticas de protección a la niñez, como por ejemplo la estrategia De Cero a Siempre, que ha sido prioritaria en el actual Gobierno del presidente Santos. Esta es una clara evidencia de la importancia que tienen los niños para los gobernantes.

Olga Suárez Mira

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No obstante estos avances tan claros, hay un problema sobre el cual tenemos que prender las alarmas, no solo los gobernantes sino la ciudadanía en general. Se trata de los niños trabajadores. En Colombia tenemos 1 millón 700 mil niños trabajando. Podría decir que la absoluta mayoría lo hace por la necesidad de contribuir económicamente a su hogar, cuyas necesidades deben ser incalculables.

Hace dos semanas, 25 países de Latinoamérica y el Caribe suscribieron un documento en el que trazaron la meta de erradicar el trabajo infantil para el año 2.020. Obviamente que para cumplir esta meta, los gobiernos locales, departamentales y el nacional deben establecer las acciones necesarias para que Colombia se ubique a la vanguardia en este propósito. Pero desde luego que este esfuerzo no solo debe involucrar al Estado como tal, sino que también tiene que implicar un compromiso de las familias en todo el territorio nacional.

Una de las formas de explotación infantil es el trabajo doméstico, el cual no puede ser confundido con la costumbre colombiana de enseñarles a nuestros niños a tener responsabilidades en el hogar. La explotación infantil a la que me refiero, es aquella en que padres de familia convierten a sus niños en esclavos que deben cargar con las responsabilidades que son propias de los adultos. Pero además muchos de estos niños están siendo utilizados en trabajos peligrosos, como en los ingenios azucareros, o en las minas, por ejemplo, en labores que implican esfuerzos físicos que no son convenientes para su edad, y que además representan un enorme riesgo para su salud.

Y eso para no hablar del reclutamiento forzado a que son sometidos menores de edad por grupos armados al margen de la ley, en diferentes sitios de las ciudades y en regiones del país.

Hay un asunto que debemos tener claro: la niñez debe dedicarse a jugar, crecer en armonía y estudiar, por eso cualquier actividad que no esté enmarcada en esta premisa está en contravía de los derechos que toda la sociedad está llamada a garantizarle a la infancia.

Desde el Congreso continuaremos con la labor de vigilancia a las acciones que los diferentes entes gubernamentales deben implementar para disminuir la explotación infantil, pero además exhortando a toda la ciudadanía a que se una a esta cruzada por nuestra infancia, nuestro presente y futuro.

Olga Suárez Mira es senadora de la República por el Partido Conservador.
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