La literatura colombiana lleva a Madrid su realidad más allá de Macondo

Hector Abad
El escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, en una fotografía de archivo. EFE/Paco Campos

Bogotá, 9 sep (EFE).- Colombia es más que Macondo aunque nunca dejó de serlo. El último año ha sido la Medellín del profesor Héctor Abad o la mirada al Pacífico de Pilar Quintana, pero lleva años cocinando un «boom» de grandes relatos, poesías y crónicas que, con grandes ausencias, este viernes llegará a la Feria del Libro de Madrid.

Gabriel García Márquez puso al país en la mira mundial, y opacó, sin quererlo, durante años al resto, pero «en Colombia hay un grupo de escritores que ya nos despegamos finalmente de esa sombra de García Márquez», anuncia el escritor Pablo Montoya.

La Colombia de las mariposas amarillas donde todo parece irreal y surrealista, pero que decenas de escritores siguen retratando como el país que han vivido, en una narrativa que tiene una imprenta muy social y no puede desconocer que lleva más de 50 años de conflicto a sus espaldas.

UNA LITERATURA POCO «NEUTRA»

Es por ello que al escuchar al embajador colombiano en España, Luis Guillermo Plata, hablando de que no quería una «feria política» y que el Gobierno ha intentado llevar a Madrid «cosas muy neutras, donde prime el lado literario de la obra» puso casi de forma unánime a los grandes nombres de la literatura colombiana en contra.

«Suponiendo que por ‘cosas’ entienden ‘autores’, está claro que convocan a los que no vayan a criticar en Madrid la gestión del gobierno. La sola noción de una literatura cuya bondad sea ‘la neutralidad’ ya de por sí denota vergonzosa ignorancia», consideraba Laura Restrepo, al confirmar a Efe que no ha sido invitada y que no participará en la feria.

Tampoco lo harán Piedad Bonnet, Juan Gabriel Vásquez, Héctor Abad Faciolince (autor del aclamado «El olvido que seremos»), Fernando Vallejo o el propio Montoya. Tampoco la escritora y periodista Melba Escobar, que sí fue invitada, pero declinó la invitación por el desplante del Gobierno con algunos de sus mejores representantes.

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UNA LITERATURA PEGADA A LA REALIDAD

La mayoría de ellos han firmado obras brillantes que abordan problemas que desgarran al país como la desigualdad, los abusos de las fuerzas de seguridad, la dejadez y aislamiento de muchos de los territorios o la corrupción y el narcotráfico.

«No hay un colombiano que no tenga algún tipo de contacto directo o indirecto con lo que ha significado nuestro conflicto en cualquiera de sus vertientes», resume a Efe la editora de Alfaguara Carolina López. Por tanto, su literatura no podía quedarse atrás.

Y eso es también lo que ha invitado al mundo a asomarse a Colombia para «tratar de entender (el conflicto), de comprender qué hay detrás, de matizarlo y encontrarle todos los relieves».

«Es un panorama político tan caótico, tan extremo y tan lleno de cosas que para un europeo resulta un poco excesivo, le llama la atención todo», resume Montoya.

En su último libro «La sombra de Orión» (Random House, 2021), firma su declaración de intenciones: «hay que hacer literatura no en función de los masacrados, sino de quienes sobreviven a las masacres».

LAS MUJERES Y LA PERIFERIA

A Montoya le cuesta hablar de «boom» porque es un término que se suele asociar al éxito editorial, y eso depende -alega- mucho del marketing.

«Teniendo en cuenta lo que significa el ‘boom’ latinoamericano, que es una mezcla de un grupo de escritores y un comercio editorial, aquí en Colombia sí existe una serie de escritores que están muy proyectados», asegura el ganador del Rómulo Gallegos por «El tríptico de la infamia».

Pero sobre todo, Montoya subraya «la fuerte presencia de escritoras mujeres», que «desde su perspectiva femenina se están yendo a esas zonas de violencia o a esas zonas marginales de Colombia que siempre habían sido descritas por escritores hombres».

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«El pueblo de Damaris era una calle larga de arena apretada con casas a lado y lado. Todas las casas estaban destartaladas y se elevaban del suelo sobre estacas de madera, con paredes de tabla y techos negros de moho», describía Quintana el pueblo de la costa Pacífica donde tiene lugar «La Perra» (Random House, 2017).

Es la Bogotá clásica y elitista donde pierde la cabeza Agustina en «Delirio» (Alfaguara, 2004) de Restrepo, el olvidado Chocó que rescata con ojos jóvenes Lorena Salazar en «Esta herida llena de peces» (Angosta, 2020) o la vida aristocrática en el Eje Cafetero a finales del siglo XX de «Misiá Señora» (Alfaguara, 2021) de Albalucía Ángel.

También lo son obras antiguas recuperadas después de que fuesen enterradas por el machismo, como «Tiempo de Amazonas» (Alfaguara, 2020) de Marvel Moreno.

UNA COLOMBIA FUERA DE ESTEREOTIPOS

Estas novelas reflejan una variedad de temas y territorios que se alejan del estereotipo que se repite de Colombia, llevado a pantallas con las inumerables series y películas de Pablo Escobar o el cartel de Cali.

«Es una especie de vincular a Colombia con el delito, con el realismo sucio, con el crimen; la literatura que esté ajena a eso no es literatura colombiana y así ha sido casi siempre», lamenta Montoya.

Sin embargo, la realidad es que, a pesar de que géneros como la ciencia ficción o la fantasía aún están cojos, las editoriales ofrecen gran variedad de temas, que se expondrán en las casetas del Retiro de Madrid, aunque sus autores no estén de forma oficial para presentarlos.

Irene Escudero

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