Letras con olor a café

Por: Fuad Gonzalo Chacón

Desde hace un par de semanas las vitrinas de L’Ecume des Pages, al igual que las de todas las demás librerías de París, destellan purpurina buscando los ojos esquivos de los transeúntes por cuenta del lanzamiento de “Chevreuse”, la última novela de Patrick Modiano, ganador del Nobel de Literatura 2014, la cual llegó este mes a las estanterías francesas de la mano de la siempre sobria editorial Gallimard y rápidamente se ubicó en la cima de los escalafones de lo más vendido. El montaje callejero desplegado por la librería evoca una especie de altar solemne que rinde homenaje a este ídolo local, y es que no es para menos pues esta librería está ubicada entre el Boulevard Saint-Germain y la calle Saint-Benoît, la esquina con más arte de toda Europa.

Y es que desde hace más de 130 años en aquella intersección se viene sosteniendo a diario un legendario duelo literario entre Les Deux Magots y el Café de Flore, dos santuarios literarios rivales tan parecidos que cualquiera de ellos bien podría pasar por la continuación del otro en la calle del frente. Desde principios del siglo XX estos dos cafés han concentrado lo más febril de la tertulia intelectual parisina y han acogido en sus baldosas los más épicos encuentros de las grandes figuras de la literatura mundial. Gidé, Hemingway, Camus, Joyce, Capote, Sartre, Beauvoir y muchísimos otros rutilantes nombres de la constelación cultural han sido reconocidos comensales asiduos, lo que los ha transformado en puntos de interés inapelables cuando se está de visita en la ciudad de la luz.

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A raíz de toda esta popularidad, en ellos ya no se suelen ver escritores espectrales terminando sus novelas taciturnas a golpe de máquina de escribir ni corrigiendo manuscritos arrugados entre la bruma de sus cigarrillos como solía ocurrir durante su época dorada. En su lugar, largas filas de turistas y famosillos de tres al cuarto con pasaporte covid en mano esperamos estoicamente a que nos asignen cualquier apretujada mesa en algún rincón olvidado que, aunque sea por cuestión de unos pocos segundos, nos permita saborear la nostalgia de aquel tiempo anterior.

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Pero nada de ello ha menguado su relevancia literaria, la cual sigue vigente gracias en parte al Prix de Deux Magots y al Prix de Flore, importantes galardones anuales que desde 1933 y 1994, respectivamente, se entregan para reconocer a lo más selecto de las letras francófonas. Si bien no tan prestigiosos como el globalmente conocido Goncourt ni ninguno de los restantes “big six” de Francia, estos premios han servido como tanques de oxígeno para la carrera de muchas jóvenes promesas y se cuentan en el palmarés de reconocidos autores como Michel Houellebecq o Amélie Nothomb.

Hoy el amago de sonrisa de Patrick Modiano en la vitrina de L’Ecume des Pages prolonga la tradición literaria de este inmortal cruce parisino donde las letras más memorables, al secarse, han quedado impregnadas de un ligero olor a café.

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Posdata: Sin dudarlo, en Les Deux Magots ordenen chocolat à l’ancienne y en el Café de Flore, café crème.

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