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Opinión

La Selección, ejemplo para la juventud. Por Olga Suárez Mira

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El mayor agradecimiento que debemos sentir por todos y cada uno de los muchachos de nuestra flamante Selección Colombia, que nos representó con orgullo en el Mundial de Fútbol que está a punto de finalizar, es que por fin nuestros jóvenes tienen ejemplos de carne y hueso para imitar.

Olga Suárez

Olga Suárez Mira

El recibimiento espectacular que el país entero le rindió a nuestra Selección, con su técnico José Pékerman a la cabeza, es la expresión de un pueblo que se identificó con los principios que les inculcó  a sus dirigidos desde el comienzo: trabajo, sacrificio, dedicación, respeto, armonía y sentido de familia. Unos principios muy valiosos que se oponen a la inversión de valores que ha sufrido nuestra sociedad, sustentados en una filosofía errónea del dinero fácil. Y para llegar a él, con el argumento de sostener a la familia, hay que barrer con el respeto a todos los derechos de los demás, comenzando por el derecho a la vida.

Hacía muchos años que nuestros jóvenes no vibraban, ni gritaban, ni lloraban por unos resultados tan efímeros como los de un partido de fútbol. Tal vez esos pasajes memorables de digna euforia los vivimos en la década del 90 con aquellas selecciones que dirigieron Pacho Maturana y “Bolillo”  Gómez. Pero estamos hablando de otra generación, porque a la actual le tocó vivir esas épocas por recuerdos de sus padres, familiares y amigos y a través de la historia. Sin embargo debo decir que son esos mismos principios, trabajo, sacrificio, dedicación, respeto, armonía y sentido de familia, los que renacen ahora para sembrar ilusión y esperanza en nuestros jóvenes. Eso quiere decir además que los principios de los que estamos hablando nunca pasan ni pasarán de moda. Por eso esa comunión e identidad entre los integrantes de la Selección, cuando festejaban sus goles, y la alegría desbordante de la hinchada nacional y la pasión de niños y jóvenes que han encontrado motivos para volver a soñar.

Todos tenemos derecho a soñar, a tener ilusiones y a sembrar esperanzas. Y todos les debemos apuntar a esos propósitos, porque nuestra niñez y nuestra juventud son el futuro de nuestra Patria.

Jugamos papel preponderante, dirigentes, políticos, padres de familia y educadores en esta tarea de recoger estas alegrías, no dejar morir el renacer de estos principios y trasladarlos a las actividades de la vida diaria. Que estos recuerdos no se vayan marchitando otra vez y aprovechar la imagen imborrable de un David Ospina, de un Yepes, de un Zapata, de un Cuadrado, de un James Rodríguez o del mismo Falcao que no pudo estar en el Mundial, para nuestros jóvenes vean que pueden ser pequeños héroes en las pequeñas tareas de la vida diaria.

Estas son las lecciones que no podemos dejar pasar.

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