La Policía de Hong Kong ha dejado de ser la "más refinada de Asia" | La Policía de Hong Kong ya no es la “más refinada de Asia”
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    La Policía de Hong Kong ya no es la “más refinada de Asia”


    La Policía de Hong Kong

    Desde hace tres meses, un silencio ha aparecido entre Nora y su hermano. A toda costa deben evitar hablar sobre el actual movimiento de protesta. Nora apoya a los manifestantes mientras que su hermano es un agente de la Policía de Hong Kong, que ha perdido su prestigio en la ciudad.

    “No creo que sea el tipo de policía que golpearía brutalmente a los manifestantes, pero me temo que tras haber estado en la fuerza policial algunos años ha cambiado”, dice a Efe Nora, una empleada de banco, sobre su hermano.

    “Nuestra relación probablemente nunca será la misma”, añade.

    La distancia entre estos dos hermanos es emblemática de un problema mayor que se hace cada vez más evidente en Hong Kong.

    Desde el comienzo de las protestas el mes de junio por la polémica ley de extradición, la relación entre los ciudadanos y la policía de la excolonia británica ha caído a su nivel histórico más bajo.

    En muchas partes del mundo es habitual que las relaciones entre ciudadanos y policía se deterioren en tiempos de agitación política y social. Pero la velocidad a la que lo ha hecho en Hong Kong en tres meses es inaudita, especialmente teniendo en cuenta que los habitantes de la ciudad han mantenido durante mucho tiempo una armónica relación con su policía.

    En su gestión de las manifestaciones de estos meses, los agentes han sido acusados de brutalidad contra los manifestantes e incluso con personas que no se manifestaban pero se cruzaban con ellos en las zonas de la protesta.

    Actualmente, los policías pocas veces realizan una operación sin que sean insultados o escuchen cánticos enfadados por parte de los ciudadanos y la protesta ha pasado de centrarse en la ley de extradición a denunciar la “brutalidad” policial y pedir comisiones para investigarla.

    “Las cosas se han ido al extremo. La policía se ha vuelto feroz en la forma en que detiene a los manifestantes y va demasiado lejos con sus armas. Aparentemente hay una pérdida de control emocional colectivo entre ellos”, afirma a Efe Bruce Lui Ping-kuen, un veterano profesor de periodismo de la Universidad de Hong Kong y antiguo reportero.

    “Para ser justos no podemos culpar solo a la Policía. Algunos manifestantes son también violentos. Pero la Policía está armada, ambos no están en el mismo nivel de juego”, añade.

    Cada semana hay nuevas acusaciones de malas actuaciones policiales incluyendo connivencia con la mafia local, uso excesivo de la fuerza al arrestar a manifestantes, malos tratos físicos a los detenidos o colocación de pruebas falsas.

    En un polémico incidente el pasado 31 de agosto una fuerza paramilitar entró en una estación de metro para detener a manifestantes golpeando a pasajeros, incluido un niño pequeño, y mantuvo la estación cerrada durante dos horas, lo que hizo que se demorase la atención médica a los heridos.

    El 13 de agosto, la oficina de derechos humanos de la ONU emitió una declaración en la que consideraba que había “pruebas creíbles” de que la policía hongkonesa “empleaba armas menos letales de una forma prohibida por las normas y estándares internacionales”.

    Algunos manifestantes han subido la apuesta con nuevas tácticas, incluido el lanzamiento de cócteles molotov y el combate a la policía anti-disturbios con técnicas del kendo, arte marcial japonés que utiliza el sable de bambú.

    Chan, un exagente de policía, en activo durante la época colonial británica y retirado a principios de los años 90 noventa, cree que la Policía actual ha ido demasiado lejos.

    “En nuestros tiempos hubiésemos dudado en usar una porra para dispersar a la multitud. Es chocante ver lo que hacen hoy a los chicos. Son brutales y no más neutrales”, afirma a Efe.

    Según Lui, el cambio experimentado por las fuerzas de seguridad de Hong Kong, conocidas antes como “las más refinadas de Asia”, se debe a la creciente influencia de China.

    “China concede gran importancia a sus órganos de cumplimiento de la ley. Como el instrumento para salvaguardar la estabilidad, estos órganos pueden saltarse la ley al realizar operaciones”, asegura.

    Algunas voces afirman que se han infiltrado oficiales de la China continental en la Policía hongkonesa, aunque las autoridades policiales locales lo niegan.

    En cualquier caso, los manifestantes siguen pidiendo una comisión independiente que investigue los abusos policiales, una demanda que Lam rechazó cuando aceptó la retirada del proyecto de ley de extradición alegando que es suficiente con el consejo independiente sobre quejas policiales.

    Algo que Nora, al igual que las decenas de miles de hongkoneses que participan en las protestas, rechaza: “Necesitamos una investigación independiente. Muchos manifestantes han sido acusados de disturbios, pero los policías que han violado la ley deben enfrentarse a la justicia”.

    Shirley Lau

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