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Opinión

La herida abierta del conflicto

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sara espitia

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Visitando la exposición Ríos y Silencios de Juan Manuel Echavarría en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, sentí un gran vacío, un dolor en el pecho por aquellas declaraciones e imágenes que con cierta sutileza el autor plasma allí.

Se trata del conflicto armado en Colombia. La exposición nos permite acercarnos un poco a los lugares donde el conflicto tuvo mayor impacto y conocer las historias de los que vivieron los ataques, las amenazas y el desplazamiento. Habla de una guerra que quizás a muchos no nos tocó; sin embargo, Echavarría pretende acercarnos a la cruda realidad a la que se enfrentan los niños, jóvenes y adultos en lugares como Montes de María.

En la exposición pude obtener las declaraciones de un desmovilizado de las Autodefensas Unidas de Colombia, quien hablo del conflicto armado desde sus vivencias en los frentes: Sur Andaquíes; Libertadores del sur; Héroes del Huila; y Héroes de Zaragoza.

Él declara como buscando reconocimiento y prestigio decidió unirse a las Autodefensas, teniendo apenas 19 años. Sin embargo, a través de los años germinó en él un sentimiento de decepción hacia aquel grupo; por lo cual decidió desmovilizarse.

-Pertenecer a este grupo implica que no exista un mañana, se siente la muerte ahí, latente. Ser de las Autodefensas es lo peor que le puede pasar a alguien.

Sin importar el grupo al que se perteneciera o los ideales que se defendieran, todo se trató de un mundo de violencia e incertidumbre. No había descansos; en los frentes todos deben aprender a realizar diferentes labores y se deben encontrar en la capacidad de manejar un arma, cocinar, hacer guardias, etcétera. La vida era un juego que tocaba ganar a como diese lugar, un día podrías ser el cocinero y al otro tener que bombardear campamentos.

Había que aprender a volverse duro, a no llorar frente a nadie y a acatar todas las ordenes.

-Entre nosotros existía un lema “No hay que regalarse, ni negarse” es decir, si el comandante pone un hombre por sospecha de “sapo” frente a todos, nadie debe ofrecerse a matarlo, porque eso es regalarse; pero si el comandante te pide matarlo, uno no se niega porque lo asesinan.

Los ‘sapos’ eran simplemente civiles que informaban de las actividades de las Autodefensas a grupos como las FARC-EP y había que matarlos. La población también tenía que acatar las órdenes. Por tanto, se trata de un conflicto que dejó en medio a la población civil.

Por ello, pese a los tropiezos que ha tenido el proceso de paz, era necesario. No es un acuerdo perfecto, tiene muchos elementos controversiales y que aún se discuten, como lo es la participación política; sin embargo, había que bajar las armas y buscar alternativas de dialogo para una guerra que afectó a millones de personas.

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