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La institucionalidad prevalece sobre la delincuencia

Por: Juan Camilo Restrepo Gómez

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Hablar de paz y de seguridad, es hablar de la defensa de la institucionalidad. Este mensaje no tiene ninguna discusión, y por eso, siguiendo los lineamientos del presidente Iván Duque Márquez, la semana pasada hicimos presencia en el Urabá antioqueño.

Desde esa región de Urabá que tanto queremos y que ha sido capaz de sobreponerse a los violentos de otras épocas, enviamos dos mensajes al pueblo colombiano:

El primero, es un mensaje de esperanza, porque no puedo dejar de referenciar que conozco muy bien a Urabá: trabajé por Urabá en mi paso feliz por la presidencia de la Asociación de Bananeros de Colombia (Augura), y pude comprobar que esta subregión antioqueña está colmada de gente buena, trabajadora y honrada; personas con una mirada positiva en el presente y hacia el futuro, mirada real que ya nadie se la puede quitar. Atrás quedaron las épocas de la estigmatización a Urabá. Esta es ahora la fértil y prodiga región urabaense; esta no es hoy la región de los mal llamados urabeños,  esos delincuentes que allí se escondían para hacer sus fechorías contra la población indefensa, su riqueza comercial y agrícola. Ahora estos delincuentes no van a derrotar al Estado y mucho menos acabar con la institucionalidad.

El segundo, es decirle a esta comunidad que cuenta con una Fuerza Pública profesional, motivada y sabedora de que está constituida para defender la vida, honra y bienes de todos los colombianos sin distingo social, en este caso puntual, de los antioqueños y de los urabaenses. Autoridad en lugar de poder, para que surja la convivencia en lugar del crimen.

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Ante los desafíos de los ilegales que quieren sembrar el caos, el miedo y la zozobra en nuestro Urabá antioqueño y en Colombia en general, como Alto Comisionado para la Paz, debo reiterar rotundamente que los integrantes de estos grupos armados organizados, tienen 3 caminos:

El primero, que sean neutralizados, dados de baja, si persisten torcidamente en enfrentan a la institucionalidad; el segundo, que sean capturados, puestos presos, y extraditados si es necesario, como le ocurrió a ese bandido que responde al alias de Otoniel; y en tercer lugar, el camino generoso que ofrece el gobierno del presidente Duque, que consiste en el  sometimiento a la justicia a partir del Programa institucional, justamente llamado, La Ruta de la Legalidad, ruta acogida en este gobierno por más de 1.700 integrantes de los distintos grupos armados  organizados que delinquen el país. Hoy, este Programa ampara a todos aquellos que han tomado esa decisión de pasar de la ilegalidad a la legalidad; de retornar a sus comunidades, a sus familias, a sus espacios, a las oportunidades, poniendo así fin a la pesadilla personal, familiar y social, que significaba el vivir delinquiendo.

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Ante los que quieren promover paros armados, para paralizar la vida económica y social de los habitantes de nuestras queridas regiones como el Urabá Antioqueño y algunos municipios de Antioquia, la respuesta debe ser la movilidad ciudadana a partir de la seguridad que brinda nuestra Fuerza Pública a toda la región urabaense y antioqueña. Esta actitud tiene que constituir un matrimonio indisoluble y una realidad innegable: nuestra Fuerza Pública garantizando la vida, la honra y los bienes de los colombianos, correspondida por una población que cree y apoya a nuestras fuerzas armadas; una ciudadanía  generando confianza, dando apertura al comercio, llevando la rutina productiva del día a día, para que así podamos sacar adelante estos territorios, y el Urabá antioqueño que tanto conocemos y queremos, no pierda de vista su alegría de producir, de crecer y de vivir.

En todo caso, estoy seguro, las instituciones colombianas, la democracia y la civilidad, ¡prevalecerán sobre la delincuencia!

Nota final: durante las últimas 24 horas de nuestra permanencia en Urabá, 28 facinerosos fueron capturados. A los que persistan en delinquir, recordemos, les queda la opción del sometimiento; la opción de ser capturados y extraditados, si así lo amerita, como sucedió a Otoniel; o la opción de ser neutralizados en cualquier instante.

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