'El Cirirí'

¿En qué manos estamos?

Por: Francisco Javier Saldarriaga

Alguien de cuyo nombre no quiero acordarme, usó una frase en una campaña política para atacar a sus contrincantes diciendo que con él no todo valía y que sus seguidores iban a sus concentraciones porque querían y no porque les pagaran. En verdad no quiero acordarme del nombre del fulano ese con sus prédicas consiguió fama de un ser vertical y correcto catalogado como el faro moral de la nación, pero como no nada queda oculto bajo el sol, el tiempo ha demostrado que desde siempre ha estado al borde de la ley y en más de una ocasión ha transgredido las normas y actuado en favor del narcoterrorismo que azota a Colombia desde hace muchos años.

Su cinismo lo ha llevado a reconocer públicamente que falsificó documentos para ellos, posteriormente se hizo nombrar congresista a sabiendas de estar inhabilitado, se lucró con recursos del estado para hacer campañas a favor de un apaciguamiento en el accionar de esos a los que les falsificó los documentos de identidad y, a pesar de sus afirmaciones y su accionara delictivo, hay personas que lo consideran un ser digno de imitación y exaltación como paradigma de comportamiento ético.

Él, como muchos otros que hacen parte del grupo fundado por el M-19 y que ahora se hace reconocer como el Partido Verde, tienen un denominador común en su comportamiento falsario y engañoso. Son muy dicharacheros y poco coherentes entre lo que hablan y lo que hacen. Se gastaron un dineral en la campaña para el referendo anticorrupción y cuando se estaban discutiendo en el congreso estas normativas brillaron por su ausencia. ¿Será que no es convenía que les quitasen el beneficio de casa por cárcel a los funcionarios que fuesen reos de actos de corrupción?

Algo similar sucede con el fulano de la bolsa y sus seguidores que se creen estandartes de la moralidad pero a renglón seguido salen pruebas en video de su accionar delictivo. Su parcero el novelista barato está inmerso en proceso de perdida de investidura debido a sus actividades en contra de las normas que rigen a los congresistas, pero no tiene empacho para afirmar que todos ellos se merecen que los tilden de ratas de alcantarilla. Se autocalifica y cree que lo hace bien, cuando su campaña se basó en el odio hacia un personaje público muy querido por el pueblo colombiano al afirmar que iba al congreso para propiciar su encarcelamiento.

Claro que después señalan a sus contrincantes políticos de polarizar a Colombia cuando estos, en el uso legítimo de la libertad de opinión, afirman que el proceso de apaciguamiento de los narcoterroristas fue un sainete que solo favoreció a los delincuentes y que la sociedad quedó secuestrada en el marco de unos acuerdos espurios implantados a la fuerza por una camarilla de jueces y congresistas que le siguieron el juego al peor presidente de la historia de Colombia.

Si nos vamos por el CR., encontramos que su política de supervivencia se basa en clientelismo caduco y corruptor heredado del antiguo partido liberal que fue la cuna de su fundador. Se quedó con los vicios y adquirió otros que lo mantienen en el escenario con un protagonismo en papeles secundarios puesto que su lastre no le permitirá ascender a uno protagónico. El más alto lo desempeñó en el gobierno untado hasta los tuétanos (sin vacuna posible) de dineros provenientes de coimas y sobornos de contratistas e industriales extranjeros que permearon sus campañas.

El moribundo partido liberal en manos del individuo que se ganó la presidencia en un entierro sigue caminado a la topa tolondra sin rumbo diferente a medrar por algún cargo en el gobierno para los protegidos del que llora y llora cuando critican a su hijito que firma sin leer.

En la U ni se diga pues hasta su nombre es usurpado y son de un cinismo tal que hasta se creen insobornables.

Este es el tipo de individuos que supuestamente deben aprobar las leyes en Colombia y cuando se trata de buscar la manera de combatir la corrupción son los que se salen por la tangente de muchas maneras y encuentran los caminos para torpedearlas.

Postre: Razón tiene Vargas Vil cuando asemeja al congreso con una convención de prostitutas para definir el camino a prohibir la prostitución.

Pluscafé. Los espejos en los que nos miramos distorsionan los valores y no parece que encontremos el camino de quebrarlos. Preferimos seguir mirándonos en ellos a pesar de los daños que nos causan. ¡Masoquistas que somos!



Opinión