Madrid, 22 feb (EFE).- La serie de fotografías 'Tigray. Cascading into Chaos' (Tigray. Cascada hacia el caos), que el argentino Eduardo Soteras inaugura el próximo 24 de febrero en Madrid, saca a la luz el conflicto que desangra el norte de Etiopía desde 2020 y que el mundo desconoce porque el gobierno de Addís Abeba dificulta la entrada de periodistas.

Soteras es uno de los pocos que tuvo acceso a la guerra de Tigray desde el primer día, aunque con muchas dificultades: "La primera vez estuvieron a punto de arrestarme y todas las demás incursiones fueron muy difíciles. Vi muchas cosas que no pude fotografiar, porque a menudo no me dejaron sacar la cámara", explica en una entrevista a EFE.

A pesar de los obstáculos, su proyecto rompe el bloqueo informativo y demuestra que "esta guerra, que el primer ministro de Etiopía dijo que iba a ser rápida y limpia, fue en realidad larga y salvaje, que las violaciones a mujeres y niñas se usaron como arma de guerra, que hubo fuerzas extrajeras involucradas, a pesar de que el gobierno etíope lo niegue, y que el conflicto sigue vivo porque se contagió a las regiones vecinas".

 

Premio Internacional de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña

Este trabajo de Soteras, galardonado con el Premio Internacional de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña de Médicos del Mundo, se podrá ver en el Centro Internacional de Fotografía y Cine de Madrid (EFTI) hasta el 27 de marzo.

Entre las fotografías expuestas está la de una mujer dentro de una casa de chapa agujereada por la metralla de los primeros bombardeos de la guerra de Tigray, en noviembre de 2020.

En aquel momento -recuerda Soteras-, el flamante nuevo primer ministro de Etiopía y Premio Nobel de la Paz, Abiy Ahmed, dijo que la recién iniciada guerra civil iba a ser una incursión rápida y sin sangre, pero lo cierto es que soltó la bestia sin saber como volver a atarla, y después no la pudo volver a atar".

"A partir de ahí, estallo la violencia en otras zonas", en una cascada de caos que da título al trabajo fotográfico de Soteras.

 

De la esperanza democrática a la violencia más atroz

La palabra 'cascada' es especialmente simbólica en un país que vivió la llegada al poder de Abiy Ahmed como una luz de esperanza porque prometió "una cascada de reformas democráticas, que resultaron ser medidas superficiales y frágiles", mientras que "la cascada de violencia fue mucho más real".

El propio Soteras creyó que Etiopía entraba en una nueva etapa de paz y prosperidad cuando llegó a Addís Abeba en 2018, hasta el punto que decidió tener allí su segundo hijo, "convencido que era un buen lugar par crear una familia", pero en los siguientes años el sueño se desvaneció.

La mecha prendió en Tigray en 2020 y dos años después, cuando la cifra de muertos ya era de más de 600.000 según la Unión Africana, se firmó un acuerdo de paz que no sirvió para acabar con la guerra civil, porque ahora es en la vecina región etíope de Amhara "donde se están cometiendo atrocidades sin que nadie las documente".

Contar lo no contado, tanto en Etiopía como en Gaza

Soteras abandonó el año pasado Etiopía y se fue a vivir a Kenia, donde decidió retomar un proyecto que inició tiempo atrás en Gaza.

"Lo estuve preparando desde Kenia y tenía que haber volado a Gaza en otoño, pero se retrasó y ahora ya no existe nada de lo que quería fotografiar, lo destruyeron todo", lamenta este fotógrafo, cuya familia procede de esta región del mundo y se siente estrechamente ligado a ella.

"Es importante contar lo no contado -comenta-. En Etiopía hay que estar porque nadie está. Gaza es lo contrario, es uno de los conflictos más documentados, pero hay cosas de las que no se habla, así que no descarto retomar el proyecto, pero no para relatar la guerra. No solo hay que contar guerras", añade Soteras, para quien no fue fácil ser en los ojos del mundo en Etiopía.EFE

 Rosa Díaz

Por: EFE

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