¿Qué tan razonable es pedir ser destruido con argumento de no querer sufrir?

Por: Nubia Leonor Posada González

En la última semana se han diseminado varios videos sobre la misma mujer por YouTube, en primer lugar, del canal “Caracol”, con la entrevista del domingo pasado a Martha Liria Sepúlveda, y otros ilustran algunas de las reacciones que ha causado. Esta mujer de 51 años, desde 2018 padece Esclerosis lateral amiotrófica (ELA), también denominada enfermedad de Lou Gehrig, en honor al jugador de béisbol de los New York Yankess, a quien se le diagnosticó en 1939 y murió en 1941 a los 37 años.

La Esclerosis lateral amiotrófica está, con las enfermedades de Alzheimer, de Huntington y de Parkinson, clasificada entre las patologías neurodegenerativas relacionadas con la edad.

Según la revista Neural Regeneration Research, del 8 de julio de este año, esta enfermedad consiste en “[…] la pérdida progresiva de la función de las neuronas motoras, en la corteza, el tronco encefálico y la médula espinal, lo que causa parálisis y muerte.” https://doi.org/10.4103/1673-5374.317960

No coincide con la lógica humana que, con argumento de que se defiende la libertad, se promueva que se utilice mal; hay que saber vivirla para que no se utilice atentando contra la integridad, salud, vida y pleno desarrollo de sí mismo y de otros seres humanos.

La eutanasia es un ataque mortal contra quienes sufren y contra el buen uso de la libertad, porque con esta práctica se aniquila el cuerpo humano impidiéndole así a la persona, la oportunidad de abrirse autónomamente a la realidad de su ser entero y su existencia completa, que incluye la infinitud de su perfección espiritual constituyente, cognoscible racionalmente como se ha hecho por siglos con la ayuda de la Filosofía, que lleva a comprender por qué la existencia de cada ser humano es un bien superior a la de los demás seres del universo conocido y, por eso, no es un bien sacrificable al deseo de este ni al de terceros, ni siquiera para huir del sufrimiento.

El padecimiento de una persona no acaba adelantando ella voluntariamente su muerte, por ella misma o con las acciones de terceros, como sucede con la eutanasia, porque las consecuencias espirituales de las propias decisiones tienen un impacto que es infinito y, en este caso, es un desprecio a la realidad corporeoespiritual que es el ser humano en el mundo conocido. La muerte por eutanasia es una agresión al cuerpo y al espíritu humanos y, por esto último, sus efectos pueden ser infinitos.

Un dato que llama la atención de Martha Liria Sepúlveda, es que dice que es católica y que piensa que Dios quiere que ella muera así porque no desea que sufra.

Es conocido a nivel planetario que en esta Iglesia, en la que se enseña que el único hombre fundador de una religión es también el mismo Dios, cada año se celebra la Semana Santa, en que no solo se recuerda su pasión y muerte, plena y libremente aceptadas, sino también su resurrección, festejada al final de dicha semana de celebraciones religiosas, en la noche del sábado al domingo, que es el primero de cuarenta días en que se apareció a distintas personas y luego lo vieron ascender al cielo hasta que lo ocultó una nube.

Fueron más de 500 los testigos de este hecho, algunos de los cuales prefirieron ser brutalmente torturados y asesinados, antes que negar la evidencia de haberle visto, escuchado, tocado y experimentado su mirada y sus palabras.

Para aclarar cualquier duda sobre la divinidad de Jesús, vale la pena leer la trilogía de Benedicto XVI, de la que el título del segundo libro en orden de aparición es “Jesús de Nazaret. Desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección”. Para una primera impresión puede servir la lectura de algunos de sus fragmentos en Google libros.
Hay diferencia en la actitud ante el sufrimiento y la muerte, cuando es Dios mismo el que se hace hombre enseñándonos a vivirlos, de un modo con el que se logran bienes que, por ser espirituales, no terminan, y que son superiores al siempre caduco cuerpo físico.

La intensidad de felicidad es proporcionada a la del bien que se posee. Si el poseído es el mismo Dios, cuando con la ayuda de Él se le hace caso y se vive su mandamiento “No matar”, se halla mayor felicidad viviendo con Dios una enfermedad y luego la eternidad, que perdiéndoselo eternamente por huir del sufrimiento de una enfermedad, siempre finito y reducible con los buenos cuidados del equipo de salud y de los familiares y amigos. No tiene sentido asumir fantasías diferentes a lo que el mismo Dios enseña y en lo que Él va por delante viviéndolo.

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En esta religión se enseña que la segunda persona de la Trinidad divina, sin dejar de ser quien es, asume la naturaleza humana y vive libremente el sufrimiento por amor, para liberar a otros de sufrimientos no solo físicos, que no son los más grandes, sino también espirituales, que pueden ser infinitos. Y enseña que podemos sumar nuestros sufrimientos a los suyos, por la misma finalidad por la que Él los vivió: se entregan bienes limitados y uno mismo y otros, reciben bienes ilimitados, sobrenaturales.

Evidentemente, esta mujer no se percata del valor que para Dios tiene que ella le permita hacerla feliz en esta etapa de la vida, en la que según la fe que dice profesar, se decide, con las propias intenciones y acciones, el modo de ser en la fase existencial que continúa, la que no termina.

Mientras algunos funcionarios públicos y ciudadanos hacen jurisprudencia, normas y noticias intentando hacer creer que no es delito destruir a un ser humano que solicita que lo maten, otras personas reconocemos que no existe deseo humano que sea un bien por el que se justifique sacrificar a un ser humano.

Un ejemplo de esto es el empeño investigativo, científico, tecnológico y asistencial, de los buenos paliativistas y demás personas que optan por una conducta profesional enteramente respetuosa de cada uno de todos los seres humanos durante su ciclo vital completo, y que por eso aportan conclusiones científicas con que se buscan soluciones a los problemas humanos diferentes a pretender acabar con ellos destruyéndolos. Algunos ejemplos de estos logros son los siguientes resultados:

En China, haciendo un tratamiento de estimulación a pacientes de ELA, en el primer año de presentación de síntomas de su enfermedad, los resultados sugieren que pueden producirse cambios en la respuesta a la estimulación nerviosa repetitiva antes de la denervación en pacientes con esclerosis lateral amiotrófica. https://doi.org/10.4103/1673-5374.320998

Se conoce que en las enfermedades neurodegenerativas hay disfunción en las mitocondrias de las neuronas, que son orgánulos necesarios para casi todas las funciones celulares y están muy deteriorados en estas enfermedades. Entre las ayudas para el cuidado de las mitocondrias, están “[…] los fármacos canónicos, los compuestos naturales, los suplementos, las intervenciones en el estilo de vida y los enfoques innovadores como el trasplante de mitocondrias y la terapia génica.” https://doi.org/10.4103/1673-5374.317960

Ya se ha identificado compuestos de las neuronas, como proteínas, que varían en su concentración cuando las personas padecen ELA.

También el 8 de julio se publicó en la misma colección, un estudio de revisión en el que se conoce por investigación en animales, que una sustancia denominada proliferador de peroxisomas 1-alfa (PGC-1α), puede servir como un potente enfoque terapéutico contra el desarrollo y la progresión del daño neuronal, y parece ser un factor clave en el mantenimiento de la supervivencia neuronal y la transmisión sináptica, que es la liberación en el extremo de la neurona, de sustancias llamadas neurotransmisores, con las que se generan impulsos que se transmiten habitualmente a una célula nerviosa, muscular o ganglionar, que reacciona químicamente concluyendo así el proceso de la sinapsis.

El mismo artículo relata que están en la discusión científica actual, nuevas formas moleculares identificadas en el sistema nervioso central, que parecen relacionadas con la función de protección contra el daño neuronal y que pueden tener un papel clave en la edad de aparición de las enfermedades neurodegenerativas. https://doi.org/10.4103/1673-5374.317957

Estas y múltiples investigaciones nos dan esperanzas de nuevas estrategias moleculares para el tratamiento de las enfermedades neurodegenerativas.

Además de estos avances bioquímicos y biofísicos, necesitamos que también los haya, en otros campos del saber, para conocer qué está causando espiritualmente la tendencia de personas a su autodestrucción fisica y a plantearse que el Estado debe proveerles de otros seres humanos que las maten.

Hay que erradicar plenamente este problema de autodestrucción parsonal, familiar y social, al reducir el valor de un ser humano al que cada uno desee darse y darle a otros, porque este error de dar por hecho que los seres humanos valemos menos que los deseos propios o los de los demás de nuestra especie, acaba con el respeto a cada uno durante su ciclo vital completo y con las familias y sociedades.

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Hay que cortar con la amenaza, más mortal que algunas enfermedades autoinmunes, de promover que los seres humanos se vean como meros ejemplares veterinarios destruibles si es su deseo o el de terceros lo determina.
También quienes se plantean morir solicitando que otros los maten, pueden preguntarse cómo están viviendo la responsabilidad de evitar ser diseminadores de esta falsa y antihumana “solución” mortal contra la realidad inevitable de todo cuerpo vivo, de enfermar y morir, y de todo ser sensible, de sufrir.

También es cuestionable que se haga difusión de cualquier modo -eso no es reponsabilidad profesional ni ética social-, de conductas compatibles con socializar manipulaciones que, por su descontextualización, pueden hacer daño a otros, por ejemplo, cuando Martha Liria Sepúlveda afirma “repito, Dios no me quiere ver sufrir a mí y yo creo que a nadie, ningún padre quiere ver sufrir a sus hijos”.

El sufrimiento no es un querer directo de quien sabe amar, pero quen ama, como hizo el único hombre que es también Dios, sabe sufrir por amor -si hace falta, con sufrimiento extremo como nos enseña la religión de Martha que nos dio ejemplo Dios personalmente-, en vez de optar por su destrucción o la de terceros.

Más importante que lo que nos pasa, es lo que podemos aprovechar para amar aún mejor. Y todavía más relevante, es que no nos destruyamos por la cobardía de evadir el sufrimiento que implica, en la dotación natural humana, desarrollarnos plenamente como personas.

Hemos visto que los investigadores en salud hacen avances respecto a cómo evitar y curar o al menos paliar, la enfermedad ELA, pero todos debemos plantearnos cuál es la enfermedad social que está causando nuestra insensibilidad ante la destrucción de seres humanos a través de la difusión de productos culturales con los que se evidencia la falta de formación antropológica, histórica, filosófica, religiosa, ética, bioética y sociológica, que el Estado y la sociedad entera, deben procurar en todos los ámbitos de la convivencia humana.

En el Artículo 11 de nuestra Constitución Política se lee: “El derecho a la vida es inviolable. No habrá pena de muerte.” http://www.secretariasenado.gov.co/index.php/constitucion-politica Esto significa que en Colombia no es constitucional matar, ni siquiera como pena a los mayores daños que puede hacer un ser humano a sí mismo y a otros. Es evidente que la eutanasia es violar el derecho, inviolable constitucionalmente, de cada ser humano a su vida.

Llama la atención que el abogado de esta mujer, según uno de los videos del canal Caracol sobre ella, afirme que la eutanasia es una forma de ejercicio de los derechos constitucionales. Es un hombre que usa un lenguaje jurídico, contradiciendo la Constitución Política, en su pretensión de justificar su promoción de la destrucción de una mujer.

Violar el derecho a la vida -matar- es destruir a un ser humano en Colombia y es contradecir nuestra Constitución Política, que no se debe manipular ni subordinar, a las múltiples contradicciones de sus intérpretes y ejecutores que promueven matar con argumento de que sufrir cansa. ¡Claro que cansa! Pero hace falta saber mirar más allá del mero deseo, descontextualizado del bien en que consiste cada ser humano, y del cansancio existencial, que también están descontextualizando y que puede darse incluso sin sufrimiento.

Hay que arremeter a procurar una educación diferente en todos los niveles de escolaridad, que permita conocer el sentido de la vida, que no es no sufrir, y que lleve a aprovechar incluso el sufrimiento cuando es necesario, para lograr el pleno desarrollo humano por el único modo alcanzable: amando a plenitud, que significa, con orden.
Esta es la condición humana y no se cambia destruyendo a seres humanos, sino ayudándoles a ser felices, también cuando es inevitable sufrir.

Nunca es ni será razonable, pedir ser destruido con argumento de no querer sufrir. El cariño y los mejores cuidados, son lo que merece quien sea humano y es lo que hace mejores personas a quienes se acogen mutuamente así, en este mundo y en el modo como seremos en nuestra vida espiritual infinita, que aquí nos lo procuramos, ojalá siempre, con nuestras decisiones responsablemente libres.

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