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Desde el desayuno se sabe…

Por: Iván de J. Guzmán López

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El rifirrafe de los candidatos a la presidencia de Colombia (¡nada menos y nada más que a la presidencia de Colombia!) consiste básicamente en sacarse los trapos malolientes de unos y otros, a cualquier hora del día y de la noche, sin respetar audiencia. No hay ninguna argumentación o propuesta sólida, que le diga a los electores, por quién se debe votar.

El prestigioso filósofo de la Universidad de Harvard, Michael Sandel, experto en temas de ética, moral y asuntos económicos, políticos y sociales, advirtió hace poco que Colombia “está enfrentando los desafíos de una sociedad cuya economía y democracia apenas han vivido éxitos parciales”. Y agregó que: “las peleas personalizadas entre sus líderes políticos aumentan la frustración de la gente. Cuando la política consiste en disputas individuales, la población se hunde en la amargura…, roban espacio a los intereses de los ciudadanos”.

Sin duda, el estudioso de Harvard, pone el dedo en la llaga. Y mientras la clase política criolla cree que las fronteras ocultan la corrupción, las promesas sin posibilidad real y toda suerte de porquerías que afectan la democracia, sumen al ciudadano en el más profundo y peligroso descreimiento de las instituciones. ¡Estos son los verdaderos enemigos de la democracia!

A esta palabrería de cocina, sin tesis alguna que le digan al ciudadano que estamos ante un verdadero estadista a quién debemos apoyar y votar por su programa de gobierno, debemos sumarle los escándalos vergonzosos, inverosímiles, diría yo, como el protagonizado por el hermanito de Gustavo Petro, el señor Juan Fernando Petro. Él mismo confirmó que en su visita a la cárcel La Picota, se habló de la propuesta de Gustavo Petro, sobre el “perdón social”.  

¡El hermano del candidato presidencial por el Pacto Histórico señaló que no habrían excluidos en el perdón social!, independiente de si el perdón social es para delincuentes de la más baja calaña como Samuel e Iván Moreno Rojas, cuya multimillonaria defraudación a Bogotá, siendo autoridades de la capital, la dejaron sumida en la peor crisis económica y administrativa de que se tenga noticia, y a Colombia en el peor ranking mundial de corrupción. “Cuando hablamos de perdón social, el concepto mismo filosófico del perdón social es incluir a todos, a todos. No tendría sentido hablar de perdón social si parte de la sociedad queda excluida”. 

Es decir, ¡los corruptos son sociedad; nunca, antisociales! Y ni qué decir de los demás detenidos por corrupción y defraudación al Estado, distintos a los hijitos del excongresista Samuel Moreno Díaz y de la excandidata presidencial María Eugenia Rojas.

Los personajes visitados, estaban ocultos por mucho tiempo bajo el velo que cubría la corrupción más descarada en anteriores administraciones, y no fue poco el esfuerzo que hicieron algunas instituciones del Estado para ponerlos entre rejas, sorteando miles de artimañas fraudulentas, leguleyadas al por mayor, y, seguro, hasta sobornos para eludir la justicia, sin lograr, al menos, el oscuro vencimiento de términos, la figura más más vergonzosa que un Estado de Derecho, pueda sostener. Hoy, a puertas de una elección presidencial, son más detestable estos comportamientos y estas tentativas de “diálogos sociales”, porque la patria no se construye negociando con lo más descompuesto que pueda tener, y para más vergüenza, delincuencia entre rejas.

Ante este tipo de propuestas, que dice claramente “cómo será el almuerzo” con ciertos candidatos en la majestad de Bolívar, es un imperativo democrático, ético y social, el que cada ciudadano se levante en decidido apoyo a los organismos y personas encargadas de atacar la corrupción. Recordemos que lo más doloroso de una democracia es ver cómo los ciudadanos se muestran pasivos ante las lacras sociales, entre ellas la corrupción, que llena los bolsillos de unos cuantos y sume en la pobreza a la Nación entera y a las personas honestas.

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