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Opinión

Del Estado, el congreso y nuestras instituciones

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William R Herrera

William R Herrera

Colombia es conocido como el país con más larga tradición democrática en América Latina. Es un país que cuenta con división de poderes, donde se celebran elecciones periódicas y donde la ciudadanía goza de ciertas libertades civiles, políticas y económicas que no existen en otros países de la región. Pese a ello, es una democracia frágil que está lejos de ser perfecta.

Nada más al analizar el funcionamiento del Congreso de la República las fallas se hacen evidentes. Tanto Cámara como Senado están diseñados para no funcionar: el exceso de legisladores, tramites e iniciativas no hacen más que entorpecer su funcionamiento. De hecho, estudios de la Universidad de la Sabana indicaron que el 30% de las normas expedidas por el Legislativo son inútiles y además tienen impacto fiscal.

Una problemática que ayudó a dimensionar el Ministerio de Justicia al indicar –el presente año-, que en Colombia existían 11.317 leyes inservibles que debían ser depuradas en beneficio de la ciudadanía, el sector público y privado.

Llama la atención, que en países como Alemania el “Bundestag” o parlamento alemán, expide a lo sumo 6 leyes anuales. En contraste, entre el Congreso de Colombia, Gobierno Nacional y agencias gubernamentales, expidieron 97.000 normativas nuevas durante los años 2000 y 2017. Cifra desorbitante si suponemos que el Estado funcionó 7 días a la semana, 365 días al año durante 17 años, expidiendo 15 normas diarias ¡Sin parar!

Urge que la clase política colombiana –en especial la relacionada con la expedición de leyes, resoluciones y decretos-, deje de crear, ampliar y/o complejizar la reglamentación vigente. Hace falta que en diferentes instancias del poder público estén funcionarios dispuestos a promover los cambios que el país necesita. Unos que pasan por simplificar, digitalizar y volver accesible las diferentes dependencias del Estado.

Ojalá el Congreso reduzca en 100 el número de parlamentarios. Por ejemplo, el Senado podría suprimirse sin alterar mayor cosa el funcionamiento del sector público. Además, sostener 280 parlamentarios no sólo es innecesario, sino costoso para la Nación.

Si el Legislativo desea hacer historia y recuperar parte de su credibilidad perdida, deberá prestar oído a este tipo de lecturas. Durante años los “padres de patria” han enfrascado al país en discusiones estériles, han legislado sobre temas fútiles y debilitado nuestras instituciones ¡Llegó la hora de depurar! ¡Eliminen normas vanas! ¡No debatan sobre formas, traten temas de fondo!

De no hacerlo, el descontento popular seguirá creciendo, el Estado seguirá siendo una carga para Colombia y muy probablemente proyectos antisistema seguirán haciendo eco entre amplios sectores sociales que en los últimos años le han apostado a políticos cuyas formas de hacer y entender la política podrían dañar –incluso más-, nuestras frágiles instituciones.

@Will95H

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