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    miércoles 29 - enero 2020

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    Confieso que fui Fajardista….sí, incluso antes que muchos de ustedes!


    Maximiliano Valderrama

    He sido Uribista desde hace mucho rato (desde los tiempos de la Ley 50),  con una real convicción qué va mucho más allá de la gratitud infinita que siento por él, al haber demostrado que este país lleno de oportunidades, con “mano dura y corazón grande”, tiene viabilidad. No obstante a lo anterior, quiero confesarles algo que pocas personas saben: fui por un tiempo y de manera cierta Fajardista.

    Maximiliano Valderrama
    Maximiliano Valderrama

    Corría el año 2003 y sin buscar beneficios laborales y de manera muy real, le hice personalmente campaña al hoy Gobernador de Antioquia Sergio Fajardo, cuando aspiraba él a ser Alcalde de Medellín. Dicha ayuda le llegó de carambola cuando decidí apoyar a un amigo de la universidad: Mauricio Tobón, y a dos amigos de mi hermano: Federico Gutiérrez y Juan Camilo Quintero.

    Como es la vida, recuerdo que unos días antes de ganar las elecciones, me convidaron a participar en una fiesta de cierre de campaña en una discoteca en las Palmas; allí  brindé (desinteresadamente) tanto con el futuro Gobernador Aníbal (a quien había conocido unos meses atrás en una reunión del partido Liberal en el Intercontinental),  como con el Alcalde Fajardo. Todo ello antes de estar atento y activo el día de elecciones, donde incluso llegué a estar muy pendiente hasta altas horas de la noche, en lo que muchos conocen como “el conteo de votos”….y hasta ahí llegó mi apoyo en dicha contienda electoral, apoyo que jamás cobré por ventanilla como aquellos jóvenes (en ese entonces lo era), que embelesados por la política más por necesidad que por vocación, hoy lo suelen hacer esperando una ¨coloca¨.

    Me alejé un poco de la política, pero sin ser ajeno a los problemas que veía en la ciudad, relacionados estos con un área que muy bien conozco: servicios públicos y el sector de las telecomunicaciones, y así se los manifestaba permanentemente, a través de correos electrónicos tanto a Mauricio como a Federico.

    Llegó 2007 y empezó un divorcio de aquella unión de hecho que tuve con una administración o con un Gobernante y ello, a raíz de un tema que siempre me inquietó: la compra por parte de EEPPM de una empresa cuyo mayor activo, curiosamente no estaba en el negocio en el cual se desempeñaba, sino en su marca (de la cual hoy no existe rastro, excepto por un negocio overseas que tengo entendido van próximamente a cerrar), y que estaba siendo sobrevalorada para favorecer a no sé quien, por un gerente-títere del “poder tradicional” (ese, el dueño del país), ante el cual no importaba que se tasara una suma muy superior a la de su negocio principal, con unos argumentos de una tecnología punto multipunto, que yo, con mi conocimiento, sabía que no tenían sustento (que hoy es parte de los argumentos ya recalentados,  con los cuales Bernardo Guerra da palo como si fuese una piñata clientelista).

    La verdad a mi no me dieron de niño ni una dosis de “quédese mejor callado”, y por ello, además de enviarles sendos correos con mis argumentos a “mis” dos concejales amigos (uno de ellos usó muchos de mis conceptos en sus debates),  me puse a abrir mi bocota virtual en las incipientes pero crecientes redes sociales de ese entonces…ah palo el que me empezaron a dar, incluso por ello fui hasta tema en un “consejo de gobierno” donde a mi hermano (quien no tenía velas en este entierro) le dijeron: “calle a su hermanito”.

    Es curioso sentir cómo, cuando se está cerca de la movida política, por el interés de servir sin cargarle ladrillos a nadie, haciendo el trabajo sin las consideraciones tradicionales de aquellos políticos “fabulantásticos”, se puede uno desencantar de una persona a la cual admiré como Alcalde y que hoy por esa rabia enfermiza que siente contra lo que tristemente se dá en la tierrita y que toca administrar mientras cambia, se haya desenfocado tanto o más  que aquel Anakin convertido en Darth Vader….Darth “Verde”.

    Es increíble cómo una persona que sin lugar a dudas representaba la esperanza de muchos jóvenes que no estábamos detrás de sus enagüas por un puesto (y de algunos otros que trabajaron con él en puestos de primera línea), haya cambiado hasta tal punto, que se parece más cada día que pasa, a todo aquello que alguna vez criticó.

    Esta confesión es la que, a diferencia de muchos sectarios imberbes y/o pecosos e/o idiotas útiles, me permite hoy, además de mi labor transparente en lo público, criticar de frente y con argumentos a una administración que dista mucho en la práctica, en fondo y forma, de ser la más educada.



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