Con café también se escriben historias exitosas de retorno a Colombia

Esperanza lidera junto su hijo, Ivanov Castellanos, y la esposa de este, Ángela María Suárez, un equipo que cultiva, respira y piensa en las potencialidades de este grano, del que Colombia es el primer exportador mundial del tipo suave lavado. EFE
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Esperanza lidera junto su hijo, Ivanov Castellanos, y la esposa de este, Ángela María Suárez, un equipo que cultiva, respira y piensa en las potencialidades de este grano, del que Colombia es el primer exportador mundial del tipo suave lavado. EFE

De Washington DC a Manizales fue la ruta que recorrió una familia colombiana que, tras años de vivir en Estados Unidos, decidió volver a la tierra y encontró en el café una oportunidad para recomenzar y exportar.

Lo que se inició como una apuesta para esta familia, que sin mayor conocimiento del campo decidió reunir los ahorros de años en Estados Unidos y comprar un terreno en Colombia, es hoy Café Tío Conejo, una pequeña empresa que camina bajo la tutela de la reputada escuela estadounidense de emprendimiento Babson College.

Tras un recorrido de unos 30 minutos desde Manizales, que incluye una empinada y zigzagueante vía que solo se puede recorrer con vehículos de doble tracción, se llega a esta finca, de apariencia tradicional, que combina una producción basada en el respeto a los procesos naturales, con una estrategia clara de comercialización.

«Nos concentramos en los cafés especiales, en nuestro caso, en aquellos que lo son por el sabor de su taza, la cual se valora según metodología usada por los catadores)», explicó a Efe Esperanza Cárdenas.

Esperanza lidera junto su hijo, Ivanov Castellanos, y la esposa de este, Ángela María Suárez, un equipo que cultiva, respira y piensa en las potencialidades de este grano, del que Colombia es el primer exportador mundial del tipo suave lavado.

Y aunque ahora el objetivo de mercado es claro, llegar a ese punto fue una mezcla de suerte y visión de largo que ha recibido el respaldo del programa para emprendedores Manizales Más.

«Después de comprar la finca, enviamos muestras de nuestros primeros granos a Estados Unidos para que fueran analizados por expertos y allí nos confirmaron que nuestro café era especial y de un alto valor en el mercado», relata aún con incredulidad Esperanza, en lo que sirvió de punto de partida para orientar la producción.

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Es así como en la actualidad cultivan cafés de las variedades Gesha, Tabi, Caturra y Borbón, y, mediante un estricto proceso de lavado y secado por lotes, aseguran la trazabilidad del grano.

Al mismo tiempo han incursionado en los procesos de granos «honey» (enmielados) y «naturales», en la búsqueda de nuevos sabores apetecidos por los conocedores y que pueden llegar a tener un alto valor en el mercado.

Según estos emprendedores, una libra del café tradicional que se produce en la zona puede costar entre 1,30 y 1,50 dólares en el mercado internacional, mientras que los especiales se pueden ubicar por encima de los cinco dólares.

Y es que este cultivo, según recordaba el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, el pasado 11 de julio en la instalación del Foro Mundial de Productores de Café, es un poderoso impulsor «del crecimiento económico» y «creador de prosperidad para el campo y para las familias que allí trabajan».

Para el caso de los cafés especiales, la propia Federación Nacional de Cafeteros (FNC), que reúne a más de 550.000 productores, ha señalado su interés de fortalecer este segmento, al indicar que es que «es el más crece en el mundo».

Pero además en esta finca, bautizada en honor al habilidoso personaje del «Tío Conejo» quien en las fábulas infantiles y en las historias populares logra sortear con ingenio las situaciones más complejas, el café no solo es un producto agrícola sino un tema inagotable de conversación y aprendizaje para los visitantes.

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«Si busca piscina, se equivocó de lugar», aclaró Esperanza, quien explicó que «Tío Conejo» también ofrece a los visitantes recorridos por sus sembrados con una detallada explicación del proceso de producción y la posibilidad de alojarse en una casa típica de la región.

Muy pronto tendrán listos los senderos para el avistamiento de aves, ya que ha aumentado la presencia de especies en esta finca que tiene entre sus prioridades la conservación del medioambiente.

El secreto en los últimos siete años, según confiesa este equipo, que incluye a Johana Santos y a Efraín Castellanos, quien con la dedicación de un maestro relata el recorrido desde el grano hasta el café empacado, ha sido la perseverancia que les ha permitido superar las «inocentadas» cometidas en el inicio, como aquella de su primera exportación.

Dicha operación, que en ese entonces tenía como objetivo entregar café colombiano como presente a varios amigos en Estados Unidos que luego se convertirían en clientes, «nos salió más costosa de lo normal», admitió Esperanza, que aún recuerda que la entrega, prevista para Navidad, llegó con varios días de retraso.

Hoy la historia es otra y Tío Conejo no solo garantiza la exportación de su propio café en verde, sino que reúne la producción de cultivadores locales que deseen vender en el extranjero.

Además, cuida rigurosamente el proceso de tostado de sus granos para ofrecer, tal como dice su eslogan: «Un café de fábula que no es cuento». Manizales (Colombia), 30 jul (EFE) | Laura Barros

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