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La ciudad se ahoga en basuras

Por: Iván de J. Guzmán López

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Se cuenta que Ernest  Hemingway escribía despacio, y algunos trozos los repetía una y otra vez.

—Saber lo que se quiere decir no es difícil —decía—. Lo difícil es cómo decirlo.

Esto mismo nos ocurre a muchos periodistas. Por lo menos a mí me ocurre cuando quiero escribir sobre el Centro de Medellín. No sé cómo decirlo, porque lo he hecho de diversas maneras, en distintas épocas y con lenguaje disímiles. Pero parece ser que ni la flamante gerente del Centro, y mucho menos el alcalde Quintero, se dan por aludidos, comprenden o se dan cuenta del desmedro inverosímil.

Cada día se observa el deterioro acelerado del Centro. La ciudad se ahoga en basuras, y nadie responde; nadie toma cartas en el asunto; parece que las Empresas Varias ya no existen, o no cuenta con recursos o no les pagan, porque a quienes conocimos y vivimos y gozamos en la otrora llamada La Tacita de Plata, La Ciudad de la Eterna Primavera,  La Ciudada de las Flores, nos causa vergüenza literal transitar por cualquiera calle de la ciudad.

En el portal https://www.emvarias.com.co se lee: “Empresas Varias de Medellín, es una compañía que ofrece soluciones integrales en temáticas de aseo público, recolección especial, disposición final y gestión integral de residuos sólidos. En la ciudad de Medellín abandera proyectos de aprovechamiento y recuperación como: Puntos Naranja”.

No sé si Empresas Varias opera en Medellín, o en Medellín de Extremadura, el bello municipio y localidad española de la provincia de Badajoz. Me parece más bien que “trabaja” en las calles y parques de Medellín de Extremadura, porque en mi Medellín, la capital de Antioquia, no parece laborar. Baste para ello, caminar por Junín, especialmente entre Colombia y nuestra hermosa Catedral, pasando por la vergüenza sanitaria del denominado Parque de Bolívar.

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Y lo grave es que hoy,  Medellín, no sólo padece de montañas de basuras por sus calles, independiente del barrio que se mire: La avenida El Poblado, La 80, Colombia, la 76 en Belén… Lo horroroso es que esas mismas calles, peatonales o no, se han convertido en parqueaderos de todo tipo de carros, de cientos de motos (en la calle Maracaibo, he llegado a contar 120 motos ocupando un carril completo), tendidos de contrabando y cachivaches, cientos de carretilleros cada uno armado de megáfonos. Decenas de “Cantantes con orquesta” o bafles gigantes que potencian voces estentóreas,  produciendo un ruido infernal.

Nuestro Metro, orgullo de la ciudad, ve convertido sus bajos, desde Prado hasta la Alpujarra, en orinales a cielo abierto, tendidos de toda suerte de quincalla, objetos viejos y venta de alucinógenos ofrecidos al menudeo, sin dios ni ley, promocionados y ofrecidos como si de vender artículos de panadería se tratara.

Súmele al panorama caótico y vergonzoso, las bandas delincuenciales actuando a sus anchas; la mínima presencia de los agentes del Tránsito, echándole la culpa de la ocupación de las vías a las decenas de agentes del Espacio Público que deambulan en grupos de 4 y 5, sin resultados a la vista o actitud de defensa del espacio público.

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El periódico El Colombiano, ha venido denunciando cómo “el parque Botero ha sido uno de los más afectados porque sus estructuras han sido desvalijadas y se lo ha ido tomando gran parte de la descomposición social”. Igual cosa ha hecho el periódico Epicentro ¡y nada!

Nada parece importarle al alcalde, porque sus ocupaciones en Bogotá no le dejan espacio a su  cargo de alcalde de Medellín. La gerente del Centro, no da cuenta de ningún plan o propuesta de trabajo por el centro; no sabemos qué dice, qué piensa, qué hace.

Si el libertador Simón Bolívar pudiera hablar, estoy seguro que pediría traslado inmediato, por la descomposición y el abandono del Parque de su nombre; si el doctor Pedro Justo Berrío, pudiera bajar de su pedestal, no le temblaría la mano para actuar sobre lo que ve, huele y escucha.

Mirar a Medellín, es recordar a Jorge Robledo Ortiz: “Hubo una Antioquia sin genuflexiones, / Sin fondos ni declives. / Una raza con alma de bandera, / Y grito de clarines. / Un pueblo que miraba a las estrellas / Buscando sus raíces…

Siquiera se murieron los abuelos / Sin ver cómo afemina la molicie.

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