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Candidatos responsables

Por: Iván de J. Guzmán López

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Los electores tenemos que comprender que la obligación de un candidato, es decir la verdad. Y esa verdad tiene que ser obligatoria, en grado superlativo, si la aspiración es a la presidencia de la república. Sus “promesas” tienen que ser coherentes con la realidad del país, para poder transformar esa realidad; para poder mejorar al país.

De otra forma, está mintiendo de manera descarada, vulgar e irresponsable. Un candidato tiene que ser respetuoso con la ciudadanía, responsable con Colombia, decir la verdad: la verdad, para que sus adeptos por naturaleza tengan la firme convicción de que están eligiendo para bien de todos; la verdad, para poder atraer a aquella franja de electores que inicialmente no logró captar.

La vida de una comunidad o de una nación, como Colombia, no puede estar en las manos de mitómanos, de mentirosos compulsivos, porque así va a ser su gobierno o su desempeño: una gestión de mentiras y decisiones amañadas que sólo irán en beneficio de unos pocos y en detrimento del bienestar de millones de personas, aparejado este detrimento a la pérdida de la institucionalidad y al debilitamiento del Estado. Mentir siempre será una irresponsabilidad, una falta de respeto, una falta de amor por Colombia, la cuota inicial de un mal gobierno.

A propósito de lo dicho, viene a mi recuerdo esa hermosa y contundente reflexión de José Saramago, el celebrado Premio Nobel de Literatura portugués, cuando, en un texto magnífico como Cuadernos de Lanzarote, afirma: «Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos, sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir”.

Mentir a un pueblo como el colombiano, que viene padeciendo la violencia desde el desembarco español mismo, no está hablando de ninguna memoria, y menos expresando claramente la responsabilidad asumida. Estos candidatos deberían entender (al igual que los electores potenciales de un país), que sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir.

La revista Semana, en su edición virtual del miércoles 16 marzo 2022, cuestiona algunas propuestas “a la ligera” del candidato Petro, “en parte, porque Colombia está en un escenario complejo, con un alto crecimiento de la economía en 2021 (10,6 por ciento), pero también con amenazas internas y externas en 2022.

Para la muestra solo hay que exponer un par de datos: la tasa de desempleo promedio de 2021 fue de 13,7 por ciento, y la pobreza monetaria, según la última medición, era de 42,5 por ciento. Así, un mal paso puede llevar a profundizar más los problemas”.

Las propuestas del citado candidato, plantean “la terminación de la exploración de petróleo, la emisión de billetes, la eliminación de la estratificación socioeconómica con la cual se organiza la sociedad y la aplicación de aranceles a importaciones para proteger la producción nacional”.

Y de contera, últimamente, le dio por “meterle la mano” a las pensiones de los colombianos, como si estas fueran dineros públicos, desconociendo que son ahorros de 30, 35 y hasta 40 años de vida laboral de cada uno de los compatriotas pensionados, a más que del esfuerzo de sus empresas que sagradamente cumplieron con la ley y consignaron puntualmente la obligación a un Fondo.

Podríamos examinar a otros candidatos “transparentes y decentes”, que tiene tras de sí una cola de cuestionamientos, investigaciones y descalabros administrativos más larga que la del cometa Halley, según pude observar en 1986, cuando se registró su último paso por la Tierra.

Lo delicado e incomprensible del asunto es que estos candidatos llevan arrastrando la cola desde hace 20 y hasta 30 años, y sus electores, sin memoria y sin responsabilidad, siguen depositando el voto, permitiéndoles alguna vigencia y obligándoles a seguir arrastrando semejante vergüenza, año a año.

Para continuar citando a Saramago, traigamos a recordación otra frase suya, que la encontramos en su novela de 1997, Todos los nombres: “La vida es como los cuadros, conviene mirarlos cuatro pasos atrás”. Yo diría que no sólo a los cuadros conviene mirarlos cuatro pasos atrás, también a algunos candidatos que proponen nacionalizar el solomo extranjero, para que el pueblo lo tenga más barato en su mesa.

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