'Con Valentía'

Café con sabor a coca

Por Valentina Vélez

El café colombiano, con su inigualable aroma y sabor, despierta cada mañana miles de hogares alrededor del mundo. Por décadas consagrado como nuestro producto insignia, le abrió las puertas del mercado mundial al país como una potencia cafetera. Gracias a la calidad única del café colombiano, nuestros caficultores iniciaron la cotización de este bendito producto en la bolsa de Nueva York.

Su precio en el mercado internacional ha fluctuado a lo largo del tiempo alcanzado picos históricos, como en 2010 cuando la exportación de 7,8 millones de sacos alcanzó la cifra de USD$2.200 millones. Lastimosamente, las crisis en el sector no han sido ajenas, la mas recordada en 1989 con la terminación del pacto cafetero, y hoy, 30 años después, la situación de nuestros caficultores vuelve a ser insostenible.

La crisis actual es consecuencia de diversos factores como los altos costos de los insumos, deudas impagables, el precio del dólar, la falta de una política económica que asegure condiciones de competitividad de nuestro café y, la más preocupante, los cultivos ilícitos.

El incremento en los costos de los insumos agropecuarios han sido significativo en el ultimo año, por ejemplo el precio de los fertilizantes, herramienta clave para mantener productivos los cafetales, ha incrementado alrededor de un 25%. De igual forma, los costos de mano de obra se han encarecido, hoy oscila en los $ 350.000 pesos diarios por hectárea.

Las anteriores circunstancias han generado un atraso en el pago de las deudas de los caficultores, teniendo una cartera vencida de $ 100.000 millones de pesos. Por su parte, la devaluación del peso colombiano frente al dólar, a pesar de mejorar el precio interno del café, supone una caída de nuestro producto bandera en el mercado internacional.

El pasado mes de marzo se registró el precio más bajo en la bolsa de Nueva York en los últimos 13 años, US $ 0,96 por libra, obligando al gremio cafetero a considerar la posibilidad de retirar la cotización del café colombiano de la bolsa. Lo anterior, trae consigo condiciones desfavorables de competitividad para el cafe colombiano frente a otros mercados, como el brasileño, que gracias a la competitividad de su tasa de cambio, se mantiene a salvo de la crisis.

Por último, y lo mas alarmante, las cifras de cultivos ilícitos empezaron a incrementar en 2015 luego de la decisión del anterior gobierno de prohibir la aspersión aérea, lo que frenó la lucha contra la maldición mas grande que hemos cargado en nuestra historia, la cocaína. Mientras que en 2010 se reportaron alrededor las 140.000 hectáreas erradicadas, para 2017 sólo 52.000 hectáreas fueron erradicadas. Como consecuencia de esta deficiente política de lucha contra el narcotráfico, en el 2017 finalizamos con 171.000 hectáreas cultivadas de coca y, a pesar que para ese mismo año se cultivaron 900.000 hectáreas de café, los millones de dólares facturados por la actividad narcotica ilegal no tenían competencia.

Adicionalmente, el famoso Fondo de Estabilización de Precios del Café no le reporta beneficio alguno al pequeño caficultor, pues son los grandes exportadores los que administran los recursos, mientras que los cultivadores ilícitos reciben, gracias al acuerdo de paz firmado entre el gobierno Santos y las FARC, $35 millones de pesos a través del Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos Ilícitos para una supuesta transición a proyectos productivos, lo que ha convertido al programa en un incentivo perverso para que otros campesinos se metan en el negocio de los cultivos de coca.

Consecuencia de lo anterior, nuestros caficultores han venido cultivando a perdida y la alta calidad de nuestro café, que sirvió como trampolín para el crecimiento económico del país, dejó de ser garantía de buenos precios. Sin soluciones de fondo y los cocaleros llenándose de plata, nuestros caficultores están destinados a la quiebra o a convertirse en cultivadores ilícitos.



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