Biopolímeros, un inminente problema de salud pública

Por: Surany Arboleda Arias

Los biopolímeros, en la primera década de los años 2000, se convirtieron en el aliado de muchas mujeres que buscaban la perfección de sus cuerpos. Somos millones de mujeres en Colombia las que recurrimos a ellos para poder encajar en estándares de belleza que en aquella época se nos imponían y estaban de moda, como ser voluptuosas. En mi caso, y reconociéndolo públicamente en las conferencias de Mujeres Valientes, lo digo claro: soy portadora de biopolímeros.

Caí en ese garrafal error de los estereotipos de belleza y, además, rellené mis labios para tapar una deformidad que me había quedado como consecuencia de un ataque, pero que muchos años después supe que fue peor la solución y tuve que operarme para poder retirar el material con los restos de biopolímeros y recuperar así la sonrisa que había perdido, sigo conservado restos de este veneno en otra parte de mi cuerpo, no lo niego y espero muy pronto poder también retirarlo y poder darle un final feliz a esa parte de la historia de mi vida.

Este tema tiene que hablarse claro y sin mojigatería; hoy los biopolímeros se convirtieron en un problema grave en muchas mujeres y hombres. Muchas de nosotras caímos en esa trampa. Estas sustancias no tenían restricciones y poco o nada se conocía de sus contraindicaciones años atrás. El afán de querer encajar en los estándares que la sociedad de consumo nos exigían a las mujeres nos llevaba a optar por ese tipo de alternativas, pero hoy ya somos conocedoras de ese juego en el que la falta de carácter y la falta de amor propio ya no nos hacen caer y que, por el contrario, lo transformamos en empoderamiento femenino. Superamos la desinformación inicial y la convertimos en empatía femenina.

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Este veneno era introducido en diferentes partes de nuestro cuerpo; creímos que dicha sustancia era colágeno —como se le conocía en ese tiempo— y que además era la solución a todos nuestros problemas. Nuestros cuerpos se verían eternamente bellos, pensábamos. Con lo que no contábamos era con que además de causar afectaciones a nuestra salud, para poder recuperarnos de los daños que se nos causara incurriríamos en gastos altos con las intervenciones quirúrgicas para el retiro de la sustancia, ya que no son cubiertos por los planes obligatorios de salud.

Hablé con el doctor Carlos Ramos, médico cirujano plástico, un convencido de que los biopolímeros son un problema de salud pública. Hoy muchas mujeres y hombres padecen deformaciones, dolores, problemas de salud agudos; personajes públicos como Yina Calderón padecieron del mal de los biopolímeros: “Con ella viví un caso de extracción donde le practiqué una cirugía de retiro de biopolímero, técnica de extracción abierta, alas de mariposa”, cuenta el doctor Ramos.

Esta es una técnica única en el país que viene posicionándolo por el éxito en cada uno de sus procedimientos, desarrollada luego de muchos años de estudio debido a la cantidad de pacientes con este tipo de complicaciones y hoy el doctor Carlos Ramos es como un rayo de esperanza para muchas mujeres que deseamos retirar ese veneno de nuestros cuerpos.

Otro caso muy mencionado es el de la modelo Elizabeth Loaiza. Ella ha contado públicamente su proceso con los biopolímeros para sensibilizar sobre los riesgos y las complicaciones que suceden al usar sustancias no aptas para el cuerpo humano y aún más sin contar con el requisito del aval del Invima. Ella le ha contado abiertamente al país cómo han tenido que someter su cuerpo a una intervención quirúrgica dolorosa y que además viene de recuperarse de un cáncer. Ambos procesos han sido exitosos, pero no todas las mujeres cuentan la misma historia.

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Gran porcentaje de las y los inyectados con biopolímeros no lograrán la reconstrucción estética de sus cuerpos o zonas inyectadas. Muchos terminamos olvidando lo que tanto nos preocupaba años atrás, lo que nos llevó a inyectarnos los biopolímeros; en esta nueva etapa de reflexión solo añoraremos recuperar nuestra salud con una cirugía que retire totalmente ese veneno.

Luego de hacerlo, la batalla deberá continuar desde el Congreso de la República, donde se adelanta un proyecto de ley para que hoy en nuestro país se prohíba y penalice el uso de este tipo de sustancias. Un proyecto de ley que busca sensibilizar a un Congreso que no puede ser apático a esta realidad social. Un tema que no es tan superficial como parece y que afecta la vida y salud mental de muchas mujeres y hombres en el país. Un tema que es hoy un problema de salud pública.

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