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Opinión

Bello, una década de desarrollo. Por Olga Suárez Mira

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La semana anterior el Departamento Nacional de Planeación dio a conocer la Evaluación de Desempeño Integral de los 1.102 municipios del país, entre los que se destaca Bello, con un ascenso de nueve posiciones en el ranking con respecto al año pasado.

Olga Suárez Mira

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Esta evaluación mide los indicadores de eficacia, eficiencia, requisitos legales, capacidad administrativa y desempeño fiscal durante el año 2013. Por eso el desempeño logrado por la municipalidad del norte del Valle de Aburrá adquiere mayor importancia, si tenemos en cuenta que hace apenas 2 años el déficit presupuestal hacía pensar en una administración que no lograría viabilizar las propuestas consignadas en el Plan de Desarrollo y que se dedicaría solo a rescatar las finanzas.

Hoy, el alcalde Carlos Muñoz, para quien va mi reconocimiento, ha logrado no sólo superar la crisis financiera sino que ha generado una confianza tal en la ciudadanía, que el recaudo por concepto del impuesto predial ha logrado cifras históricas, lo cual le ha permitido, con el apoyo indispensable y oportuno de la ciudadanía, poner en marcha sus propósitos como gobernante de la manera como lo prometió en la plaza pública.

El mandatario bellanita ha logrado retomar la visión de ciudad que nos propusimos durante mi Gobierno. No me tiembla la voz para afirmar con toda seguridad que fuimos nosotros quienes rescatamos a Bello de la situación tan calamitosa que vivía hace una década. La ciudad tenía un problema fiscal y financiero grave, una deuda de 48 mil millones de pesos, y por poco el Estado aplica la ley 550 que establece y regula los instrumentos de intervención estatal en la economía. Todos sus recursos estaban pignorados a siete bancos, lo que ocasionaba que no llegaran a la tesorería de la Administración sino que entraban a una fiduciaria que se encargaba de repartir el dinero a las instituciones financieras y lo que quedaba lo recibía la Alcaldía.

Los funcionarios no habían salido a vacaciones en 6 años y tampoco se las pagaban en plata. No había dotación. La ciudad estaba por fuera del sistema de Comfama y Comfenalco, y el Gobierno no aprobaba proyectos porque no se podían cofinanciar. Y para completar, había problemas sociales con los jóvenes que estaban delinquiendo.

El saneamiento de Bello era para hacerlo en siete años y yo lo hice en dos. Recuperamos la Administración. Había dependencias en las que la gente en nómina nunca iba a trabajar. Me tocó hacer recorte de personal. Los consejos seguridad los hacíamos en la misma Alcaldía, nada de hoteles ni restaurantes, los celulares los pagaban los secretarios de despacho. Fue un riguroso apretón del cinturón. Inclusive comenzamos a trabajar en Semana Santa y suprimimos los horarios especiales, sin excepción. Los resultados fueron evidentes. Recuperamos a Bello en dos años, pagué los 48 mil millones de pesos y nos liberaron todos los recursos, lo cual me permitió hacer inversión social.

Pero además les devolví a los ciudadanos los dineros de la Obra 808 con los intereses incluidos; hice cerrar el relleno sanitario conocido como “La Curva de Rodas”; disminuí los índices de delincuencia en un 74%; le cambié la cara al Parque Principal; reactivé la Vía La Banca que nos conecta con la zona rural sin tener que ir por Medellín; amplié el Hospital Rosalpi y recuperé la malla vial, entre otras gestiones, que nos posicionaron como la sexta ciudad del país en necesidades básicas satisfechas.

Hoy son muchos los ciudadanos que nos reconocen lo mucho que hemos logrado en Bello en estos diez años, aunque no falta quienes se niegan a aceptar que logramos viabilizar financieramente a la ciudad y salvarla de su desaparición como municipio. La confianza inversionista que logramos durante mi Gobierno y que se ha sostenido en el tiempo, ha posibilitado que un buen número de empresas se asienten en el territorio, generando desarrollo para toda la ciudad.

Frente al auge de la construcción, es preciso recordar que hace una década las constructoras veían a Bello como la tierra prometida para los proyectos de vivienda de interés social. La vivienda suntuaria estaba reservada para las tierras del sur del Valle de Aburrá, por eso le pusimos freno a estos proyectos y propusimos mejorar las condiciones del territorio para garantizar proyectos que elevaran la calidad de vida de los bellanitas y así la dinamización de la economía haría de Bello una zona atractiva para las constructoras. Fue el momento de la llegada del complejo habitacional conocido como Amazonía y lo otro ya lo conocemos: construcciones en altura distribuidas por toda la geografía bellanita y cinco planes parciales planificados.

En la actualidad Bello se proyecta, según la consultora internacional MCKinsey, como la primera ciudad intermedia del país, producto del aumento en la capacidad de consumo de sus habitantes.

La violencia y confrontación son historia. Hoy es posible transitar por los barrios y comunas con tranquilidad, porque Bello es tierra de gente trabajadora y positiva que mira con esperanza hacia el futuro.

Los retos no cesan para la Alcaldía. El listón está cada vez más alto. Nos tranquiliza saber que la visión que tenemos de la ciudad sigue en marcha y en manos de ciudadanos comprometidos con el progreso.

De nuestra parte el camino estará trazado por la gestión como herramienta que aporta al logro de los objetivos propuestos y así como fue posible cambiar el rumbo durante mi administración, será posible acompañar el desarrollo de la ciudad sin descanso.

Olga Suárez Mira es senadora de la República por el Partido Conservador
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