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Opinión

Alianzas de última hora

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beatriz campillo

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Muchos analistas coincidimos en que las consultas interpartidistas del pasado 11 de marzo fueron en la práctica una primera vuelta presidencial, un evento que por su magnitud en resultados sacudió el panorama político, y puso en alerta a más de un candidato que seguramente mirando las cifras siente pasos de animal grande, lo que hizo urgente algunas coaliciones como la de Vargas con Pinzón, dada el 16 marzo, día que por calendario electoral vence el periodo de modificación de inscripciones de candidaturas (5 días hábiles siguientes al cierre de la inscripción que fue el 9 de marzo, según art. 8 Ley 996 de 2005 citado por la Resolución 5552 del 26 de mayo de 2017 de la Registraduría Nacional del Estado Civil).

Pero el episodio más curioso lo acaba de protagonizar Sergio Fajardo y Humberto de la Calle, dos candidatos que se sientan a conversar en esta etapa post 11 de marzo y como quien corre un velo que lo tiene cegado descubren de la noche a la mañana (el 26 de marzo en un café), que de pronto tienen profundas coincidencias ética y políticas según ellos, y que ahora están interesados en hacer alianzas, algo que Humberto de la Calle venía insistiéndole a Fajardo desde hace mucho (Ver: “El guiño de De la Calle a Fajardo, quiere consulta interpartidista” elcolombiano.com 7 de enero de 2018). Y nada tendrían de malo las alianzas si no fuera por varios detalles que voy a enunciar, entre ellos que el tarjetón presidencial se dio a conocer por parte de la Registraduría el pasado 22 de marzo luego del sorteo para definir las posiciones y las modificaciones confunden al elector.

Obviamente ni Fajardo, ni De la Calle dirán que se pusieron a echar cuentas y vieron que en solitario a ninguno de los dos le daba para llegar, pero quienes leemos entre líneas y bajo una óptica realista sabemos que de fondo ese es el mensaje, pues lo lógico es que las alianzas se den de cara a una segunda vuelta no en esta etapa. Cuando el nombre de la fórmula ya está en el tarjetón no es bueno retirarlo ni modificarlo, los candidatos luchan por estar allí y buscan medirse, más aún si ya obtuvieron el respaldo de una colectividad por consulta. Adicional y de cara al ciudadano, tan pronto se conoce el tarjetón todos comienzan a hacer pedagogía con él, de hecho, como documento ya fue publicado en todos los medios de comunicación. Mantenerse da muestras de seriedad y credibilidad ante sus posibles electores y su colectividad, por eso hay un largo tiempo donde se hacen movimientos, pero como buenos colombianos hasta los más educados dejan todo para última hora.

Pero allí no terminan las críticas, las mayores se generan ante una pregunta que suscitó el candidato Humberto de la Calle, si él podría participar en una consulta interpartidista como mecanismo para elegir a quien representaría a esa coalición. Es verdad, lo hizo solo como comentario y a manera de pregunta, algo que ya formalmente se le tramitó al CNE, no dijo que fuera consulta popular (ya prácticamente imposible por tiempos), ni descartó otros mecanismos para su “alianza del café” con Fajardo… pero la sola inquietud, independientemente de que jurídicamente se pueda o no, generó escozor en varios sectores y en lo personal creo que es bastante irresponsable.

Ahora, ambos son astutos y muy políticos, aunque uno de ello diga que no a pesar de llevar cerca de 2 décadas en la política, hacer esta alianza en este momento y no antes es obligar a que el otro renuncie a su candidatura y se le tenga que sumar al ganador sin tener esperanzas de ser su fórmula, pues lo máximo que puede pasar es que alguno renuncie para sumarse a la campaña del otro, pero por calendario no podrían ser fórmula. Pero recordemos las cifras y el escenario para que tengamos un panorama más amplio, porque la discusión no es tan simple:

El 19 de noviembre el Partido Liberal Colombiano realizó una consulta donde la pregunta era “¿Cuál de los siguientes ciudadanos liberales elige usted, como candidato del Partido Liberal Colombiano para que participe en una consulta interpartidista que elija candidato único en coalición, o para ser el candidato único del Partido Liberal Colombiano en la elección de Presidencia de la República a celebrarse el 27 de mayo de 2018?”, en esa ocasión Humberto De la Calle ganó con 365.658 votos, contra 324.777 votos de Juan Fernando Cristo.

Visto desde la literalidad de la pregunta, es absolutamente razonable pensar que si se permitió esa formulación es porque el CNE debería permitir que el candidato ganador participe en una segunda consulta interpartidista, pues allí mismo lo anuncia. Pero visto desde lo político-jurídico la pregunta abarca otras situaciones… por un lado que permitirlo, al menos por consulta popular, implicaría modificar los calendarios ya establecidos (algo que no se puede hacer) e incurrir en un doble gasto (pues ya hubo una primera); y por otro lado el optar por otros mecanismos, no solo abre la pregunta de ¿si se justificaba aquella primera consulta?, sino que esto abriría la puerta a que otros quieran hacer lo mismo y soliciten otras consultas, o bien porque no lo hicieron antes, o porque representando a un sector quisieran medirse con otros y hacer alianzas.

Como es posible que por tiempos no se pueda hacer una consulta popular, lo más probable es que se hiciera una de carácter interno lo que implicaría la declinación de alguno de los dos, solo que Humberto de la Calle ya se sometió a una popular y ese es el punto neurálgico. Desde lo político la consulta liberal fue muy cuestionada por la bajísima participación (pues era una consulta que solo interesaba a un partido), lo que contrastó con sus elevados costos más de 40.000 millones que todos tuvimos que pagar pues no se hizo en un evento electoral, lo que supone un mayor desgaste. En ese momento las críticas afectaron a los dos candidatos y al partido, y ahora se revivió la polémica lo que puede empañar la imagen de Fajardo.

Desde lo jurídico, este tema del dinero es central en la discusión, pues la ley 1475 de 2011 tiene en su espíritu intentar frenar desmanes en estos procesos e imprimir seriedad y responsabilidad, pues obliga a que quien se presentó a una consulta a participar en la primera vuelta salvo caso de muerte o incapacidad absoluta, so pena de someterse a una multa igual al monto que invirtió la autoridad electoral en dicha consulta y además declarar nula o revocar la candidatura de la persona a la que se apoye (artículo 7). El problema de interpretación entonces radica en la manera en la que se preguntó, una forma que en mi concepto trató de hacerle un esguince la ley y de entrada fue un error el haberlo permitido así.

Pero contrastemos las cifras con lo ocurrido el pasado 11 de marzo. Allí “La Gran Consulta por Colombia” (extraoficialmente también denominada consulta de la derecha o de la coalición del No) tuvo una votación de 6.138.503, siendo el ganador Iván Duque 4.044.509 (67,76%), en segundo lugar, Martha Lucía Ramírez 1.538.882 (25,78%), quien se convirtió en su fórmula vicepresidencial y en tercer lugar Alejandro Ordóñez 385.110 (6,45%), quien aceptó también los resultados y se sumó a la campaña del ganador. Por su parte la consulta “Inclusión Social por la Paz” (extraoficialmente también conocida por representar a un sector de la izquierda) obtuvo 3.531.288, siendo ganador Gustavo Petro con 2.853.731 (84,70%) y en segundo lugar Carlos Caicedo 515.309 (15,29%), alguien que no solo no se convirtió en fórmula de Petro, sino que además públicamente le ha venido haciendo reclamos por excluirlo de las decisiones de campaña.

Ahora bien, si comparamos las consultas, Humberto de la Calle tuvo una votación incluso menor a la de Alejandro Ordóñez y Carlos Caicedo. Por eso el escenario es tan complejo para el ex negociador de la Habana y ex vicepresidente de Samper. Ahora hay otras preguntas de orden práctico ¿y si se querían aliar De la Calle y Fajardo, por qué no hicieron la consulta el pasado 11 de marzo?, ¿no se conocían por aquel entonces?, ¿no se habían tomado un cafecito juntos, ni se habían cruzado en ningún debate?, ¿no habían descubierto que tenían esas profundas coincidencias?, ¿no se les ocurrió consultar por vías internas antes 16 de marzo para poder ser fórmula?… seamos realistas, no esperaban que esas consultas del 11 tuvieran semejante resultado, más de 9 millones de personas votando, asusta y entran de repente unas ansias de hacer alianzas de última hora brutales. Pero seamos más crudos ninguno quería ceder en su aspiración, ni ser fórmula, de haberlo querido lo hubieran hecho antes, pero la realidad de los números los obligó a ver las cosas distintas.

En otras palabras y sacando calculadora, al ver algo tan arrollador como lo ocurrido con Duque y Petro, las cuentas para aspirar a un escenario de segunda vuelta comienzan a cerrarse. Por otro lado, aunque Fajardo no se ha medido en las urnas a nivel nacional, las encuestas empiezan a favorecer a los dos que fueron protagonistas en la jornada del 11 de marzo, y eso aunque no es definitivo va calando en la opinión pública y seguramente este escenario no le es muy positivo, especialmente si se tiene en cuenta Fajardo es el resultado de una coalición (y De la Calle también), una unión que solo sabremos su fuerza el día de las elecciones… los líderes se pueden unir, pero de allí a que las bases respondan, es difícil para cualquiera. Desde 2010 aprendimos que la gran ola verde de Mockus por aquel entonces fue espuma, que las redes sociales no siempre reflejan la decisión del votante.

A esto hay que sumarle que cuando entran nuevos ingredientes a las coaliciones, hay a quienes pueden sentirse a gusto con la combinación y se suman, pero seguramente otros tendrán razones para alejarse, y otros pueden sentirse en libertad de apoyar a otro candidato, de hecho, ese fue el escenario que ya planteó Vargas Lleras, al parecer hay un sector del liberalismo que se siente “amarrado” a Humberto de la Calle, pero si este declina en favor de una alianza es posible que cambien de toldas.

Eso es lo riesgoso de una alianza a última hora, que demuestra debilidad, improvisación y hasta cierto punto desespero, algo que los contrincantes pueden capitalizar. Otro hubiera sido el cantar si Fajardo y De la Calle se hubieran aliado para una consulta antes de conocer los resultados del 11 de marzo, en este momento no da buena imagen, aunque algunos afines a su pensamiento lo vean como esperanzador e incluso, más de uno esté esperando que Petro se les una. Por cierto, ese escenario lo veo poco probable, y no tanto por sus visiones (comulgan en muchas), la razón es que él ya se hizo contar y no le fue mal, aunque no le ganó a la otra consulta y él mismo sabía (está en video) que lo realmente importante para tener una victoria contundente era ganarle a los de “la derecha”, la realidad es que tiene un caudal importante que los otros dos no acaban de demostrar.

Por último, y casi a manera de aclaración, he sido muy crítica de las consultas sea de quien sea, siempre he pensado que se debe inventar otro mecanismo donde los partidos escojan sus candidatos, mecanismos que sean cerrados para los que realmente son de ese partido con el fin de que fuerzas adversas no pongan votos para torpedear, recordemos que a veces se incita a votar por el más débil. Pero también que en términos económicos sean los mismos partidos los que se autofinancien en este sentido, que no tenga que salir el dinero de sus consultas particulares del bolsillo de todos.

Ahora bien, si nada de esto puede darse, al menos que se exija que las consultas de carácter particular sean en medio de un evento electoral para evitar desgastes adicionales en cuanto a su costo económico y la participación (a todas luces es más fácil que el sufragante pida una tarjeta electoral adicional estando en la mesa que hacerlo desplazar en otra fecha solo para ello). Y lo más importante de toda esta discusión, que haya un límite en las consultas, no es posible que se autorice un gasto tan alto como el de la consulta liberal para escoger a alguien interno que eventualmente participe en otra interpartidista (como lo consideraba la pregunta), para luego ir al evento electoral, y que encima todo lo paguemos los colombianos con reposición de votos incluida.

Es verdad que la democracia cuesta, pero no hay derecho en que algunos la usen como negocio de forma tan descarada, independientemente de que por ley se pueda o no -al momento de escribir este artículo no conozco la respuesta del CNE-, pero por ética se deberían cuidar los recursos públicos en especial quienes se precian de ser “impolutos” y las meras propuestas deberían tener en cuenta ese factor.

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