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Opinión

Algo que lamento… Por Juan Felipe Campuzano

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Me duele Medellín, me duele su gente y todo lo que a través de los años hemos tenido que soportar. Me duele la desidia y la mezquindad de sus gobernantes, su falta de decisión, de autoridad, de liderazgo, me duele.

Juan Felipe Campuzano

Juan Felipe Campuzano

Vivimos en una ciudad que a pesar de todo ha logrado sobrevivir a los embates de los peores vicios que pueda soportar cultura alguna, no obstante, a diario intenta reinventarse como si fuera el corazón de aquel moribundo que se niega a dejar de latir, ¿cuánto tiempo más soportará? ¿Hasta qué punto llegará? ¿En qué estado quedará?

Hoy, lamento profundamente la consideración que le tienen algunos personajes, en diferentes sectores de la sociedad, al crimen en Medellín, consideración de la cual carecen los delincuentes cuando explotan a nuestros niños y los violan, cuando subastan su virginidad entre ellos mismos o a extranjeros, cuando les reparten droga en chocolatinas para «aumentar y asegurar su mercado», lo lamento.

Lamento que quienes optaron por el camino fácil y criminal de hacer dinero, sin ningún pudor y respeto, le quiten la casa a alguien diciéndole: «se abre que esto ya es de nosotros», cuando extorsionan a todo un barrio, humilde por demás, cuando le cobran al embolador de zapatos para que pueda entrar a dormir a su casa, cuando un niño tiene que desertar de la escuela porque una frontera invisible lo separa de ella, cuando explotan a toda persona que pide o vende en los semáforos, cuando vacunan a los miles de comerciantes, transportadores, emprendedores e industriales que intentan día a día salir adelante de forma honesta y gracias al sudor de su frente. Lo lamento.

Lamento que personas sin un solo rasgo de humanidad maten a alguien por robarle su moto, su carro, su reloj, el celular o el dinero fruto de su trabajo, cuando te enteras que seres humanos aparecen cercenados en costales, bolsas de basura, en colchones, en la maleta de un carro o en el río. Crímenes que en nuestra Medellín ya son parte del paisaje y parecen un macabro deporte. Lo lamento.

Lamento que durante años haya importado más lo que opina el mundo de Medellín y no lo que opina, y más importante, lo que siente su gente. Les ha importado más lo que dice un ciudadano español, francés, alemán, inglés o norteamericano de la ciudad, que lo que pueda decir o sentir el habitante de Castilla, Aranjuez, Buenos Aires, Belén, Manrique, Guayabal, La Milagrosa, Prado, el 12 de Octubre, Laureles, El Poblado, sus corregimientos, etc. Esto sí que lo lamento. Dedicados a construir una ciudad para el mundo, cuando no ha podido ser una ciudad para nosotros, quienes lamentablemente no vivimos Medellín, la padecemos!

En fin, Medellín no quiere más sufrimientos, ni mezquinos de ciudad auspiciadores y justificadores del crimen. La ciudad necesita recobrar su autoestima, la autoridad, el orden, el monopolio de la fuerza, el valor de la vida, del respeto, de la convivencia, de la felicidad y de la verdadera esperanza, aquella que radica en transformar trascendentalmente su realidad y no los tales imaginarios que nos han vendido durante años, porque la violencia es una cadena sin fin, que tarde o temprano a todos nos ha de cobrar…

PS: Espero pues que quienes han permitido, protegido y auspiciado este caos social, y peor aún, la tragedia que hoy significa Medellín para miles de sus ciudadanos, sigan con su discurso el día que la violencia toque a su puertas…

Juan Felipe Campuzano es Concejal de Medellín por el Partido de la U
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