Minuto30.com .- Detrás del gigante de los servicios públicos que hoy conocemos como EPM, hay una historia de audacia y visión que se remonta a decisiones clave y la valentía de un equipo. No es solo un relato de expansión territorial, sino de cómo la apuesta por el crecimiento se convirtió en un legado de innovación, eficiencia y trabajo colectivo.
Todo comenzó con la transformación de las leyes 642 y 143 en 1994. Estas normativas no solo redefinieron el panorama de los servicios públicos en Colombia, sino que abrieron una ventana de oportunidad crucial para EPM: la expansión en el negocio de distribución de energía. El gobierno, en un movimiento estratégico, buscaba privatizar algunas de las empresas estatales que prestaban el servicio a nivel nacional, creando el espacio perfecto para que EPM pudiera crecer y consolidarse.
Este proceso no solo significó un aumento de cobertura, sino un inmenso aprendizaje operativo para la empresa. EPM se vio forzada a mejorar su eficiencia, optimizar recursos escasos y repensar la forma de hacer las cosas. Fue un banco de pruebas que fortaleció sus cimientos.
La expansión no fue solo una cuestión de sumar territorios. En EPM, se aprendió a consolidarse como un verdadero grupo desde el primer paso. Esto implicó una integración profunda, conectando capacidades, sumando culturas y uniendo aprendizajes. La clave fue reconocer la potencia de actuar como un colectivo.
Un ejemplo claro de esta sinergia fue la decisión de llevar personal de EPM a las juntas directivas de las filiales. Esto aseguró que las directrices no fueran impuestas sin conocer la realidad de cada operación. El resultado: un trabajo en equipo que fortaleció las filiales en todos los frentes. Los indicadores de calidad del servicio, resultados financieros, profesionalización del equipo humano y la implementación de soluciones tecnológicas evolucionaron positivamente, demostrando el éxito de esta estrategia.
Con el crecimiento en Colombia llegando a su límite, EPM miró más allá de las fronteras. La búsqueda de nuevos horizontes llevó a una oportunidad crucial en Centroamérica. Una empresa española, Iberdrola, estaba vendiendo sus activos en Guatemala. A través de una negociación bilateral directa, EPM dio su primer paso internacional en octubre de 2010, adquiriendo estos activos. La visión continuó expandiéndose, y en enero de 2011, EPM ya estaba comprando operaciones en Panamá y El Salvador.
Este hito generó una profunda transformación en la empresa, dejando un legado de orgullo para quienes formaron parte de esta expansión. Como afirman quienes vivieron este proceso, fue posible gracias a un equipo de personas excepcional que creyó en la visión y la hizo realidad.
La historia de EPM es una prueba de que crecer es posible cuando se cree, que se aprende escuchando y que la permanencia en el tiempo es fruto de un esfuerzo colectivo. Hoy, a sus 70 años, el Grupo EPM no solo se dedica a prestar servicios públicos, sino que contribuye a la armonía de la vida para un mundo mejor. Es una empresa que, con cada paso, reafirma su compromiso con el desarrollo y el bienestar de las comunidades.
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