Atalaya y su Elektra.25 confirman en Cáparra la vigencia de los clásicos

La compañía sevillana Atalaya, con su “Elektra.25, la universalidad de un mito” dejó constancia anoche, en las ruinas romanas de Cáparra, de la vigencia de los clásicos con un montaje en el que se nos recuerda que la humanidad no ha superado aún su ansia de venganza.

La cuarta y última propuesta de la extensión cacereña del 66º Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida llegó a Cáparra bajo la dirección de Ricardo Iniesta y en forma de relectura del Elektra que el grupo sevillano realizó hace un cuarto de siglo.

Atalaya lleva 25 años adaptando grandes textos del teatro clásico universal sin perder su reconocido lenguaje contemporáneo que comenzó hace casi cuatro décadas.

Por ello en Elektra.25, su vigésimo quinto montaje, ha querido conmemorar dicha cifra, que coincide con los 25 años desde la muerte de su referente del teatro más rompedor -Heiner Müller- y los 25 siglos del nacimiento de uno de los tres padres de la Tragedia Griega -Eurípides-.

En este montaje, la compañía andaluza ha trazado un puente entre la Electra de los grandes poetas griegos y quienes la adaptaron al siglo XX: Hoffmansthal, Sartre y el propio Müller, especialmente.

Es este aspecto de la universalidad en el tiempo el que más se hace notar en esta nueva visión de la tragedia.

Los cánticos étnicos con la música de Luis Navarro y los temas populares de los Balcanes, Bielorrusia y Armenia, y las coreografías adquieren una potencia por encima de los mismos personajes, buscando generar en el público un interrogante en torno a la venganza y transmitir emociones ajenas a las cotidianas.

Elektra posee una fuerte carga emotiva debido a que su “leit motiv” esencial ha perdurado a través de los tiempos: la venganza, que ha sido y sigue siendo el origen de muchos conflictos a lo largo de la historia de la Humanidad.

Lo cierto es que no se trata de contar la historia de Elektra; ni de que el espectador se identifique con algún personaje, sino de provocar en el espectador la catarsis que promueva sensaciones que no puede experimentar en ningún otro lugar o evento de la vida cotidiana.

Sobre el escenario Silvia Garzón, María Sanz, Lidia Mauduit, Raúl Vera, Javier Domínguez, Garazi Aldasoro, Imasul Rodríguez, Elena Aliaga y varios coros que marcan, durante la práctica totalidad de la obra, el ritmo y el tono emocional.

La extensión en Cáparra del Festival de Mérida ha vuelto a contar, por cuarto año consecutivo, con el apoyo unánime de un público entregado a la magia que desprende la visión nocturna de un yacimiento todavía desconocido para muchos.

“Ha sido algo mágico, incluso a pesar de la pandemia y las mascarillas, que espero se pueda repetir durante muchos años más. Si es así, no tengo ninguna duda de que volveré”, ha señalado a Efe Mónica Pereira, entusiasta del teatro que ha asistido a las cuatro funciones programadas este año en Cáparra: Tito Andrónico, Clitemnestra, La corte del Faraón y Elektra.25.

Este ha sido el sentimiento general del público que se ha sentado durante cuatro noches en el graderío, colocado frente a un escenario que ha vuelto a integrar, de manera muy acertada, el gran arco tetrápilo de Cáparra en el escenario como telón de fondo.

EFE

2020-08-17

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Minuto30