Foto tomada de archivo para ilustrar esta noticia.
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Asombrados quedaron los visitantes de la Château-Chalone, en el este de Francia, al notar que el agua bendita de allí olía a alcohol.
Algunos turistas contaron a medios internacionales que pensaban que se trataba de una tradición o algo cultural del lugar. pero en realidad se trató de una broma.
Desconocidos llegaron al lugar y desocuparon las vasijas en las que normalmente se encuentra el agua bendita y las llenaron con aguardiente. Se estima que utilizaron un poco más de un litro en la jugarreta.
Por su parte, el alcalde del pueblo, Christian Vuillaume tomó la broma con agrado. “A mí me hizo sonreír, pensé que hay gente con sentido del humor y que podía ser tal vez el inicio de una tradición”, dijo a un medio local. “Pero creo que todo el mundo no sonrió del mismo modo”, agregó.
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