“Al contrario de lo que tanto se ha dicho y con el debido respeto por los familiares de los soldados muertos por la guerrilla el fin de semana pasado, esos ataques no fueron asesinatos despiadados por apátridas sin misericordia contra muchachos indefensos. Fueron actos de guerra contra soldados de la República, donde la guerrilla demostró superioridad táctica.
“El apaciguamiento”
“La historia es útil cuando se descubren analogías que pueden servir de experiencia. Una de esas analogías viene como anillo al dedo: fue lo que vivieron los británicos durante la política de “apaciguamiento” del primer ministro Chamberlain frente a la amenaza nazi.
La sociedad inglesa estaba cansada de combatir. En la primera Guerra Mundial sacrificó a toda una generación. Como apenas estaba restañando las heridas, lo único que no querían oír eran nuevos tambores de guerra. Churchill puso el grito en el cielo sobre las intenciones de Hitler, pero nadie quiso escucharlo. Prefirieron los tranquilizadores cantos de sirena de Chamberlain, quien aprovechó el estado de ánimo de sus gobernados para decirles lo que querían oír.
Cuando los ingleses se dieron cuenta de la verdad, ya era demasiado tarde, y vaya si les costó sangre, sudor y lagrimas”.
“Pensar con el deseo”
“Algo parecido les sucede a los colombianos. Llevamos tantos años de violencia que por puro agotamiento nadie quiere aceptar que estamos en guerra. Preferimos pensar con el deseo: la paz está a la vuelta de la esquina; el conflicto no es conmigo; todo está bajo control. Nos hacemos los locos. Buscamos sofismas de distracción. Y a cualquier persona que hable de guerra, como le sucedió a Churchill, le caen encima por aguafiestas.
Dice el general Harold Bedoya que la legislación colombiana está diseñada para un país en paz, no para un país en guerra. Tiene razón. Es un tema que hemos comentado muchas veces y que sería muy útil definir de una vez por todas, porque no está claro qué necesitan realmente los militares. Ahí debería estar centrada la discusión de la reforma constitucional.
La falta de una legislación adecuada para combatir el terrorismo y la reticencia de los legisladores a aplicarla fue lo que llevó a Fujimori a cerrar el Congreso. Al igual que nuestros militares, Fujimori decía (y dice, con razón) que no es posible pelear con las manos amarradas. Pero el problema no es solo de leyes. Cómo en tantos otros frentes lo que se necesita es más eficiencia del Estado, buen gobierno ¿Cómo es posible que en Las Delicias más de 100 soldados se dejan “copar” (término militar que significa que se le meten a la casa) de esta manera? Algo similar se dio en Puerres, Nariño”!
“Juego a la guerrilla”
“Algunos gobiernistas dicen que no apoyar al Gobierno en esta circunstancias es hacerle el juego a la guerrilla Todo lo contrario. Mientras más dure este desgobierno, más incentivos para que los violentos hagan de las suyas. Volviendo a la misma analogía de la historia, si el pueblo inglés hubiese seguido apoyando el temeroso apaciguamiento de Chamberlain, muy seguramente hoy en Londres se hablaría alemán”.
Nota
Este texto corresponde a una columna publicada en El Tiempo el viernes 6 de septiembre de 1996 por el doctor Juan Manuel Santos, actual Presidente de Colombia. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Ver para creer.
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