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Opinión

El viaje hacia el Liderazgo

Por: Francisco Javier Cardona Acosta

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El liderazgo es un viaje que tu decides emprender. Para iniciarlo debes dar respuesta a las siguientes preguntas: ¿Dónde estoy ahora?, ¿A dónde voy? ¿Cómo voy a llegar allá? A continuación, vamos a dar algunas luces que pueden ayudarnos a contestar las  preguntas formuladas previamente.

Es importante que nos preguntemos en donde estoy ahora respecto al liderazgo.  Independiente de la posición social, profesional, académica o laboral en la que te  encuentres, considero que es clave que realices un diagnóstico sobre tu situación actual.  Para ayudarte con este dilema, voy a decirte varias cosas que son esenciales y que no  debes olvidar en este proceso. La primera, que el liderazgo es una elección y un

comportamiento que puede ser aprendido; la segunda, que ser líder consiste en lograr  la grandeza y la excelencia personal, logrando la grandeza y la excelencia en los demás; la tercera, que el liderazgo no es para unos pocos privilegiados, absolutamente todos  estamos llamados a ser líderes y tenemos las condiciones para lograrlo; y, la cuarta, que  el liderazgo empieza por el gobierno de sí mismo.

De acuerdo con lo anterior, para iniciar este viaje, debemos empezar por el  conocimiento propio, cuestión sine qua non para poder liderarme y gobernarme. Es una  mentira decir que soy un buen líder si no soy capaz de controlar mis impulsos, mis  emociones, es decir, mi temperamento. El conocimiento de sí es la primera  responsabilidad de quien quiera ser un buen líder. El líder es aquel que vive en la verdad  sobre sí mismo, trabaja en su autoconocimiento como base de todo su liderazgo. El líder  se gobierna a sí mismo para poder gobernar y liderar a los demás.

En este proceso de conocimiento propio, juega un papel fundamental el conocer con  que talentos, dones y flaquezas vinimos al mundo, es decir, conocer nuestro  temperamento. Éste se nos da por naturaleza, es el que guía nuestras inclinaciones y es  la pauta de nuestras reacciones dada nuestra constitución fisiológica. Nacemos con un  temperamento y no podemos cambiarlo. Nacemos y moriremos con las cualidades y  defectos de nuestro temperamento. Cualidades y defectos que pueden ser  potencializadas las primeras y moderadas las segundas, poniendo en practica las  virtudes.

En tiempos pasados se clasificaban a las personas por temperamentos. Fue Hipócrates,  el médico de la antigua Grecia en el siglo V antes de cristo, quien hizo la primera  clasificación, según la cual, los seres humanos teníamos en nuestro cuerpo ciertos  líquidos llamados humores, estos líquidos eran la bilis, la bilis negra, la flema y la sangre,

cuyo equilibrio determinaba el temperamento de las personas, de tal manera que si en  una persona predominaba la flema, se decía que era flemática, si predominaba la  sangre, era colérica, etc.

Aunque hoy en día, la teoría de los humores ha sido superada por los grandes avances  de la ciencia, aún sigue estando vigente la clasificación de las personas por los

temperamentos, los cuales están determinados por la influencia genética, endocrina y  del sistema nervioso.

En la mayoría de las veces, todos tenemos un temperamento primario que nos  caracteriza mas que otro, y uno secundario que ayuda a moderar algunas fragilidades del primario. Los cuatro temperamentos que existen -que son supremamente útiles en  este viaje del liderazgo- y que son fundamentales en el proceso de conocimiento  personal para mejorar y crecer como lideres, son: el colérico, el sanguíneo, el  melancólico y el flemático. Las mezclas posibles de temperamentos, son:  colérico/melancólico; colérico/sanguíneo; sanguíneo/colérico; sanguíneo/flemático;  flemático/sanguíneo; flemático/melancólico; melancólico/flemático; y,  melancólico/colérico. Como puedes ver, son 12 tipos de temperamentos con sus  respectivas mezclas entre ellos. De lo anterior, queda claro también que hay unas  combinaciones que no son posibles, por ejemplo, un colérico no puede ser a la vez  flemático, y viceversa, igual que un sanguíneo no podrá ser melancólico. Aquí les dejo  una prueba confiable para que conozcan su temperamento:

https://www.temperamentquiz.com/register

personalidad

Fuente: (Havard, 2019)

Conocer nuestro temperamento es fundamental para continuar con nuestro viaje hacia  la formación y educación como líderes, toda vez que en ese proceso vamos a poder  conocer cuales son nuestras fortalezas y debilidades biológicas, que va a facilitar ese  conocimiento propio, y que ayudará entre otras cosas a entendernos, conocernos,  comprendernos, amarnos y no juzgarnos, y, así mismo, vamos a empezar a ver a los  demás con otros ojos, a entenderlos y conocerlos mejor, lo que favorecerá el darnos cuenta de que el otro es igual a mi en dignidad, pero muy diferente en temperamento,  permitiendo el desarrollo de la empatía, la comprensión, la compasión y la  comunicación en nuestras relaciones personales, profesionales, laborales, familiares y  sociales.

Finalmente, aunque cada uno debe contestar las preguntas con las que inicie esta  columna, puedo decir que para saber ¿En dónde estoy? en este camino hacia el  liderazgo, lo primero que debemos hacer es dedicarnos tiempos para descubrirnos y  conocernos a nosotros mismos. La respuesta de ¿Hacia dónde voy?, dependerá de cada  uno, pero si quieres emprender el camino hacia el liderazgo, debes concentrarte y  enfocarte en ser un líder virtuoso, al cual todos estamos llamados a ser sin importar

nuestro origen. Y, sobre el ¿Cómo llegar allá?, esto dependerá del uso que hagamos de nuestra libertad para decidir como educarnos. Recordemos que la palabra educar,  proviene de la palabra latina “Ex ducere”, “Ex” es sacar, “ducere” viene de una raíz  indoeuropea “deuk” que significa guiar, encaminar. Según el diccionario de la Real  Academia de la Lengua, educar es “dirigir, encaminar, desarrollar o perfeccionar las  facultades intelectuales y morales…”, en otras palabras, es conducir en el conocimiento,  de tal manera pues, que educar, en este contexto del liderazgo, consiste en sacar lo  mejor de nosotros y de los demás, y conducirlos por el camino correcto, que, en mi  concepto, no es otro diferente que el camino de las virtudes humanas, las cuales, si las  practicamos, lograremos un mejor estar para nosotros y para los que nos rodean en  beneficio del bien común.

@FranciscCardona

La opinión del autor de este espacio no compromete la línea editorial de Minuto30.com

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