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Opinión

La verdad y la historia del lado del alcalde

Por: Jorge Mejía Martínez

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La llegada de Sergio Fajardo a la alcaldía de Medellín en 2004 fue un golpe de oxígeno en la atmosfera política de la ciudad, luego de 16 años de alternancia en el gobierno local por parte de representantes de los partidos tradicionales en la ciudad. Fajardo llegó armado con el discurso de la anticorrupción y contra la politiquería.

Sonó coherente. Mucho más si en plena campaña electoral, a pocos días de las elecciones y cuando las encuestas marcaban el triunfo para el candidato conservador Sergio Naranjo Pérez, desestimó el apoyo ofrecido por Luis Alfredo Ramos, quien, desesperado por hacerse a alguna cuota de poder, dejó tirado a la vera del camino a su candidato a la alcaldía Jorge Enrique Vélez.

Fajardo se disparó y ganó sobrado. Pero del discurso vendedor contra los políticos se pasó a la estigmatización de la política. Todo el que no fuera cercano a Compromiso Ciudadano fácilmente debía cargar con la impronta de ser un corrupto.

Las clientelas de los partidos políticos se reemplazaron por dos tipos de clientelas: la de los amigos de universidad, tertulias o de algunas ONGs, para quienes el mundo arrancó cuando se sentaron en los escritorios oficiales, y la de los representantes de un sector del empresariado paisa, financiadores de las campañas de Fajardo, interesados en los negocios, en particular, de EPM.

Fajardo alcalde fue una bendición para empresas como Conconcreto, cuyo Presidente Juan Felipe Gaviria pasó a la gerencia de EPM, e Integral, cuyo Presidente Federico Restrepo, con más de 20 años en el cargo, ocupó la Gerencia del Área Metropolitana; cuatro años después pasó a la Gerencia de EPM.

Ambas empresas buscaban cobijo en la ley 550 o de quiebras hasta que con Sergio se les apareció la virgen, se abrieron los negocios. “en 2005, Integral S.A. entró en ley 550 o de intervención económica e hizo un acuerdo con acreedores hasta el año 2017, pero se recuperó en el año 2008, nueve años antes de lo previsto, coincidiendo el periodo de recuperación con la llegada del doctor Federico Restrepo Posada, a la junta directiva de EPM, en el año 2004 por designación del alcalde Sergio Fajardo y luego a la gerencia de EPM por designación del alcalde Alonso Salazar en el año 2008.

El doctor Federico, había trabajado 23 años en Integral S.A. y fue su presidente hasta diciembre de 2003. Hidroituango ha sido el principal salvavidas de Integral S.A.” Cuenta la Concejala Paulina Aguinaga en su libro EPM para Mañana es Tarde, 2019.

Por la Junta Directiva de EPM desfilaban Presidentes o vicepresidentes de las empresas del Grupo Empresarial, y, al contrario, desde la entidad pública gerentes y altos funcionarios salían para manejar los negocios del mismo sector económico. Una autentica rueda giratoria.

La gobernanza modelo fajardista fue el resultado de establecer un entronque con sectores académicos y empresariales bajo la sombrilla de la anti política y la anticorrupción mientras los privados se acostumbraron a echarse al bolsillo múltiples recursos que implicaron sobrecostos y detrimentos en las finanzas de entidades como EPM.

La famosa puerta giratoria fue denunciada por el sindicato de profesionales de EPM, SINPRO, en una conocida publicación de 2016 denominada “EPM y la puerta giratoria con el GEA”.

Allí, con nombres propios, se da cuenta del desfile de personajes entre la entidad y el grupo económico, convertidos en defensores de oficio de los intereses de los particulares y en detrimento del patrimonio público.

Las gerencias y juntas directivas, hasta 2019, se negaron a repercutir sobre los responsables de sobrecostos por los malos diseños y deficientes construcciones, amparadas en el supuesto de que son “aliados estratégicos de EPM” tal como ocurrió, por ejemplo, con la hidroeléctrica de BONYIC en Panamá por parte de EPM, según registro de la Contraloría general de Medellín 2018, con diseños de Integral y construcción de Conconcreto, obra programada para ser ejecutada en 5 años con 100 millones de dólares, la cual se tragó 9 años y 350 millones de dólares.

No es fácil encontrar una inversión o construcción por parte de EPM, en los últimos años, que no haya dejado pérdidas o sobrecostos. Tampoco se conocía ninguna acción de parte de EPM para recuperar esos detrimentos del patrimonio público.

SINPRO fue el denunciante de esa práctica conocida como la puerta giratoria, hace 5 años. Hoy, por incoherencia, aparece como su defensora.

Daniel Quintero Calle prometió desde su campaña a la alcaldía y en su programa de gobierno acabar con ese cogobierno publico privado, disfrazado de “Gobierno Corporativo”. La reacción visceral producida a su decisión de buscar por cualquier medio legal el reconocimiento por sobrecostos y lucro cesante de Hidroituango, es muestra de los cayos pisados y adoloridos.

Ningún alcalde ha merecido una reacción similar de parte de ningún sector empresarial y sus aliados políticos.

Para asumir la tarea de atrancar la puerta fue designado Daniel Quintero con la votación más alta en la historia de Medellín. Un inequívoco mandato para defender a EPM y el patrimonio público de la ciudad.

Los perdedores en octubre de 2019 y defensores del statu quo favorable a ciertos intereses político privados tienen en marcho un intento de revocatoria de mandato del alcalde de Medellín. Tienen su derecho, así las motivaciones políticas y jurídicas sean deleznables: no aceptar la derrota electoral por la alcaldía y no justificar los dos requerimientos legales para iniciar un proceso revocatorio, el generalizado descontento popular con el gobernante y el incumplimiento de su programa de gobierno.

Todas las encuestas dan cuenta de la destacada favorabilidad del alcalde y el hombre no ha hecho sino cumplir lo prometido. Eso es lo que les duele a los ilusos revocadores.

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