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Para los incapaces es más fácil ser ‘tolerante’

El pasado domingo se disputó otro de los “clásicos antioqueños”, del torneo de futbol colombiano que ha sido cobijado por las alas del alcohol, partido que por fortuna dista mucho de paralizar la ciudad, pero que si deja dos desafortunadas conclusiones.

Las dos conclusiones involucran a la Administración Municipal, la diferencia, está en que la primera involucra a todas las administraciones municipales, que por turnos han regido los destinos de la ciudad, en tanto que la segunda solo a la actual.

La primera conclusión, no es otra que la evidente miopía histórica que ha asistido a la Alcaldía de Medellín, el actual burgomaestre, su antecesor y los antecesores de este, nunca vieron la bola de nieve rodar cuesta abajo desde las alturas de la tolerancia hasta la cima de la locura, recuerde el lector, como a mediados de los años 80 íbamos al Coliseo de la 74 y nos sentábamos verdes, rojos y neutros unos con otros y sin riesgo, desde luego, había discusiones, pero de hinchas, no de fanáticos poseídos por las frustraciones de la vida diaria dispuestos a liberarlas en una tribuna contra el primero que le parezca diferente.

Y si recuerda eso, recordará también como la hinchada, la prensa y la Administración Municipal celebraban el espectáculo cuando “El Escándalo Verde” y “La Putería Roja” exhibían sus tumultos de gente organizada, con cánticos que ya se vislumbraban ofensivos e intolerantes, sin notar los visos territoriales que crecían para nutrir la violencia.

Pero como se “hacían pasito” resultó que la autoridad municipal celebró cuando las disidencias del “Escándalo” y La Putería” encontraron muy tolerantes a sus compañeros y decidieron trasladarse de la tribuna oriental a sur y norte respectivamente, para tornar sus cánticos y posturas mas agresivas y apropiarse de esas tribunas apartando por completo a cualquier hincha que no compartiera, ya no su gusto por el equipo, sino la forma como hay que seguirlo.

Y mientras todo esto ocurría, los ciudadanos que seguían los cánticos a la distancia, que veían con entusiasmo las enormes banderas y proclamaban su “amor” al equipo por interpuesta pasión, ahora la de la barra, no pudieron regresar a sus sectores acostumbrados, y lentamente ya no pudieron ni regresar al estadio, a la par que las autoridades cada vez mas incapaces, nunca lamentaron haber tolerado la repartición del estadio Atanasio Girardot, haber permitido el crecimiento de alter pasiones innobles, y limitarse desde hace algún tiempo, a considerar que un domingo sin disturbios a la salida del estadio, era entonces, un domingo exitoso.

Pero ahí no para la sectorización, cuando la autoridad calló, los violentos delirantes vieron como ya no bastaba con repartirse el estadio, últimamente, hace algunos años vale decir, ya también la ciudad paso de la inactividad de la fuerza pública al dominio de las barras en cuanto a los accesos al estadio se refiere, porque como todos sabemos, la carrera 70 es “territorio” verde, en tanto que el Obelisco y sus alrededores lo es de los rojos.

Se tomaron las tribunas, luego el estadio, ahora las calles cercanas, y veremos con el tiempo como irá creciendo la dominación violenta maquillada de fanatismo, que lamentablemente la ciudad celebra con la excusa de que son actos de convivencia, pero no lo son, son actos nutridos por una ciudadanía tan culpable como silenciosa, unos empresarios del futbol que al final siempre se nutren de la discordia y unas Administraciones que por años encontraron más fácil tolerar la ocupación que cultivar la convivencia.

La segunda conclusión, esta si del resorte de la Administración actual, es mucho más simple, el domingo vimos en el estadio solo hinchas del Atlético Nacional, y con ello, observamos como la actual Administración carente de ideas para solucionar el tema del futbol, resulta simplemente congruente con sus sucesores, y como es clásico, entonces el estadio no le pertenece a la gente de bien de ambos equipos, le pertenece a un solo equipo, al local, para que sea bienvenida la gente decente, y también aquellos que por años han espantado las buenas costumbres del Atanasio Girardot y sus alrededores, como en este caso, con la anuencia alcahueta de la Alcaldía de Medellín.



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