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Ay Chocó…

Si hay un departamento que puede resumir buena parte de las problemáticas que afectan el país es Chocó. La riqueza de su paisaje y sus hermosos atardeceres contrasta con la pobreza de la mayoría de sus pobladores; pobladores que desnudan su sonrisa a las pesadumbres.

En Chocó hacen presencia todos, menos el Estado. Su pobreza se viene heredando desde épocas lejanas como la colonia española. Tan vetusta se consume esta que en 1727 un cronista relataba:

“Considerando esto en largos días, he trabajado mi discurso en componer cómo se compadece tanta riqueza y abundancia en la tierra donde casi todos sus habitadores y vecinos son mendigos (…) Y, aunque parece contradicción haber dicho que del Chocó se saca a cargas el oro y que la gente es pobrísima, no hay ninguna, porque el oro que se saca del Chocó es parte de los dueños de las minas”.

La penuria no dista de esta apreciación, los actores sí. Antaño no había la presencia de los grupos al margen de la ley que hoy controlan la minería. Minería que está en perjuicio del entorno natural y que está causando agravantes tan nefandos como lo es la contaminación de las fuentes hídricas, que hoy alerta por ser presunta causante de la muerte de personas, entre estos niños, ¡niños!

La Defensoría del Pueblo acaba de hacer un llamado de atención por la crisis humanitaria en materia de salud que aqueja al departamento, seguramente esto quedará bajo el manto de otras informaciones igual o menos importantes. No nos digamos mentiras: la pobreza de Chocó no sorprende a nadie. De vez en cuando –qué triste, casi siempre por lo malo– una noticia nos recuerda que el departamento existe, y entonces alguno que otro funcionario sale a reclamar mayor compromiso por parte de las entidades del Estado, esta vez la alerta correspondió por parte del magistrado Jorge Iván Palacio, quien se atrevió a decir públicamente algo que en un país serio sería blanco de numerosas críticas: que la crisis del Chocó es por negligencia oficial. Pero en este país son más importantes las palabras de un beodo de clase social alta. Aquí los medios no hacen eco de esta situación, decir que Chocó es pobre, que hay negligencia de los altos mandos estatales, que hay corrupción y una sociedad aletargada, no es noticia. No lo es, dado que todo el mundo lo sabe.

Es conveniente detenerse un poco en este último, ¿qué tal si la muerte de los niños en el Chocó por falta de atención médica se presentara en una de las ciudades importantes del país? ¡Ya me lo imagino!: #YoestoyconlosNiños #SantosNegligente #CastroChavismoafectaColombia #Quétristezadepaís

Hace unas semanas escribí una columna en la que hablaba de la situación de los niños huérfanos de la vereda de San Antonio, en Santander de Quilichao; decía que mientras Colombia lloraba la masacre de los niños de Florencia, Caquetá, estos niños de San Antonio –que sirven para representar a todos los demás– seguían sin recibir asistencia estatal luego de cumplirse casi un año de la muerte de sus padres producto de un derrumbe de tierra en un mina ilegal.

Estamos acostumbrados a las coyunturas mediáticas. ¿Algún día lo será Chocó? Creo que es imperioso que los ciudadanos de este país comencemos a mirar con extrañeza esto que nos han vendido como normal, razón tenía Proust cuando dijo que un verdadero viaje de descubrimiento no consiste en visitar nuevas tierras sino en tener un nuevo ojo.

Chocó merece atención, Chocó merece dignidad, Chocó merece respeto. Ay Chocó… @VillanoJair



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