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José Obdulio Gaviria: “La Corte Suprema es un directorio de la oposición”.

El hombre que creó el paradigma de que en Colombia no hay conflicto armado interno, sino amenaza terrorista, cree que un sector de la justicia, liderado por contradictores políticos, quiere cobrarle su atrevida dialéctica como un delito de opinión.

El ex asesor presidencial cree que un sector de la justicia quiere cobrarle su atrevida dialéctica.

Dice que los magistrados de la Corte Suprema de Justicia se han trenzado en una lucha intestina por la fronda burocrática, lo cual los ha desviado del camino de impartir Justicia, para convertirse en un partido político de oposición.

¿La génesis de la amenaza judicial contra usted se ubica en el debate de si en Colombia había guerra civil, conflicto interno armado o amenaza terrorista?

Para enfrentar la tesis de estado de guerra civil o conflicto interno armado había que citar los textos de quienes la enarbolaban; ir a los textos de las ONG, a los de los académicos (de la Universidad Nacional particularmente), y de muchos otros, sobre todo los del Partido Comunista. ¡Ahí fue Troya! Dijeron que los estaba convirtiendo en objetivo militar. Pero lo que he hecho es citar textos que justifican la combinación de las formas de lucha (armas y urnas).

¿En el caso de la Corte, esta no podía controvertir los criterios académicos suyos?

¡Claro! De hecho, piensa diametralmente distinto a mí. Lo que nunca nadie previó, y ahí está la génesis de otra contradicción Uribe-Corte Suprema, es que esta, en una sentencia, adheriría a la tesis de que la lucha de las Farc es respetable pues obran por móviles altruistas. Esa filosofía determinó que apoyaran la lucha del ejecutivo contra los parapolíticos, pero que se hicieran los de la oreja mocha al perseguir a los farc-políticos.

¿La Casa de Nariño rivalizó con el poder judicial buscando información contra sus magistrados?

A la Corte la conocíamos por los tratados en varios tomos o por la jurisprudencia ante la que nos inclinábamos reverentes. De un momento a otro se convirtieron en directorio político de oposición, protagonizan ruedas de prensa y producen comunicados con clara intención política; se engarzan en reuniones electoreras para controlar cuotas de poder. No es casual que los dos últimos presidentes de la Corte sean políticos derrotados y refugiados en la corporación.

Usted ha denunciado las amenazas de la guerrilla, a través de Anncol. Pero ahora plantea otro tipo de amenazas, ¿acaso Judiciales?

Yo nunca intervendría en una operación de espionaje. Odio cualquier intromisión en la vida privada de la gente. Si algo deberían mis contradictores certificar es que siempre les doy la cara. La única acusación que me pueden hacer es que los haya citado textualmente con referencia a lo que han dicho a los medios de comunicación o han escrito y publicado. Pero como me les volví una piedra en el zapato, solo se les ocurre deslegitimarme como contradictor. ¿Por qué no discuten mis argumentos? Porque la doctrina de la Seguridad Democrática los desnudó. Hay magistrados que sacan recortes de mis artículos y se los presentan al Presidente o a los contertulios en los bares como si fuera un cuerpo de delito; han pedido mi cabeza como columnista… De ahí a operar judicialmente contra mí no hay mucha distancia y eso, en plata blanca, se llamaría juicio por delito de opinión o chavismo ordinario.

¿Las acusaciones de que usted y gente de la Casa de Nariño habrían ordenado interceptaciones ilegales es sólo un cobro político?

Total. El ladrón juzga por su condición. Contra mí no hay acusaciones sino calumnias. Y de las calumnias no se presentan pruebas. Son afirmaciones falsas. Primero dijeron que el capitán (Jorge) Lagos me sindicaba y se autoincriminaba. ¡Falso! La W se retractó y explicó que le había creído a Noticias RCN. Caracol Radio y la FM persistieron en la calumnia. Ahora dijeron que el doctor (Carlos Alberto) Arzayuz me sindicaba y se autoincriminaba: ¡Falso!

El caso de Petro. Petro afirmó, en un debate público conmigo, que nunca me ha sindicado a mí pero que sí había gente en la Casa de Nariño que delinquía. Yo le dije: “No señor, usted no me va a ganar a mí para que acepte la incriminación a mis compañeros de la Casa de Nariño. El presidente Uribe es el combatiente intelectual, directo y claro. Nunca, por ningún motivo, su gobierno habría aceptado involucrarse en políticas denigrantes como es el espionaje ilegal. Quien lo haya hecho, si lo ha hecho, traicionó su juramento y traicionó a Uribe”.

¿Insiste en la tesis de que desde la Corte quieren sacar al Presidente Uribe?

No ha habido ninguna infamia superior a todas las que se han producido contra el presidente Uribe, que desde la presidencia de la Corte se hable de Watergate y que la Casa de Nariño es una empresa criminal. Los partidos de oposición, mal que bien, tratan con respeto al Presidente. ¡Pero la Corte…!

¿Ser el vocero de las ideas del Presidente lo lleva a usted a pagar un costo político?

Yo pago ese costo político con mucho gusto. Nosotros partimos de la base de que Colombia tenía una amenaza terrorista y que en consecuencia la solución era el reforzamiento del Estado, la presencia en todo el territorio y la persecución a los agentes terroristas.



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