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“Somos inquilinos de la caverna”, le dice el Procurador a Godofredo Cínico

Por Edgar Artunduaga

Yo fui promotor del encuentro. El Procurador Ordóñez se levantó con solemnidad arzobispal y caminó tres pasos hasta poder abrazar, con su rolliza figura, al anciano y decrépito vocero de la derecha colombiana, don Godofredo Cínico Caspa, quien se jacta de encarnar el linaje de la clase alta, la de sangre azul, la de costumbres puras.

Por Edgar Artunduaga

Ordóñez no paraba de sonreir y saludar, con los brazos en alto, como boxeador triunfante. El día anterior lo habían reelegido por otros cuatro años como Procurador…ochenta senadores independientes por encima de las zancadillas de la oposición y miles de personas en las redes sociales que pretendieron impedir ese acto patriótico, según me resumió Godofredo, de camino al sitio de encuentro.

Godofredo no podía de la emoción: “Magno señor, le dijo. Estoy feliz. Estoy al borde de las lágrimas y no he podido dormir de la alegría. Solamente le quiero decir doctor, loor y dignidad, libertad y orden, Cruz y Espada, lo felicito, gran colombiano, gran prohombre, gran soldado de Cristo.

Ante la exageración de su lenguaje y las risas visibles de algunos de los presentes (la cita se cumplía en un restaurante del norte encopetado) el Procurador dijo con sonrisa socarrona:

Usted, al igual que yo, mi querido Godofredo, somos inquilinos de la caverna.

-Soy feliz en su compañía, distinguido doctor. Cargo conmigo el cilicio para purgar mis penas…

Intervine para retirar un poco al viejo Godofredo que ya besaba las manos de Ordóñez y le ofrecí disculpas ante tanta zalamería y la insistencia de exaltar la vida de la caverna.

A mí no me molesta, respondió, limpiando su camisa almidonada, que el señor Cínico Caspa ya había echado a perder.

“Hoy es un día propicio para repetirlo. Todos estos sectores que con tanta frecuencia me atacan, que han agotado todos los adjetivos de nuestra preciosa lengua castellana para tratar de deslegitimar al Procurador y de hostigarlo y fustigarlo… gracias a ellos, soy el Jefe del Ministerio Público. Es indudable que la opinión pública y los señores senadores entendieron que las críticas no se referían a mis funciones. En el fondo había un trasfondo político. Una agenda ideológica, detectadísima, para tratar de sancionar al Procurador y de fingir una especie de inhabilidad constitucional y legal, por las convicciones que tengo”.

“Yo vivo eternamente agradecido con periodistas como la señora Cecilia Orozco, del Espectador; Ramiro Bejarano, María Jimena Duzán. Soy fuente de inspiración en sus constantes infundios y ataques, pretendiendo establecer contra mí el delito de opinion…”

Godofredo se levantó airado contra la señora Orozco y resopló enormes vituperios, irrepetibles por respeto a los lectores. 

El vinagre es -dijo desde su púlpito el Procurador-  el lugar donde ella alimenta sus comentarios. Pero sus excesos legitiman aún más mi designación. Después de un año de recibir sus ataques, resulté fortalecido”.

-¡Así se habla, benemérito señor!, gritó Godofredo, casi embriagado con las palabras de Ordóñez.

Tengo que reconocer, sin embargo, comentó el Procurador, bajando la voz, en tono humilde, “me quedó un sabor dulce-amargo porque en las regiones, en los departamentos, la Procuraduría no fue lo suficientemente actuante y eficaz. Es necesario retomar, redoblar esfuerzos, conferirle credibilidad y confianza al Ministerio Público, y eso se gana con las decisiones. Los funcionarios en las regiones tienen que cumplir competencias no solamente disciplinarias, sino también preventivas. Ellos privilegian lo disciplinario a lo preventivo y ahí hay una, si se quiere, deficiencia en nuestro aspecto funcional.

Sin que nadie le diera la palabra y sin que yo pudiera detenerlo, Godofredo Cínico saltó a la tarima de los discursos:

Benemérito maestro. Un gamín, un pecador, un tal Ferney Yesid Rodríguez dizque de la Asociación horrible de ateos y agnósticos de Bogotá le ha sacado a colación, ladinamente, el hecho de que usted quemó unos libros sin ninguna importancia. Y que dizque usted tiene que reponerlos. Mi doctor Sagrado, qué responde a esas infamantes acusaciones.

Procurador: Como no tenían nada que encontrar, investigaron y encontraron por allá en algún episodio de mi vida juvenil. Es indudable que son aspectos que hacen parte de mi historia. Y son perfectamente intrascendentes. Eso mismo lo sacaron hace cuatro años, o sea que carecen de insumos bélicos.

Godofredo: -¡Así se habla maestro. Así se habla!.

Y entonces se envalentó el Procurador….

En esos aspectos de las confesiones religiosas yo si tengo una absoluta claridad. Tengo convicciones religiosas. Yo no las escondo. No me avergüenzo. No las descafeino, pero tampoco las someto a escrutinio público. Colombia es un país que tiene en su Constitución consagrado el derecho a la libertad de consciencia, la libertad religiosa. Y no pueden ser esas convicciones una amenaza, una afrenta para nadie, como no han sido durante la Procuraduría. Se ha hecho un discurso discriminador. Yo me siento discriminado por más de un medio de comunicación. Porque al Procurador con frecuencia se le critica, se le fustiga. No por lo que piensa, no por lo que hace como debiera ser. Nuestra democracia es plural, y esta pluralidad no puede ser uniforme. Soy consciente que las convicciones que tengo son garantía, no son amenaza para nadie. En estos debates de carácter cultural, la actuación de la Procuraduría en materias tan controvertidas están consignadas en conceptos constitucionales y legales. No hay ninguna referencia dogmática, ni confesional en mis conceptos ante la Corte Suprema de Justicia, por ejemplo en el tema de aborto, de familia, de matrimonio.

Godofredo: Maestro Supremo, ¿qué opinión me le merece a su merced que 19 senadores cachiporros tradicionalmente ateos, hayan votado por usted? ¿Traicionaron los principios liberales o simplemente se adaptaron al río de la historia?

Procurador: Cómo dijo mi hija: qué inteligentes, qué inteligentes.

Godofredo: Maestro, gran vicario, defensor de los derechos de los señalados, de los elegidos. El Altísimo nos lo ha dado a los blancos para seguir cristianizando a la aleve indiada, a la mesticidad promiscua, a la negramenta lasciva y al mulataje perezoso. Mil gracias por existir.

Muy cerca nuestro estaba el Presidente del Partido Liberal, Simón Gaviria, que –de manera insólita- no dejaba de aplaudir. ¡El pequeño delfín y don Godofredo totalmente identificados!.

Este es un espacio de opinión que refleja exclusivamente el punto de vista de su autor. Para nada compromete el criterio editorial de Minuto30.com

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