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¿Sistema educativo o mercado educativo?

Por: Carlos Mario Cortés Rincón

Hace muchos años escuché decir que en el mundo se imprimen más billetes que libros, lo cual me parece lógico, pero, no dejo de soñar con un mundo lleno de libros y lectores apasionados, ah, cada que pienso en eso se me arrugan mis sentimientos y todo mi ser se embriaga de tristeza al saber que la realidad es una y no la puedo cambiar, ¡los bancos son más importantes que las bibliotecas!

En otras palabras, lo que no logro entender es si en verdad nosotros tenemos un sistema educativo o un mercado educativo, y, lo digo porque me preocupan la deserción estudiantil, la calidad de la educación y los efectos de la pandemia. Hace un par de días llegó a mis manos la edición No. 50 de la revista Semana Educación, la cual trae en su portada una pregunta bastante sugestiva: “¿qué viene para 2021?”.

Leí en la revista (p. 14) que por el momento desde que empezó la pandemia, según el sistema de matrículas Simat, se han retirado 102.880 niños y jóvenes de la ecuación pública. Algo demasiado preocupante, ya que esto equivale, en términos proporcionales, a más de dos estadios repletos de hinchas.

La pregunta clave es y será, ¿dónde están esos niños y jóvenes?, ¿volverán algún día a la escuela?, ¿cuál será su futuro en esta sociedad? Como no he dejado de tener comunicación con profesores y rectores amigos, esta semana hablaba con una excelente docente de matemáticas, quien en menos de cinco minutos, me noqueó y me mandó a la lona con dos situaciones verdaderamente complejas, la primera, me dijo la profesora, que una mamá muy angustiada la había llamado, desde un teléfono alquilado, para decirle que su hijo no podía estar más en sus clases, ya que el único celular que tenía para ella y sus cuatro hijos se había dañado y que si no había dinero para comer menos para comprar otro teléfono. ¡Qué angustia!

Luego, me manifestó su preocupación por la calidad de la educación impartida a través del internet, y lo sustentó diciéndome que estaba explicando a sus estudiantes los diez casos de factorización, y ella sentía que no los estaban asimilando como debería ser.

Por otra parte, algunos profesores me han manifestado las dificultades que tienen para mantener a los muchachos atentos y motivados bajo el sistema de educación virtual, algo para lo que no estábamos preparados.

Como lo mencioné hace poco, me preocupa la calidad de la educación que estamos ofreciendo a las futuras generaciones, de ahí que vuelva a la revista en mención para anotar que, “…entre el 25 de abril y el 28 de mayo de 2018, más de 8.500 alumnos de 250 colegios públicos y privados de todo el país, que en ese momento tenían 15 años, presentaron las pruebas Pisa. Para sorpresa de todos, los resultados no fueron alentadores, y, al igual que en las pruebas de Estado, hubo un retroceso”. (p. 23) Uno de los mayores retos de cara a la pos pandemia no solo será la reactivación económica sino también la calidad educativa.

Imposible negar que el mundo de los niños está pensado y diseñado por los adultos, en uno de mis cuentos, me inventé una niña revolucionaria que armó una manifestación por todo el barrio protestando porque los libros para niños los escribían los adultos, los juguetes los creaban los adultos, la ropa la diseñaban los adultos… en fin, todo esto para decir que debemos escuchar a nuestros niños.

Y digo escuchar frente a un tema tan álgido y polémico como lo es la alternancia educativa propuesta para el próximo año escolar. En la misma revista, al respecto dice “Un sondeo de la Confederación Nacional de Padres de Familia reveló que el 81 por ciento no está de acuerdo con enviar a los pequeños a clases presenciales.  En Bogotá una encuesta de la alcaldía mostró que solo un 12 por ciento de los padres está dispuesto a enviar a sus hijos al plantel educativo”. (p.12) El tema se ha convertido en un tire y afloje entre el gobierno y los gremios de los educadores.

Siendo un crítico del “sistema educativo” creo necesario que los estudiantes estén con sus compañeros y salgan de esa “casa por cárcel” que nos decretó el gobierno desde el mes de marzo, pero, también pienso que no quisiera nunca ver a ninguno de mis dos hijos en un hospital entubado en la UCI (Unidad de Cuidados Intensivos) por causa del coronavirus.

Supongamos que todos los estudiantes, el próximo año, estén en sus aulas de clase, no me alcanzo a imaginar la cantidad de prevenciones y prohibiciones que habrá, porque no nos digamos mentiras la escuela moderna no sabe sino prohibir y prohibir. Imagino un recreo con letreros por todos lados, “no lo toque”, “no lo mire”, “no se acerque”, “no le hable”. La solución está en que el gobierno debería invertir en la educación, dotando a docentes y estudiantes de las mejores herramientas tecnológicas mientras pasa la pandemia.

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Coda: Conversando con un líder estudiantil, me dijo con fortaleza y seguridad que, si la pandemia llegó para quedarse, la “matricula cero” también se quedará.

 

 

 

Este es un espacio de opinión que refleja exclusivamente el punto de vista de su autor. Para nada compromete el criterio editorial de Minuto30.com

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