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Jorge Enrique Vélez García

Siquiera se murieron los abuelos

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Jorge Enrique Velez Garcia Sin corbata 750x375 tn

Nunca se hubiese imaginado el poeta Robledo Ortiz que su poema tuviera tanta afinidad con lo que está pasando hoy en día en nuestro departamento. Lo digo porque esa Antioquia, que con trabajo y tesón proyectaron y labraron nuestros abuelos, nos marcó la ruta a seguir y nos enseñó que trabajando unidos, sin distinción de clases sociales, creencias religiosas o preferencias políticas, se podían lograr grandes cosas. Siempre fuimos un territorio pujante que trabajó unido por hacer de Antioquia el faro y el ejemplo, no solo de la región, sino de Colombia entera, en todos los aspectos.

Me duele decirlo, los antioqueños éramos ejemplo en todo lo bueno que teníamos como país, pero eso está quedando en la historia. Nunca, desde que mi memoria me lo permite, y no dudo que ustedes piensan igual, habíamos presenciado una situación tan lamentable como la que tenemos hoy en día.

Carencia de líderes en el ámbito gubernamental, ausencia muy marcada de representantes en las altas cortes, una facción del empresariado sin un norte claro, que brilla por su ausencia en muchas de las decisiones importantes que se toman en Colombia, y no está de más mencionar que muchos de nuestros más grandes representantes políticos están siendo objeto de procesos judiciales que generan serias dudas o de la legalidad de sus acciones, o de una persecución sin precedentes por parte de unas cortes cada día más politizadas y mediáticas.

Uno pensaría que esa falta de representación nos va a unir mucho más a los paisas, pero, increíblemente, nos está pasando lo contrario. Hidroituango, nuestro florero de Llorente, es el hecho que está ratificando que estamos convirtiendo a Antioquia en todo lo que nuestros abuelos se avergonzarían de ser: una Antioquia dividida en todos los aspectos, llena de personas importantes pero dirigida por personas que olvidaron lo colectivo y se centraron en sus intereses particulares, nada más.

Con muchos temas hay que ser prudente a la hora de tomar postura, por ese motivo, debemos dejar que los órganos de control sean quienes tomen las determinaciones correspondientes para cada caso en el que se presuma existan irregularidades y que ellos sean quienes establezcan si se cometieron delitos y en caso afirmativo, determinen quiénes fueron los que los cometieron. Pero no, como está primando la máxima más ególatra del “Yo tengo la razón y nadie más”, estamos señalando, de forma irresponsable, y sin pensar en las consecuencias políticas y económicas, a quienes piensen contrario a mí, simplemente por eso, por no compartir pensamientos e ideas.

Nuestros errores no pasan desapercibidos, y esta situación ha sido aprovechada por los enemigos de Antioquia, que son muchos, en el país. Hábiles e inclusive mañosos, se aprovechan de las circunstancias, opinan sin conocer mucho el contexto, y así logran dividirnos de tal forma que nos estamos convirtiendo en sus tontos útiles para el crecimiento de sus proyectos políticos en las provincias, como nos suelen llamar.

Como decía el poeta Robledo Ortiz: “Siquiera se murieron los abuelos” para no ver en lo que se está convirtiendo nuestra querida Antioquia.

Nos queda de reflexión repensar nuestro accionar. Debemos dejar de lado los intereses particulares, olvidar nuestras diferencias económicas, sociales y políticas, para encontrar una forma responsable de liderar y lograr unir a nuestro departamento para que, juntos, trabajemos por el futuro y nos comprometamos a sacarlo adelante, por el bien nuestro y de nuestra tierra.
Debemos hacer de esta hermosa región lo que fue y lo que debe seguir siendo: una Antioquia, “una raza con alma de bandera”.

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