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Rafael López, el arquero sin brazos

No sólo es un buen arquero sino que está haciendo prácticas jurídicas, a punto de graduarse como abogado de la Universidad Popular del Cesar.

Por Édgar Artunduaga

Rafael López Mejía es un impetuoso enamorado de la vida. La falta de sus brazos no lo hicieron opacado ni resentido. Tampoco incapaz de ejecutar mil cosas con éxito: desde las labores elementales de la vida como asearse (incluyendo una buena afeitada y cortarse las uñas, obviamente de los pies) hasta conducir un carro y “abrazar” en el baile a su pareja.

Si alguien, por cualquier revés se considera desgraciado, debería tomar un pequeño curso con este costeño simpático, de 27 años, nacido en La Jagua de Ibirico, César, pero criado en la Guajira, por decisión de sus padres que quisieron alejarlo de las burlas de la gente del pueblo, especialmente de los muchachos.

Atribuían a un castigo de Dios el hecho de que el niño hubiera nacido sin brazos, al punto de convertirse en víctima de burlas e improperios, cuando no de curiosidad y asombro, como si fuese un pequeño monstruo de circo.

Pero nada ni nadie pudieron quitarle la alegría innata a Carlos Rafael López Mejía, siempre risueño y burlón, como tampoco sus endiablados deseos de superación, cumpliendo aquel precepto de que el mundo pertenece a los optimistas, mientras los pesimistas son sólo espectadores.

Sin pereza para nada y mucho menos flojo. Diligente donde lo pongan, afronta la vida sin complejos y se impone retos diarios de ser el mejor en todo: desde competir en quién se viste o desviste más rápido, hasta “humillar” a los goleadores que piensan fácil meterle un gol.

Rafa, como le dicen sus amigos, jugaba como mediocampista en los improvisados campos de futbol guajiros, le contó al colega Jorge Eliécer Castellanos, quien lo descubrió recientemente. Pero se hizo arquero por ser un puesto no muy apetecido, cuando todos quieren lucirse tocando la pelota”.

Verlo jugar es un espectáculo, no por una actitud lastimera que provocaría su condición. Resulta admirable por las inimaginables condiciones desarrolladas para utilizar los hombros, el pecho, la cabeza, para saltar como un resorte, o para pelear una bola en el suelo, cuando sus piernas se convierten en garras.

“En el futbol me ha ido bien y en la vida igualmente”, dice gozón. Hoy hace sus prácticas universitarias en la Fiscalía 18 de la Seccional de Valledupar, donde tampoco tiene problemas para escribir y producir sus informes. @artunduaga_

Este es un espacio de opinión que refleja exclusivamente el punto de vista de su autor. Para nada compromete el criterio editorial de Minuto30.com

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